El conflicto bélico que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán se ha transformado en un catalizador para el debilitamiento del petrodólar, sistema vigente desde 1974. En este contexto, la estrategia de China para internacionalizar el yuan cobra una relevancia inédita, especialmente tras las recientes exigencias de Irán, que condiciona el paso de embarcaciones por el Estrecho de Ormuz al pago de crudo en la moneda asiática. Según analistas de Deutsche Bank, esta coyuntura podría marcar el inicio formal del “petroyuan” y una erosión progresiva de la hegemonía financiera estadounidense.

La alianza histórica entre Pekín y Teherán, sumada al hecho de que Arabia Saudita exporta hoy cuatro veces más petróleo a China que a Estados Unidos, ha fracturado el modelo tradicional de intercambio basado en el dólar. Para consolidar esta transición, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) han comenzado a operar con infraestructuras de pago alternativas. Destaca el proyecto mBridge, una plataforma multi-CBDC desarrollada junto al Banco de Pagos Internacionales (BIS), que busca agilizar transacciones transfronterizas fuera del control de las redes bancarias occidentales.

Este giro geopolítico no solo afecta el comercio de energía, sino que amenaza el rol del dólar como principal reserva de valor mundial. Mientras China acelera el posicionamiento de su divisa, Irán mantiene su postura de permitir el tránsito por Ormuz bajo estrictas regulaciones de soberanía, siempre que los actores internacionales no apoyen actos de agresión en su contra. De consolidarse esta tendencia, el mercado global de hidrocarburos enfrentaría una reconfiguración estructural que desplazaría el eje de poder económico hacia el bloque asiático. (NP-Gemini-Emol-Agencias)