Conforme la guerra de Irán entra en su sexta semana, las pérdidas comienzan a sumarse y la opinión pública, tanto doméstica como internacional, ejerce ya una presión intensa sobre la Casa Blanca.
La semana pasada, el gobierno iraní anunció el derribo de dos aviones de combate estadounidenses: un F-15E Strike Eagle y un A-10 Thunderbolt II. En la subsecuente operación para rescatar a los pilotos, que habían eyectado sobre la región de Isfahán, dos aviones de operaciones especiales MC-130J tuvieron que ser destruidos por sus propias tripulaciones. Hasta el 6 de abril, EU ha sufrido 15 bajas, entre 200 y 520 heridos, 15 aeronaves y 17 drones derribados, mientras que Israel ha registrado 28 bajas, unos 6,400 heridos y ha perdido 18 drones. De acuerdo con el Comando Central CENTCOM de EU, se han realizado más de 12 mil vuelos sobre Irán, incluyendo más de 6 mil misiones de ataque, resultando en la destrucción de casi 8 mil blancos iraníes, por lo que, en términos estadísticos, las bajas militares de EU, son mínimas. Pero cada baja se magnifica ante la creciente presión de la opinión pública doméstica e internacional. De acuerdo con varias encuestas, entre 60 y 66% de la población de EU está en desacuerdo con esta guerra y, por lo menos, cuatro países europeos, España, Francia, Italia y Suiza, han negado el uso de sus bases aéreas y/o espacio aéreo para EU. Por su parte, la OTAN ha desechado la idea de involucrarse directamente.
Aún con bajas mucho más severas de su lado, el derribo de las aeronaves constituye una victoria simbólica para el gobierno iraní, ya que demostró que retiene la capacidad para defenderse. Si bien Irán ha lanzado ataques en contra de blancos en Israel, Arabia Saudí, Bahréin, Chipre, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania, Qatar, Kuwait y Omán, su As bajo la manga es el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Ahí ha embotellado a más de 3 mil barcos petroleros y solo permite a barcos de naciones amigas navegar a través de un corredor controlado. Los que buscan romper el bloqueo son atacados por misiles o drones. El bloqueo causa lo que la Agencia de Energía Internacional ha designado como “la disrupción más grande del mercado energético en la historia”, ya que afecta 20% de los suministros de petróleo y gas.
La reacción de la Casa Blanca ha sido menos que diplomática, utilizando palabras altisonantes y amenazando ataques en contra de la infraestructura civil de Irán, lo que, de materializarse, probablemente podría constituir crímenes de guerra. La presión sobre la Casa Blanca se suma a una variedad de frentes políticos abiertos y esto se resiente en el gabinete y, al despido de la secretaria de Seguridad Interior (Kristi Noem) a principios de marzo, se sumó el despido la semana pasada de Pam Bondi, la Procuradora General de Justicia, poniendo sobre aviso a otros en su gabinete. Para México, una guerra prolongada en el Golfo Pérsico acarrea riesgos macroeconómicos significativos debido a las presiones inflacionarias y la volatilidad de precios del mercado energético, pero lo más preocupante es una posible desaceleración económica en Estados Unidos. Aún cuando el incremento en los precios del petróleo podría beneficiar a los exportadores de crudo en el corto plazo, México es importador de combustibles refinados y la desaceleración del mercado estadounidense acarrea problemas estructurales severos para las exportaciones y la economía mexicana, precisamente en momentos en que se está renegociando el T-MEC. Para México, la estabilidad de la economía y del gobierno de EU es una cuestión de seguridad nacional. En este nuevo mundo, todo está conectado. (El Heraldo de México)
Íñigo Guevara Moyano
Director de la Compañía de Inteligencia Janes
Profesor adjunto en la U. de Georgetown, Washington DC
