La comisión investigadora de la Cámara de Diputados sobre el 18 de octubre de 2019, que presidió el diputado Hans Marowski, del partido Nacional Libertario, concluyó sus labores con un informe que fue aprobado por 8 votos contra 4. Constituida en abril, la comisión debía “reunir informaciones relativas a determinados actos del gobierno, en especial del M. del Interior, el M. de Defensa, la Subsecretaría de Prevención del Delito, el M. de Justicia y DD.HH y el M. Secretaria General de Gobierno, destinados a la contención, prevención y control de actos y hechos de violencia que tuvieron lugar entre el 18 de octubre de 2019 y el 11 de marzo de 2026, perpetrados por personas, grupos armados, barras bravas, agrupaciones sociales, agrupaciones de estudiantes, ongs, activistas, etc. en calidad de autores, cómplices o instigadores de tales hechos”.

El balance de lo hecho por la comisión es desilusionante. Una de sus conclusiones fue constatar “falencias en la capacidad preventiva del Estado”, y que el sistema de inteligencia “carecía de una articulación adecuada”. En otro punto, señaló que “resulta realmente grave que determinadas zonas del país, algunas de carácter crítico, hayan sido abandonadas por el Estado, mientras distintos grupos violentos se dedicaban a la destrucción, saqueo y alteración del orden público”. Sobre el papel de Sebastián Piñera, sostuvo que “se evidencian excesivos incumplimientos del gobierno de la época por resguardar el orden público y cuidar la seguridad de los habitantes”. 

Es una obviedad señalar las debilidades del Estado para enfrentar la ofensiva de violencia: todos lo vimos. La verdadera contribución habría sido aportar algunas luces sobre la génesis de lo ocurrido y las responsabilidades políticas envueltas en la estrategia de llevar al país al caos y al quiebre institucional. Se podría decir que, con investigaciones de este tipo, los instigadores y financistas de la barbarie de 2019 pueden dormir tranquilos.

Sobre la naturaleza y el origen del 18/O, la comisión se limitó a señalar que hay “variadas hipótesis”, pero sin detallar cuáles eran. Ello implicó esquivar las preguntas que están sin respuesta: ¿qué pasó realmente hace 7 años?; ¿quiénes promovieron y financiaron el vandalismo en gran escala?; ¿hubo o no un plan para derrocar al presidente de la República?

El informe se orientó a probar la tesis de un sector de la derecha que sigue considerando que el gobierno de Piñera fue culpable de no haber resguardado debidamente el orden público, como si el país hubiera enfrentado un cuadro de disturbios corrientes, y no un plan de sedición con inmensos recursos que buscó empujar al país al precipicio. Nada novedoso, en realidad. En los peores días de la asonada, hubo sectores de derecha que le dieron la espalda a Piñera y se refugiaron en la cómoda posición de reclamar orden, como si ello hubiera dependido de la voluntad de un mandatario al que se estaba buscando derrocar. No hay duda de que tal postura influyó en el sesgo del informe de la comisión.

El debate no está cerrado, y es posible que sea estimulado por lo ocurrido con la pobre esta comisión investigadora. A quienes afirman, legítimamente, que el origen de las convulsiones de 2019 fue social, derivado de la desigualdad y los abusos, les proponemos lo siguiente: demos por válidas las expresiones de malestar y descontento de entonces, aceptemos los reclamos y demandas, pero enseguida coincidamos en la necesidad de investigar a fondo el devastador ataque al Metro, los asaltos a decenas de comisarías, la destrucción de bienes públicos y privados, el pillaje en gran escala, el propósito de imponer la ley de la selva en las calles y, por supuesto, el riesgo que implicó todo aquello para nuestra democracia.

¿Por qué la comisión, con mayoría de derecha, le hizo el quite a cualquier referencia sobre la posible intervención extranjera, específicamente venezolana? No hacía falta que los diputados del PNL, el partido Republicano y Chile Vamos que integraron la comisión hicieran suya tal hipótesis. Bastaba con que dijeran que se trata de una línea de investigación que merece explorarse. 

En el libro “Sebastián Piñera Echenique en 50 voces globales”, presentado el 13 de agosto en la Universidad Católica, Iván Duque, expresidente de Colombia, se refirió al 18/O: “Meses antes, con mayor precisión en abril de 2019, lo llamé con preocupación para transmitirle que la dictadura de Maduro había diseñado el Plan Hermes para desestabilizar a los gobiernos del Grupo de Lima, y que tendría como herramientas el detonar protestas y bloqueos y la agitación difamatoria para poner contra la pared a los mandatarios demócratas de la región, siendo Chile un lugar estratégico, toda vez que se celebraría la COP Climática en Santiago, y se pretendía sabotear este encuentro. Por supuesto, Sebastián hizo todas las preguntas y nuestros equipos de gobierno intercambiaron informaciones, aunque valga decirlo: no había precisión en cuáles serían los detonantes y los momentos específicos, puesto que nuestros datos eran incompletos. Justo en el mes de julio de 2019, Diosdado Cabello habló con su cinismo habitual de las ‘brisas bolivarianas’ que soplarían desde Chile a Colombia”.

Llegará el momento en que no quedará otra opción que entrar en las malolientes aguas de la agresión venezolana y las complicidades nacionales. Por razones de dignidad, el país está obligado a impulsar una investigación exhaustiva al respecto, le duela a quien le duela.

¡Pruebas!, piden algunos desde la izquierda frente a la pista venezolana. Es como si pidieran documentos o filmaciones de las reuniones de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello con sus amigos chilenos, o de la intensa actividad política que desplegó por años el último embajador del chavismo en Chile.

Es probable que el informe de la comisión investigadora sea rechazado en la Cámara con los votos de la izquierda y de Chile Vamos, cada sector por sus propios motivos. Bochornosamente, el Congreso seguirá en deuda con la nación, atenazado todavía por el miedo y el oportunismo, prisionero de los cálculos sobre lo que podría representar el conocimiento de las veleidades partidistas de 2019. Hay quienes quieren preferirían echarle tierra al asunto. Pero, la verdad suele ser porfiada. (Ex Ante)

Sergio Muñoz Riveros