Una semana feliz, un año para las tensiones
El cambio que se ha producido no puede ser más sencillo de describir: el gobierno pasó, en sus días inaugurales, del predominio indiscutido en la agenda y las acciones, a tener que ponerse a la defensiva y a dar más de una explicación.
No se trata de un giro momentáneo. La coyuntura que dio origen a este cambio no tiene fecha conocida de término y el plan para instalar la nueva administración requería un eficiente uso del tiempo disponible en los primeros 90 días de mandato. Teniendo al frente una oposición muy debilitada parecía del todo posible.
La alteración de las condiciones del entorno y el tener que afrontar los primeros errores en la acción de gobierno se notó. Marca el paso de la feliz entrada al poder al duro trabajo de justificar que se está allí por la capacidad de resolver problemas.
En pocos días, se transitó de dominar la escena con un discurso sobre una emergencia multidimensional a ser dominado por una emergencia efectiva. Se restringió drásticamente los grados de libertad que se tuvo en un efímero inicio.
En la campaña presidencial, Kast se instaló en el papel de emplazador de un gobierno mal evaluado por la mayoría. Ahora se encuentra en el rol de emplazado teniendo que justificar por qué las promesas realizadas no se pueden cumplir.
La dirección política del gobierno entrante hizo su apuesta con tiempo suficiente para meditar cómo posicionar sus piezas. Era posible dominar un tablero que se veía despejado de contrincantes de cuidado que pudieran hacer sombra.
La decisión asumida fue combinar un pequeño pero experimentado equipo político a cargo de la relación con amigos y adversarios, entregar el grueso de la administración de los ministerios sectoriales a profesionales que venían del sector privado y concentrar en el segundo piso los asesores con posiciones más duras.
En la semana de luna de miel todo pareció marchar sobre ruedas. Se empezó de inmediato con el anuncio y ejecución de las medidas de alto impacto mediático en las áreas de mayor sensibilidad ciudadana, ambas cámaras quedaron en poder del oficialismo y la agenda pública fue copada de manera incontrarrestable.
Sin embargo, a la semana siguiente, el panorama se ve bien distinto, producto de la necesidad de enfrentar los efectos de la guerra en el Medio Oriente y de algunas decisiones de gobierno que parecen producir una erosión continua.
Del aumento de apoyo al aumento de descontentos
Los actores relevantes de gobierno quedaron en posiciones incómodas. Los miembros experimentados del equipo político pasaron de conseguir apoyo a sostener la estantería; Quiroz se ha hecho cargo de una negociación sin ser negociador; según me informan hay una ministra vocera, pero que no se nota; los instructivos de comunicaciones parecen ediciones abreviadas del Pravda, pero redactados con descuido; los ministerios sectoriales están teniendo poca figuración y la ministra de Seguridad partió sus actividades destituyendo una alta funcionaria de la PDI con la que había tenido diferencias. Nada decisivo, pero sí inquietante.
Una guerra es un imponderable, pero los errores provenientes del mismo gobierno son aspectos que pueden ser evitados. El caso es que frente al conflicto internacional y al alza de los combustibles, gran parte de la agenda mediática y las medidas locales tomadas por el oficialismo adquirieron un aspecto bastante modesto al reenfocarse en su dimensión e importancia.
Lo que está fallando son las terminaciones finas, no los errores de bulto. Las decisiones de gobierno pueden ser pesquisadas durante su elaboración, no cuando ya han sido tomadas. Y eso ocurre, ya sea porque el proceso interno de resolución esté demorando mucho o porque las filtraciones se están haciendo corrientes.
No falla la voluntad de tomar decisiones, sino el conocimiento del Estado y esto, de manera inédita, está afectando a Hacienda. La primera decisión (inaplicable) en el caso del MEPCO fue eliminarlo y, luego, se osciló entre diversas opciones hasta terminar asumiendo la alternativa más dura. Conocer este proceso con sus titubeos no sirve para afianzar la confianza en una autoridad.
Quiroz es un experto en cómo se hacen las cosas, pero no en cómo se trata a la gente. Su experiencia está en la representación de intereses, no en las negociaciones para lograr acuerdos y menos para ganar respaldo.
El tema de los indultos ha precedido con mucho a la decisión final sin que nada se pueda ganar al alimentar un debate tan prolongado. Incluso ha ido ganando espacio las opiniones que estiman necesario terminar con esta facultad presidencial.
El retiro indiscriminado de decretos ambientales solo ha servido para una difusión pública inusitada de los casos involucrados. A estas alturas dudo encontrar a alguien que desconozca la existencia de los pingüinos de Humboldt.
Cuidado con el ataque de los amigos
Todo parece depender de una evaluación deficiente del escenario político y social, de lo que pronto saldremos de dudas.
La decisión de traspasar casi por completo el costo del aumento de los combustibles a los usuarios, algo económicamente conveniente y socialmente resistido, supone que se tiene la capacidad de aguantar la reacción negativa inmediata y aquí ha operado una especie de ceguera colectiva.
El gobierno de Kast se preparó siempre para una “movilización de los malos”, es decir, de aquellos como el PC y el FA que consideran extremos en el otro lado del espectro. De capitán a paje están convencidos que, a la primera oportunidad, se inscribirán en intentos de desestabilizar a su administración.
Para lo que no están preparados es para la “movilización de los buenos”, vale decir, que el descontento que se movilice provenga de personas que acaban de darle su voto en las urnas. No hay nada que establezca una alianza permanente con personas que son parte de un electorado volátil sin lealtades estables. Los que acostumbran a oponerse a los que están en el poder pueden cambiar rápidamente,
Una cosa es entrar rápido tomando decisiones y otra cosa es tomar buenas decisiones. Sin tener plena conciencia de los efectos producidos, lo más probable es que algunas resoluciones ya tomadas tengan que revisarse, con lo cual se termina por perder más tiempo del que se pensaba ganar.
Después de estas primeras experiencias, algunos en el oficialismo, especialmente si son unos recién llegados al Ejecutivo, empezarán a sospechar que tal vez a los anteriores gobiernos lo que les fallaba no era la voluntad de tomar decisiones, sino que tenían plena conciencia que ninguna acción se podía asumir sin hacerse cargo de las reglas del juego del sector público. El Estado siempre tiene la capacidad de sorprender a quienes no lo conocen. (El Líbero)
Víctor Maldonado
