Jorge Correa Sutil tiene razón al precisar que el requerimiento de los senadores que él patrocina no emplea la palabra “soberanía”, sino que funda su objeción en el principio democrático. Hecha esa precisión, vayamos al fondo.
Correa sostiene que si un futuro Congreso quisiera aumentar los impuestos a las grandes empresas, su decisión sería “enteramente ineficaz”: no podría aplicarla a quienes hubieran contratado invariabilidad ni tampoco a sus competidores, pues ello vulneraría la igualdad tributaria.
Pero esa conclusión supone precisamente lo que habría que demostrar: que someter transitoriamente a tasas distintas a empresas acogidas y no acogidas a un régimen legal de invariabilidad constituye una discriminación arbitraria. La Constitución no prohíbe las diferencias tributarias, sino las arbitrarias. De otro modo serían inexplicables los distintos regímenes tributarios que hoy coexisten —un solo ejemplo concreto, el régimen pyme con distintas tasas de primera categoría según facturación—, condicionados a características objetivas de los contribuyentes.
Hay además experiencia concreta. En 2005, durante el gobierno de Lagos, se estableció el impuesto específico a la minería acompañado de invariabilidad tributaria. Tras el terremoto de 2010, el gobierno de Piñera necesitó aumentar la recaudación y ofreció a las mineras una extensión de esa invariabilidad a cambio de aceptar una mayor carga tributaria. Hubo empresas sometidas a tasas y plazos diferentes. No hubo parálisis legislativa: hubo negociación.
Tampoco el DL 600 demuestra que una generación pueda amarrar a las siguientes. Tras sobrevivir más de dos décadas en democracia, un Congreso democrático terminó ese régimen para nuevos inversionistas, respetando los contratos vigentes.
Por eso, la pregunta decisiva no es si una mayoría futura conserva exactamente la libertad que tendría si esos contratos nunca hubieran existido. Evidentemente no. La pregunta es si esa limitación, contraída por el Estado conforme a una ley, basta para hacerla inconstitucional. Eso es precisamente lo que falta demostrar.
Gerardo Jofré
