Reza Pahlavi, sucesor del trono iraní derrocado en 1979, calificó este sábado como una “intervención humanitaria” la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el régimen de los ayatolás. El líder opositor en el exilio afirmó que la ayuda internacional prometida al pueblo iraní finalmente ha llegado, enfatizando que los ataques están dirigidos exclusivamente contra el aparato represivo de la República Islámica y no contra la nación en su conjunto. Pahlavi instó a las fuerzas armadas locales a retirar su apoyo al líder supremo, Alí Jameneí, y alinearse con la defensa de la ciudadanía en lo que considera la etapa final del sistema actual.

Desde su residencia en el exterior, el heredero instó al gobierno estadounidense a extremar las precauciones para salvaguardar la vida de los civiles durante el desarrollo de las operaciones militares masivas. Asimismo, envió un mensaje a la población iraní recomendando permanecer en sus hogares de forma temporal, pero solicitando mantenerse en alerta máxima para retomar las protestas callejeras en el momento oportuno. Según sus declaraciones, la intervención extranjera busca debilitar la maquinaria de exterminio del gobierno para permitir que los propios ciudadanos culminen la tarea de transición política en el país.

El pronunciamiento de Pahlavi coincide con las proclamas del presidente Donald Trump, quien durante el anuncio del ataque masivo exhortó a los iraníes a alzarse y tomar el control administrativo del territorio. Esta coordinación de mensajes busca incentivar un quiebre interno en las filas militares y civiles de Irán, mientras las fuerzas aliadas continúan con su plan de aniquilar las capacidades operativas del régimen. La figura del antiguo linaje real se posiciona así como un actor clave en la narrativa de cambio que Washington y Tel Aviv pretenden instaurar tras el inicio de las hostilidades.

TRUMP DEFIENDE ATAQUE A IRÁN MIENTRAS LA COMUNIDAD INTERNACIONAL SE DIVIDE ANTE LA OFENSIVA

El presidente Donald Trump defendió la reciente ofensiva militar contra Irán a través de su plataforma Truth Social, argumentando que la acción busca eliminar amenazas inminentes y asegurar que Teherán nunca obtenga armamento nuclear. El mandatario estadounidense advirtió con la aniquilación de la industria misilística y naval iraní, lanzando un ultimátum a la Guardia Revolucionaria para deponer las armas bajo amenaza de muerte. Mientras tanto, aliados estratégicos como Australia y la Unión Europea han manifestado su respaldo a las medidas para frenar el desarrollo nuclear iraní, aunque han priorizado la protección de civiles y la evacuación de sus ciudadanos de la zona de conflicto.

En contraste, diversas potencias y organismos internacionales han reaccionado con severas críticas y llamados a la moderación para evitar una catástrofe regional. El presidente de España, Pedro Sánchez, y el canciller de Noruega, Espen Barth, cuestionaron la legalidad y el carácter unilateral de la acción, señalando que la ofensiva contribuye a un orden mundial más hostil y carece de la justificación de una amenaza inminente comprobada. Por su parte, Francia y Suecia instaron a un retorno inmediato a la diplomacia, solicitando incluso una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para detener una escalada que consideran peligrosa para la estabilidad global.

La tensión se ha extendido también a los mediadores y países vecinos, con Omán expresando su consternación por el colapso de las negociaciones activas y Líbano rechazando ser arrastrado a la contienda por actores externos. Rusia calificó la operación como una aventura hegemonista destinada a derrocar un gobierno indeseable para Washington, mientras la Unión Africana advirtió sobre las graves repercusiones que este conflicto tendrá en los mercados energéticos y la seguridad alimentaria mundial. Ante la incertidumbre, naciones como Japón han establecido oficinas de enlace de emergencia para monitorear la crisis y garantizar la seguridad de sus nacionales en Oriente Medio. (NP-Gemini-Emol-Agencias)