Un equipo de la Universidad Católica de Temuco desarrolla un modelo predictivo que permite anticipar etapas críticas de los cultivos, como la floración y la cosecha, con el objetivo de ayudar a los agricultores a enfrentar eventos climáticos extremos y reducir la incertidumbre en la producción.
La iniciativa se ejecuta en conjunto con INIA Carillanca y la Universidad de Talca, y es liderada por el académico de la Facultad de Ingeniería UCT, William Campillay-Llanos, especialista en modelización matemática.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, los eventos climáticos extremos han incrementado las pérdidas agrícolas y la variabilidad productiva, dificultando la planificación y elevando el riesgo para los productores.
En la Región de La Araucanía, donde cerca del 30% de la población vive en sectores rurales, según el Censo 2017, este tipo de herramientas resulta especialmente relevante para la Agricultura Familiar Campesina, sector que concentra una parte importante de la actividad productiva regional.
El investigador explicó que el crecimiento de las plantas depende directamente de la temperatura y que las alteraciones en estos patrones hacen necesario anticipar el comportamiento de los cultivos para disminuir la incertidumbre.
El modelo utiliza variables como la temperatura acumulada para identificar el estado de desarrollo de una planta y proyectar cuándo alcanzará etapas clave. Esta información es complementada con técnicas de inteligencia artificial y análisis de imágenes, lo que permite observar con mayor precisión el avance de los cultivos.
Según Campillay-Llanos, esta tecnología facilita la planificación de labores agrícolas, optimiza la toma de decisiones y contribuye a reducir costos en procesos como la cosecha y la aplicación de tratamientos.
El académico subrayó que el proyecto combina herramientas matemáticas con el conocimiento de especialistas del área agrícola, con el fin de complementar la experiencia de quienes conocen las particularidades del territorio.
La metodología ya se aplica en frutales como cerezas y peras, y el próximo desafío será adaptarla al cultivo de trigo, uno de los más relevantes para La Araucanía. A futuro, la investigación busca incorporar nuevas variables climáticas y productivas para ampliar su uso en distintos sistemas agrícolas. (NP-ChatGPT-UCT)
