Nuestro Código Civil permite a los herederos repudiar las herencias. Normalmente lo hacen cuando las deudas del ser que ha dejado este mundo son más cuantiosas que sus bienes. El Gobierno despliega un enorme esfuerzo por mostrar su legado. La derecha, con buenos argumentos, pero con torpe estrategia, intenta hacer fracasar esa empresa. No está claro qué decisión tomarán los herederos.
El Gobierno ha desplegado una fuerte campaña comunicacional para mostrar sus obras. Intenta demostrar, sobre todo, que entregará un país en mejores condiciones de aquellas en que lo recibió hace cuatro años; que hay más estabilidad social y económica, más orden público, menos inflación y mayor control migratorio. Subrayan no haber sido un gobierno retórico sino realizador.
La derecha sale al paso del relato, rebatiendo cifras, pero, sobre todo, acusando cinismo, haciendo ver que, si a los inicios del gobierno se encontraron con un país desestabilizado social y económicamente, lo estaba por obra de ellos mismos; por su celebración del estallido, por su apoyo a los retiros, por su oposición a los impulsos legislativos destinados a controlar la migración y la delincuencia y por sus intentos por sacar a Piñera de La Moneda. Denuncia la derecha que los causantes de la inestabilidad celebran su posterior obra reparadora del orden que casi habían demolido. A ello agregan desde ese sector que, si el Gobierno terminó en la impronta estabilizadora y no en la refundacional, fue gracias al país que repudió su proyecto constitucional.
A la derecha no le falta razón en sus argumentos. La pregunta es otra: ¿Por qué no dejar que la izquierda se abrace al legado estabilizador que ahora quiere exhibir como su obra? El Frente Amplio, en su historia, y hasta 2022, en que perdieron el plebiscito, estaba en las antípodas de tal objetivo de mantener y consolidar el orden existente. Lo suyo no era la revolución, pero sí la refundación, no estaban en política para reforzar la administración privada de los fondos previsionales, como finalmente hicieron en su gobierno, sino para terminar con las AFP; tampoco para sacar militares a la Macrozona Sur, sino para liberar al Wallmapu; no estaban por aumentar la dotación o los pertrechos de Carabineros, sino para refundarlo; menos para aumentar las causales de exculpación en sus tareas de orden público (represión, le llamaban). En suma, no estaban para estabilizar el modelo sino para cambiarlo. No lo cambiaron, lo reforzaron, quieren salir a enorgullecerse de eso, a sellar en la historia que esa fue su obra política y la derecha, torpemente, los critica por ello.
Los problemas para la estabilidad institucional futura y la de la economía de mercado vendrán si la izquierda —el PC y el Frente Amplio— no se muestra orgullosa de la obra normalizadora que llevaron a cabo; si no quiere ser la continuadora del legado del que ha sido su único gobierno y vuelve al discurso de la refundación y de los sueños morales imposibles. La pregunta es si aceptarán o repudiarán la herencia.
Bastó la primera aplicación de la Ley Naín Retamal, todavía no sabemos cuán incidente, en la absolución de Claudio Crespo por las graves lesiones de Gustavo Gatica para que se incendiara la pradera y para que el propio Presidente quisiera desentenderse de una de las obras que días antes exhibía orgulloso. Es posible que, más adelante, él y otros no quieran abrazar lo hecho en materia de AFPs o de estados de excepción, de aprobación de TPP11 o de macroeconomía. Lo que el Código Civil no permite es hacerse cargo solo de una parte de la herencia, la que debe aceptarse o repudiarse como un todo e incondicionalmente.
La trifulca que se ha armado ante este primer incidente entre los herederos del legado muestra lo feble que es la alianza. Si no me equivoco, para el Presidente, después de septiembre del ‘22 en que se rechazó su proyecto constitucional —en buena parte porque él mismo no se aplicó en limar sus excesos— su más querida aspiración política fue la de que la izquierda y el socialismo democrático formaran una sola y sólida coalición política. Es ese legado el que parece estarse desvaneciendo.
Así ocurre con las herencias; suelen ser causa de disputa entre los deudos. (NP-Gemini-Emol)
Francisco José Covarrubias



