La reciente imputación de la justicia de EE.UU. al dictador cubano Raúl Castro por delitos de asesinato y conspiración —en el marco del derribo de las avionetas de “Hermanos al Rescate” hace 30 años— constituye un hito de profundo significado para millones de cubanos y para la defensa universal de los derechos humanos.

Durante casi siete décadas, la cúpula castrista ha operado bajo una impunidad absoluta, sometiendo al pueblo cubano a un régimen de terror, miseria y exilio. Sin embargo, esta acción legal recuerda que los crímenes de lesa humanidad no prescriben y que el cerco judicial sobre los tiranos tarde o temprano se cierra.

Es en momentos como este cuando se vuelve imperativo que la comunidad internacional abandone la neutralidad retórica —o el apoyo velado— y exprese un respaldo activo y categórico al pueblo cubano y la condena a quien lo oprime. Solo a través de la solidaridad democrática y la presión internacional será posible poner fin a esta feroz dictadura, para que la isla transite, por fin, hacia la libertad, la justicia y el progreso. (El Mercurio Cartas)

Mijail Bonito Lovio

Abogado cubano-chileno