Islandia celebra este sábado un referendo para decidir si reanuda las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE), más de una década después de que el país suspendiera y posteriormente abandonara el proceso para incorporarse al bloque.
La consulta no determinará directamente el ingreso de Islandia a la UE, sino que entregará o rechazará un mandato para volver a negociar con Bruselas. En caso de avanzar las conversaciones y alcanzarse un acuerdo, la decisión definitiva sobre una eventual adhesión deberá volver a quedar en manos de los ciudadanos.
Actualmente, Islandia forma parte del Espacio Schengen y participa del mercado único europeo a través del Espacio Económico Europeo (EEE), pero no pertenece a la UE. El país mantiene además su propia moneda, la corona islandesa, y no tiene representación en instituciones comunitarias como el Parlamento Europeo.
Reikiavik inició negociaciones de adhesión con Bruselas en 2009. El proceso quedó suspendido en 2013 y finalmente fue abandonado en 2015, en un escenario marcado por las consecuencias de la crisis financiera y por las diferencias en materias sensibles como la pesca y la agricultura.
La primera ministra, Kristrún Frostadóttir, ha insistido en que la votación busca obtener un mandato ciudadano para negociar y que cualquier acuerdo que eventualmente se alcance deberá ser sometido nuevamente a consideración de la población.
Las últimas encuestas anticipan una disputa estrecha. Un sondeo de la firma Maskína sitúa al “sí” con 51,3% de las preferencias, frente al 48,7% del “no”.
La distancia se ha reducido durante los últimos meses. Mediciones anteriores de la misma encuestadora mostraban una ventaja de 6,2 puntos porcentuales para quienes respaldaban retomar las negociaciones en junio, diferencia que cayó a 4,4 puntos a comienzos de agosto.
El respaldo al acercamiento con la UE había disminuido considerablemente después de la suspensión de las conversaciones. Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar tras la invasión rusa de Ucrania y las encuestas realizadas durante 2025 y 2026 volvieron a mostrar una estrecha mayoría favorable a retomar el proceso.
Entre los principales argumentos de quienes promueven la integración aparecen los potenciales beneficios económicos y la eventual adopción del euro. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que abandonar la corona islandesa podría reducir la volatilidad cambiaria, además de contribuir a disminuir la inflación, las tasas de interés y algunos costos asociados al comercio internacional.
La realización del referendo también responde al cambio político experimentado por Islandia. Una coalición euroescéptica que llegó al poder en 2013 suspendió las negociaciones y posteriormente retiró la solicitud de adhesión. En 2024, una nueva alianza de partidos proeuropeos se comprometió a entregar a los ciudadanos la decisión sobre la reapertura de las conversaciones.
Desde Bruselas han planteado que un eventual proceso podría avanzar rápidamente. La comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, sostuvo que Islandia podría estar en condiciones de incorporarse al bloque en 2028, considerando que ya participa del mercado único y que las negociaciones podrían completarse en uno o dos años.
El principal obstáculo continúa siendo la pesca. Aunque su peso dentro de la economía islandesa ha disminuido, en 2024 la actividad representaba alrededor del 8% del Producto Interno Bruto y cerca de la mitad de las exportaciones, además de constituir una fuente fundamental de ingresos para numerosas comunidades costeras.
La principal preocupación se relaciona con la Política Pesquera Común de la UE y su sistema de administración de recursos y cuotas entre los Estados miembros. Islandia posee actualmente un modelo propio que fija límites de captura mediante criterios científicos y asigna derechos de pesca a las embarcaciones.
Los sectores contrarios a la adhesión temen que el ingreso al bloque obligue al país a modificar ese sistema y compartir el acceso a sus recursos pesqueros. Por ello, la posibilidad de negociar excepciones o condiciones especiales se perfila como uno de los asuntos centrales de una eventual nueva negociación.
IMPACTO SOBRE NORUEGA

El resultado de la consulta también podría tener consecuencias para Noruega. Ambos países, junto con Liechtenstein, integran actualmente el Espacio Económico Europeo, mecanismo que les permite participar del mercado único sin pertenecer formalmente a la UE.
Una eventual adhesión islandesa reduciría el EEE a Noruega y Liechtenstein, dejando a Oslo como el único gran país participante del mercado único europeo sin representación directa en las instituciones donde se adoptan las principales decisiones comunitarias.
El ministro de Asuntos Exteriores noruego, Espen Barth Eide, ha reconocido que un proceso de adhesión de Islandia supondría desafíos para la posición de su país. Según advirtió, el equilibrio original del EEE podría pasar de una relación de 12 países frente a siete a otra de 28 frente a dos.
Islandia tampoco sería el primer integrante del Espacio Económico Europeo en dar el paso hacia la adhesión plena. Austria, Finlandia y Suecia formaron parte originalmente del acuerdo y posteriormente ingresaron a la Unión Europea tras celebrar sus respectivos referendos. (NP-ChatGPT-La Tercera-Agencias)

