El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero sorprendió al mercado con una variación mensual de 0%, situando la inflación anual en 2,4%, su registro más bajo desde agosto de 2020. Si bien la cifra confirma una moderación de los precios en Chile, analistas advierten que el escenario de estabilidad local se ve amenazado por el alza sostenida en el precio del petróleo, impulsada por la escalada bélica en Medio Oriente. Este factor externo introduce una cuota de incertidumbre sobre la trayectoria de la política monetaria de cara a la reunión del Consejo del Banco Central el próximo 24 de marzo.
Expertos de diversas instituciones financieras coinciden en que, aunque los fundamentos internos permitirían un recorte de la Tasa de Política Monetaria (TPM) hacia un nivel neutral del 4,25%, la crisis internacional podría obligar a una pausa. Desde Itaú y Santander señalan que el encarecimiento de la energía elevará las presiones inflacionarias de corto plazo, lo que llevaría al ente emisor a optar por la cautela para evaluar el impacto del shock externo en las expectativas de precios. De hecho, algunas proyecciones para el cierre de 2026 ya han sido ajustadas al alza, superando el 3%.
Por otro lado, la nula variación del IPC de febrero trae consigo beneficios directos para los hogares chilenos, ya que la Unidad de Fomento (UF) no experimentará alzas durante el próximo mes. Según el Instituto Libertad, este congelamiento favorece a quienes mantienen contratos de arriendo, dividendos hipotecarios y servicios indexados, ayudando a preservar el poder adquisitivo de los salarios. No obstante, economistas advierten que el dato también podría ser síntoma de una demanda interna aún debilitada que frena el consumo.
INCERTIDUMBRE POR SHOCK ENERGÉTICO GLOBAL
La principal preocupación de los analistas radica en la persistencia de las tensiones internacionales. Coopeuch y otros centros de estudios sostienen que, en un contexto sin conflictos, el Banco Central ya habría concretado la reducción de tasas para estimular la actividad. Sin embargo, el riesgo de que el incremento de los combustibles se traspase a otros sectores de la economía mantiene al mercado en alerta, postergando potencialmente cualquier flexibilización monetaria hasta obtener mayor claridad sobre la duración de la guerra. (NP-Gemini-Emol-Agencias)
