Beijing’s expansion into ports, energy, mining, and telecommunications raises questions regarding predictability and security, even as Japan, India, Taiwan, South Korea, Australia, and the Philippines have yet to coordinate their collective potential.

China faces an economic rival that has not yet awakened: the combined potential of the Indo-Pacific nations to confront the threat Beijing poses to their interests—both near and far. The expansion of the regime led by Xi Jinping is not merely a regional issue for these nations; it extends well beyond their own waters.

Over the past two decades, China has built a growing presence in Latin America that goes beyond mere trade. Ports, mining, energy, agriculture, infrastructure, telecommunications, finance, and technology form a network of economic ties that has allowed Beijing to gain strategic depth in a region long considered distant by much of Asia.

The Chinese Communist Party (CCP) has advanced persistently and steadily, driven by a clear strategy of influence. China’s presence in the region has multiplied across essential sectors; in some instances, it has secured control over—or a stake in—infrastructure projects whose importance far exceeds the commercial deals that launched them. A 2025 CSIS analysis identified Chinese company involvement in the construction or operation of dozens of active ports across Latin America and the Caribbean. Peru’s Chancay port and the dispute surrounding the Panama Canal serve as clear examples.

LOS PAÍSES DEL INDO-PACÍFICO ANTE UNA OPORTUNIDAD: EQUILIBRAR AL RÉGIMEN DE CHINA EN AMÉRICA LATINA

La expansión de Beijing en puertos, energía, minería y telecomunicaciones plantea dilemas de previsibilidad y seguridad, mientras Japón, India, Taiwán, Corea del Sur, Australia y Filipinas aún no coordinan su potencial conjunto

China tiene un rival económico que aún no despertó. Es la potencialidad conjunta que los países que componen el Indo-Pacífico tienen para hacer frente a la amenaza que representa Beijing para sus intereses. Próximos y lejanos. La expansión del régimen que comanda Xi Jinping no sólo comprende una cuestión regional para esas naciones, sino que trasciende sus propias aguas continentales.

Durante las últimas dos décadas, China construyó en la región latinoamericana una creciente presencia no sólo comercial. Puertos, minería, energía, agricultura, infraestructura, telecomunicaciones, financiamiento y tecnología forman parte de una red de relaciones económicas que le permitió a Beijing ganar profundidad estratégica en una zona que durante demasiado tiempo fue considerada distante por buena parte de Asia.

El Partido Comunista Chino (PCC) avanzó de manera persistente. Sostenida. Con una estrategia clara de influencia. La presencia china en la región se multiplicó en sectores considerados esenciales y, en algunos casos, llegó a controlar o participar en infraestructuras cuya importancia excede ampliamente el negocio que las originó. Un análisis del CSIS difundido en 2025 identificó participación de compañías chinas en la construcción u operación de decenas de puertos activos de América Latina y el Caribe. Perú y su puerto en Chancay y el conflicto originado en el Canal de Panamá son claros ejemplos.

Chancay es quizás uno de los ejemplos más visibles de esta nueva geografía económica. Su apertura en 2024 convirtió a ese enclave del Pacífico sudamericano en una pieza relevante de las rutas comerciales entre China y América del Sur. Las discusiones posteriores sobre infraestructura ferroviaria que podría conectar Brasil con Chancay muestran, además, que la infraestructura china puede generar corredores económicos que atraviesan fronteras y modifican rutas comerciales tradicionales. Perú ya entregó su estratégico puerto a China, ¿hará lo propio Brasil con sus redes de transporte?

Pero no toda inversión extranjera es equivalente. Importa cuánto capital llega, pero también quién lo aporta, qué tecnología transfiere, qué valor queda en el país receptor, qué obligaciones asume la empresa inversora y qué relación existe entre esa compañía y el Estado del país de origen. En el caso chino, esa última pregunta merece una consideración especial.

La legislación de la República Popular China establece una relación mucho más estrecha entre las empresas, los ciudadanos y los objetivos de seguridad nacional del Estado que la que existe en las democracias liberales. La Ley de Inteligencia Nacional de 2017, por ejemplo, establece en su artículo 7 que las organizaciones y los ciudadanos deben apoyar, asistir y cooperar con el trabajo de inteligencia nacional. El artículo 14 permite a las autoridades de inteligencia requerir ese apoyo y cooperación.

¿Qué pasa cuando una empresa china se instala en otro país? Sus ejecutivos están obligados a aportar la información que les sea requerida por las fuerzas de inteligencia del régimen. ¿Qué más están obligados a aportar? ¿Qué otros datos?

El caso Huawei hizo visible esa preocupación: qué grado de autonomía puede tener una compañía cuando el sistema jurídico al que está sometida contempla obligaciones de cooperación con el Estado en materia de inteligencia y seguridad nacional. Lo de la empresa tecnomilitar es más intimidante aún. Un ejemplo insólito lo ilustra a la perfección: en diciembre de 2024 un ciudadano chino hacía tareas de vigilancia frente a una sede diplomática en Asunción, Paraguay. Cuando se identificó al automóvil en el que se movilizaba ese sujeto se descubrió que pertenecía a la empresa Huawei. Servicios 5G… y de espionaje.

Las nuevas normas aprobadas por el régimen refuerzan esa preocupación. El Decreto 835, vigente desde abril de 2026, regula la respuesta china frente a lo que Beijing considera una “jurisdicción extraterritorial injustificada” de otros Estados. El Decreto 837, vigente desde julio, establece un nuevo marco para las inversiones chinas en el exterior y coloca la seguridad nacional dentro de los principios que deben regirlas. La propia norma contempla revisiones de seguridad sobre inversiones exteriores y obligaciones de cooperación de las empresas y personas alcanzadas.

Estos decretos se conectan con la Ley de Unidad Nacional y con la compleja y discrecional arquitectura jurídica china que busca proyectar hacia el exterior determinadas obligaciones políticas, económicas y de seguridad. Igualmente, esta cooperación -u obligatoriedad- ya estaba vigente aún antes de la formalidad de los decretos recientes del PCC.

El resultado es una pregunta legítima para cualquier gobierno latinoamericano: ¿qué sucede cuando los intereses comerciales de una compañía china entran en conflicto con una obligación que Beijing considera vinculada con su seguridad nacional? No es un interrogante sólo ideológico. Es una pregunta de seguridad y de previsibilidad económica y jurídica.

Justamente por eso resulta tan importante observar qué está haciendo —o dejando de hacer— el resto del Indo-Pacífico.

Los potenciales competidores del régimen chino en el Indo-Pacífico (Japón, Corea del Sur, Taiwán, India, Australia y Filipinas) todavía no han aprendido a combinar las fortalezas que ya poseen.

Japón tiene tecnología, capital, experiencia industrial y una extraordinaria capacidad para financiar infraestructura. Corea del Sur tiene empresas globales, manufactura avanzada, electrónica, automóviles, construcción naval y tecnología. Taiwán posee uno de los ecosistemas de semiconductores más sofisticados del planeta. India aporta escala, talento, servicios tecnológicos, capacidades digitales y un mercado gigantesco. Australia tiene minerales críticos, energía, capital y una ubicación estratégica. Y Filipinas tiene una ubicación privilegiada, una población joven y una conexión histórica con las principales economías del Pacífico.

No son economías idénticas. Tampoco tienen los mismos intereses en todos los asuntos. Pero precisamente allí reside su potencial. No necesitan ser iguales. Necesitan ser complementarias. Y poseen otra cosa en común: son acosadas permanentemente -de una forma u otra- por Beijing.

Japón no necesita hacer todo lo que hace Australia. India no tiene que competir directamente con Taiwán. Corea del Sur no necesita convertirse en Australia. Cada país puede aportar aquello en lo que es más fuerte. Uno infraestructura, otro financiamiento y sucesivamente: tecnología, minerales críticos, manufactura, energía, cadenas logísticas, conocimiento digital.

La coordinación de esas capacidades podría producir algo que China ya entendió hace tiempo: una presencia económica se puede convertir en influencia estratégica.

América Latina sería un lugar natural para comenzar. No porque la región deba transformarse en un campo de batalla entre China y sus rivales, sino precisamente porque tiene una necesidad que debería ser atendida por todos: más inversión, más infraestructura, más tecnología, más mercados y más opciones.

La región tiene recursos energéticos, minerales críticos, producción de alimentos, potencial industrial, mercados digitales y una población superior a los 650 millones de habitantes. Pero durante años recibió menos atención estratégica de la que su tamaño y sus recursos justificaban. China aprovechó ese espacio. Otros lo dejaron vacío.

En varios países latinoamericanos, China se convirtió en un socio comercial fundamental y, en determinados sectores, en un inversor difícil de reemplazar. En Argentina, por ejemplo, el vínculo comercial muestra con claridad la asimetría: China se convirtió en un proveedor central de bienes industriales y tecnología, mientras las exportaciones argentinas hacia ese mercado continúan fuertemente concentradas en productos primarios. Ese tipo de relación no necesariamente es perjudicial. Pero sí puede generar dependencia cuando no existen alternativas.

Y aquí aparece el concepto que considero central: fortaleza económica.

La fortaleza económica de las democracias del Indo-Pacífico no debería medirse solamente por el tamaño de sus PIB nacionales. Su verdadero potencial está en la suma de sus capacidades.

Japón, India, Australia, Taiwán y Corea del Sur no necesitan construir una relación con América Latina idéntica a la de China. Pero juntos pueden ofrecer algo que ninguno de ellos podría ofrecer individualmente con la misma amplitud: una plataforma de inversión, tecnología, comercio y financiamiento capaz de competir por calidad. Eso cambiaría la ecuación.

Hay, además, una diferencia que no debería ser subestimada: los países que podrían constituir esa red de cooperación económica comparten, con todas sus diferencias, buena parte de una tradición política que también está presente en América Latina: democracia, libertad de expresión y respeto por los derechos humanos.

Existe una diferencia abrumadora cuando se compara una relación económica entre democracias con una relación en la que una compañía está sometida a un sistema jurídico que puede subordinar determinados intereses empresariales a objetivos definidos por el Estado y el Partido Comunista.

La confianza no se construye solamente con dinero. Se construye también con instituciones. Y esa podría ser una de las ventajas comparativas más importantes que el Indo-Pacífico democrático puede ofrecer a América Latina.

Una estrategia coordinada de inversión hacia América Latina podría comenzar por sectores donde las capacidades se complementan naturalmente: minerales críticos, energía, infraestructura portuaria, logística, telecomunicaciones, semiconductores, inteligencia artificial, manufactura avanzada, agricultura, biotecnología y cadenas de suministro.

No sería necesario crear una gigantesca institución regional. Bastaría con comenzar a coordinar proyectos.

La expansión de China en América Latina no fue simplemente la consecuencia de que sus empresas buscaran nuevos mercados. Fue también el resultado de una visión de largo plazo del régimen para ganar influencia y generar dependencia.

Ahora existe una oportunidad para que las democracias del Indo-Pacífico hagan algo que hasta hoy han hecho de manera fragmentada: poner en común su fortaleza económica y proyectarla hacia América Latina.

No para formar un bloque contra China ni para impedir que comercie. Tampoco para imponerle a América Latina una nueva dependencia. Sino para que América Latina salga del esquema de opciones limitadas. Si el Indo-Pacífico comienza a ver a esta región como un “socio estratégico” -y viceversa- eso le ayudará a diversificar cadenas de suministro, fortalecer la resiliencia económica y ampliar la cooperación a largo plazo. Y hacer frente a la amenaza china desde otra posición de fortaleza.

Allí está el verdadero rival económico que Beijing todavía no enfrentó: la posibilidad de que Japón, Corea del Sur, Taiwán, India, Australia, Filipinas y otras democracias sean capaces de coordinar sus fortalezas, conectarlas con América Latina y ofrecer algo que el dinero por sí solo no puede comprar: confianza.

Fuente: https://www.infobae.com/america/mundo/2026/08/13/los-paises-del-indo-pacifico-ante-una-oportunidad-equilibrar-al-regimen-de-china-en-america-latina/

TAIWAN CONDEMNED THE CHINESE REGIME’S NAVAL EXERCISES WITH INDONESIA, LABELING THEM “DANGEROUS” FOR THE REGION

The Taiwanese administration stated that the Chinese plan constitutes a military provocation, called on Beijing to cancel it immediately, and maintained that the maneuvers aim to project an appearance of control over those waters to third parties.

The Taiwanese government condemned the planned naval exercises between the Chinese Navy and an Indonesian warship off the island’s east coast, describing them as dangerous. Taipei further emphasized that Beijing seeks to project a false image of control over those waters to the international community. The Taiwanese administration noted that these actions constitute a “military provocation” and that Beijing should “immediately halt this dangerous behavior that undermines the status quo.”

According to Taiwan’s Mainland Affairs Council, following a series of Chinese maritime patrols off the island’s eastern coast, the Chinese regime is now attempting to conduct exercises with the navies of “relevant countries” in that area.

“This is, in reality, political manipulation—’exercises in name, expansion in fact’—aimed at creating the appearance before the international community that the Chinese Communists have jurisdiction over the waters east of Taiwan,” the agency stated. Taiwanese authorities reiterated that they would continue to monitor the situation and take “necessary and appropriate measures.”

China’s Ministry of Defense confirmed that the maneuver, scheduled for mid-August at an unspecified location east of Taiwan, will consist of a joint navigation exercise with an Indonesian Navy vessel—an unusual practice, given that China rarely conducts military exercises with foreign forces near the island.

TAIWÁN CONDENÓ LOS EJERCICIOS NAVALES DEL RÉGIMEN CHINO CON INDONESIA Y LOS CALIFICÓ DE “PELIGROSOS” PARA LA REGIÓN

La administración taiwanesa afirmó que el plan chino supone una provocación militar, pidió a Beijing que lo cancele de inmediato y sostuvo que las maniobras buscan aparentar un control sobre esas aguas ante terceros

El Gobierno de Taiwán condenó los ejercicios navales planificadas entre la Armada china y un buque de guerra de Indonesia frente a la costa este de la isla, calificándolas de peligrosas. A su vez, Taipéi remarcó que Beijing buscar proyectar ante la comunidad internacional una imagen falsa de control sobre esas aguas. La administración taiwanesa señaló que estas acciones constituyen una “provocación militar” y que Beijing debería “detener de inmediato este comportamiento peligroso que socava el statu quo”.

Según informó el Consejo de Asuntos del Continente de Taiwán, tras una serie de patrullas marítimas chinas frente a la costa oriental de la isla, el régimen chino ahora intenta realizar ejercicios con marinas de “países relevantes” en esa zona.

“Esto es, en realidad, manipulación política, ‘ejercicios en nombre, expansión en los hechos’, con el objetivo de crear la apariencia ante la comunidad internacional de que los comunistas chinos tienen jurisdicción sobre las aguas al este de Taiwán”, afirmó el organismo en un comunicado. Las autoridades taiwanesas reiteraron que continuarán monitoreando la situación y adoptarán “las medidas necesarias y apropiadas”.

El Ministerio de Defensa de China confirmó que la maniobra, prevista para mediados de agosto en una ubicación no detallada al este de Taiwán, consistirá en un ejercicio de navegación conjunto con un buque de la Armada de Indonesia, una práctica inusual ya que China raramente realiza ejercicios militares con fuerzas extranjeras cerca de la isla.

La tensión coincide con los ejercicios militares anuales Han Kuang en la isla y al rededor de ella, destinados a ensayar la defensa ante un posible ataque chino. Mientras tanto, la presencia militar china alrededor de la isla se mantiene casi a diario y Beijing no reconoce ningún reclamo de soberanía del gobierno taiwanés.

En paralelo, el subsecretario estadounidense de Política de Guerra, Elbridge Colby, se reunió con el ministro de Defensa de Indonesia, Sjafrie Sjamsoeddin, en Yakarta. De acuerdo con el despacho indonesio, Sjamsoeddin aclaró a Colby que la ampliación de la cooperación en defensa con Estados Unidos no implica la instalación de bases militares estadounidenses en Indonesia.

La isla de Taiwán acoge a más de 300.000 trabajadores migrantes indonesios, aunque Indonesia no mantiene relaciones diplomáticas formales con el gobierno taiwanés. Las autoridades de Taiwán insisten en que solo sus ciudadanos pueden decidir el futuro de la isla y rechazan las presiones militares chinas.

En este contexto, Taipéi planea proponer un incremento del gasto en Defensa hasta los 1,1 billones de dólares taiwaneses (aproximadamente USD 34.095 millones) para 2027, lo que representará un aumento cercano al 16% interanual, según informó la agencia estatal de noticias CNA.

La propuesta, que se presentará oficialmente el 20 de agosto tras una reunión de gabinete, contempla superar nuevamente el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) dedicado al área, aunque la cifra final dependerá de las proyecciones oficiales de crecimiento económico para el año.

De acuerdo con fuentes citadas por CNA, la partida de 1,1 billones de dólares taiwaneses incluye fondos gestionados por el Ministerio de Defensa Nacional, recursos para la Guardia Costera, programas para veteranos y proyectos especiales de adquisición militar. El presupuesto central del Gobierno para 2026, aún pendiente de aprobación parlamentaria, ya preveía 949.500 millones de dólares taiwaneses destinados a defensa, equivalentes al 3,32% del PIB en el momento del cálculo.

El presidente Lai Ching-te mantiene el objetivo de incrementar el gasto militar de forma sostenida hasta alcanzar el 5% del PIB para 2030. Esta política responde tanto a la creciente presión militar de Beijing, que considera a Taiwán parte inalienable de su territorio, como a las demandas de Washington, que insiste en que Taipéi debe aumentar su presupuesto defensivo.

Desde la llegada al poder del líder chino Xi Jinping en 2012, China desarrolló una modernización acelerada de sus fuerzas armadas, incorporando portaaviones, aeronaves de combate de última generación y misiles avanzados. Para 2026, el régimen chino anunció una subida del 7% en su gasto militar, hasta los 1,91 billones de yuanes (unos 283.063 millones de dólares), un crecimiento ligeramente inferior al registrado en los tres años anteriores.

Fuente: https://www.infobae.com/america/mundo/2026/08/12/taiwan-condeno-los-ejercicios-navales-del-regimen-chino-con-indonesia-y-los-califico-de-peligrosos-para-la-region/

CHINA DEVELOPS AI TO ENABLE MISSILES TO RECOGNIZE THE THERMAL SIGNATURES OF F-22 AND F-35 STEALTH FIGHTERS

The system analyzes infrared images in just 1.5 milliseconds and attempts to distinguish stealth fighters from the flares used as decoys.

Chinese researchers have developed an artificial intelligence model optimized for low-resource environments and capable of recognizing the infrared signatures of F-22 and F-35 stealth fighters. The project was carried out by researchers from the Beijing Institute of Technology and the China Academy of Airborne Missile Systems, who aim to integrate the model into the infrared vision systems of future air-to-air missiles, the *South China Morning Post* reports.

An infrared signature is the pattern of thermal radiation emitted by an object that can be detected by specialized sensors. In a fighter jet, this signature originates primarily from exhaust gases, engines, and the heating of the airframe as it moves through the atmosphere at high speeds. Its intensity and shape vary depending on the viewing angle, distance, and environmental conditions.

Infrared-guided missiles must not only locate a heat source but also determine what is generating it. Fighter jets can deploy countermeasures such as flares—which burn at extremely high temperatures—to create multiple thermal targets and confuse the projectile. The missile’s seeker—the assembly of sensors and processors responsible for tracking the target—has only a split second to decide whether it is tracking the aircraft or one of these decoys.

CHINA DESARROLLA UNA IA PARA QUE SUS MISILES RECONOZCAN LAS FIRMAS TÉRMICAS DE LOS CAZAS FURTIVOS F-22 Y F-35

El sistema analiza imágenes infrarrojas en solo 1,5 milisegundos y trata de diferenciar los cazas furtivos de las bengalas que utilizan como señuelos

Una investigación china ha desarrollado un modelo de inteligencia artificial optimizado para funcionar con pocos recursos y capaz de reconocer las firmas infrarrojas de los cazas furtivos F-22 y F-35. El trabajo ha sido realizado por investigadores del Instituto de Tecnología de Pekín y la Academia China de Misiles Aerotransportados, que pretenden instalar el modelo en los sistemas de visión infrarroja de futuros misiles aire-aire, informa South China Morning Post.

La firma infrarroja es el patrón de radiación térmica que emite un objeto y que puede ser detectado por sensores especializados. En un caza procede principalmente de los gases de escape, los motores y el calentamiento de la estructura al desplazarse a gran velocidad por la atmósfera. Su intensidad y su forma varían según el ángulo de observación, la distancia y las condiciones ambientales.

Los misiles guiados por infrarrojos no solo deben localizar una fuente de calor, sino determinar qué la está produciendo. Los cazas pueden lanzar contramedidas como bengalas que arden a temperaturas muy elevadas para crear varios blancos térmicos y confundir al proyectil. El buscador del misil, que es el conjunto de sensores y procesadores encargado de seguir el objetivo, dispone de apenas unos instantes para decidir si está viendo el avión o uno de esos señuelos.

El equipo entrenó su modelo con 3.245 imágenes obtenidas mediante un sistema de exploración infrarroja instalado en un misil. El conjunto incluía tres categorías de objetivos aéreos, entre ellas representaciones simuladas del F-22 y el F-35, además de una munición merodeadora. Este tipo de arma pueden permanecer en vuelo hasta localizar un objetivo y atacarlo.

Durante las pruebas de laboratorio, el modelo alcanzó una precisión máxima del 97,1 % en la clasificación de las imágenes. Otro ensayo centrado en los objetivos que representaban a los dos cazas obtuvo una tasa cercana al 90 %. Los investigadores no han publicado los resultados correspondientes a pruebas con aviones reales porque esa información permanece clasificada.

El principal obstáculo no era únicamente conseguir que la inteligencia artificial reconociera los objetivos correctamente sino adaptar el modelo a la limitada capacidad de cálculo, consumo eléctrico y espacio disponible dentro de un misil. Un modelo convencional de aprendizaje profundo, formado por millones de parámetros que ajustan su funcionamiento, necesitaría demasiados recursos para operar dentro de un proyectil compacto.

Los investigadores redujeron el sistema hasta dejarlo con el 16,1 % de los parámetros utilizados por métodos anteriores y rebajaron sus necesidades de cálculo al 19,2 %. Después desarrollaron un acelerador específico, un pequeño procesador optimizado para ejecutar las operaciones repetitivas que utiliza la inteligencia artificial al analizar cada imagen.

Las pruebas realizadas con este hardware lograron una precisión del 96,4 % y procesaron cada imagen en aproximadamente 1,5 milisegundos. El equipo también consiguió limitar el consumo total a unos 2,2 vatios, lo que permitiría ejecutar el reconocimiento directamente dentro del misil sin depender de sistemas externos.

Los resultados no demuestran que los misiles chinos puedan identificar y atacar F-22 o F-35 operativos en condiciones reales. Las pruebas se realizaron con objetivos simulados y todavía quedan por conocer factores decisivos como la distancia de detección, el comportamiento con mal tiempo o su resistencia frente a contramedidas más avanzadas. La investigación sí muestra cómo un sistema compacto puede aprovechar el calor que incluso los aviones furtivos son incapaces de ocultar por completo.

Fuente: https://www.larazon.es/tecnologia/china-desarrolla-que-sus-misiles-reconozcan-firmas-termicas-cazas-furtivos-f22-f35_202608146a7efa39a5690f047379543e.html

Published twice per week by Nuevo Poder. Articles and op-eds focusing on geopolitical issues around Indo-Pacific area

Editor: LW, senior fellow of REDCAEM and CESCOS

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