Kast y el verdadero desafío de gobernar-José Carlos Meza

Kast y el verdadero desafío de gobernar-José Carlos Meza

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Ganar una elección presidencial es difícil. Gobernar bien es infinitamente más complejo. En el entorno de José Antonio Kast existe plena conciencia de aquello. No hay euforia desmedida ni triunfalismo. Hay algo mucho más escaso en la política chilena actual. Realismo.

Las primeras palabras del Presidente electo marcaron con claridad el tono de lo que viene. No habló de soluciones mágicas ni de cambios instantáneos.

Fue directo al advertir que esto no será fácil, que el primer año será duro y que los resultados no se verán de un día para otro. En tiempos donde la política se acostumbró a vender ilusiones, esa advertencia no es una debilidad. Es una señal de responsabilidad.

El país que recibe Kast no es un país normal. Es un país golpeado por el crimen organizado, con fronteras desbordadas, con una economía estancada y con un Estado capturado por la burocracia, el pituto y la ineficiencia.

Gobernar Chile hoy no es administrar un sistema que funciona. Es reconstruir uno que viene fallando hace años.

Por eso el concepto de Gobierno de emergencia no es un eslogan. Es un diagnóstico. La urgencia no es política. Es social. La sienten las familias que viven con miedo. La sienten quienes no llegan a fin de mes. La sienten los adultos mayores ahogados por contribuciones injustas. La sienten los emprendedores paralizados por trámites interminables. La sienten los trabajadores que descubrieron que el esfuerzo dejó de ser garantía de progreso.

En el mundo republicano hay claridad respecto de algo fundamental. No hay tiempo que perder. Los primeros meses serán decisivos para instalar autoridad, ordenar prioridades y enviar señales claras de que el Estado vuelve a estar al servicio de los ciudadanos y no de los intereses de siempre.

Una de esas señales será el control migratorio. No como gesto simbólico, sino como acto de soberanía. La expulsión de extranjeros que ingresaron ilegalmente, incluso si en una primera etapa es acotada, busca transmitir algo que se perdió hace años. Que la ley se cumple. Que entrar de manera ilegal tiene consecuencias. Que el desorden no puede seguir siendo una política de facto.

Otra señal clave estará en el bolsillo de las personas. Kast ha sido claro en que uno de los primeros proyectos que se enviará al Congreso será la rebaja de contribuciones para adultos mayores y para quienes más lo necesitan. No se trata de ideología. Se trata de sentido común. No es posible hablar de dignidad mientras se ahoga a quienes trabajaron toda una vida y hoy apenas sobreviven.

Seguridad y reactivación económica no son caminos separados. Son dos caras de una misma realidad. Sin seguridad no hay inversión. Sin inversión no hay empleo. Sin empleo no hay estabilidad social. Por eso el énfasis del próximo gobierno estará puesto en recuperar el control territorial, fortalecer a las policías y liberar a la economía de trabas absurdas que solo benefician a quienes saben moverse dentro del aparato estatal.

Kast asume con una ventaja y también con una carga. La ventaja es que llega con un mandato claro. La ciudadanía no votó por continuidad ni por matices.

Votó por un cambio profundo. La carga es que ese cambio debe hacerse sin excusas, sin improvisaciones y sin caer en el mismo vicio que tanto daño le hizo al país. Prometer más de lo que se puede cumplir.

También existe conciencia de que gobernar no es imponer, sino conducir. La relación con la oposición será firme, pero institucional. No habrá renuncia a las convicciones, pero sí disposición a dialogar cuando ese diálogo permita avanzar en soluciones concretas para los chilenos. La estabilidad también es una forma de responsabilidad política.

El verdadero desafío de Kast no es solo cumplir un programa. Es demostrar que se puede gobernar con orden, con coraje y con sentido de urgencia sin caer en la soberbia ni en la parálisis. Es probar que el Estado puede volver a funcionar. Que la política puede decir la verdad. Que el esfuerzo puede volver a valer la pena.

Chile inicia una etapa exigente. No será cómoda. No será rápida. Pero puede ser decisiva. Si el Gobierno de emergencia logra instalar autoridad, recuperar la seguridad y devolverle racionalidad al Estado, habrá cumplido con lo más difícil. Devolverle a los chilenos la confianza en que su país tiene futuro.

Ese es el desafío que hoy enfrenta José Antonio Kast. Y esa es la responsabilidad que asume frente a todo Chile. (El Líbero)

José Carlos Meza