La semana pasada hubo escándalo frente al oficio que, usando o no palabras afortunadas o desafortunadas, buscaba racionalizar el despilfarro desde los programas sociales estatales. Claramente hay que ayudar a las personas y por supuesto hay que continuar los buenos programas y terminar con los malos, que han demostrado no ser útiles. Del mismo modo hay que ajustar el funcionamiento de los buenos para optimizar el uso de los recursos públicos que provienen del esfuerzo de todos los chilenos.

Es muy común ser “generoso” e irresponsable con el dinero ajeno, y eso es algo que pasa constantemente en el Estado. Esto es algo que está ligado a la naturaleza humana. Las personas siempre cuidan lo propio y rara vez cuidan lo ajeno, no al menos con el mismo esmero y premura. Eso tiene que ver con el esfuerzo personal involucrado en la generación de un bien. Cuando a una persona para lograr algo le implicó sacrificio, trabajo y sudor, lo valora y lo cuida. Básicamente, entiende el valor de esa cosa. Comprende, algo muy básico y evidente, que las cosas no son gratis. Esa sabiduría de corte elemental y evidente se pierde cuando se trata de administrar dinero ajeno, dinero que no fue producido por quien lo distribuye. 

Milton Friedman, Nobel de Economía, en su libro “Libertad de Elegir” decía que había cuatro formas de gastar dinero que se determinan por quién pone el dinero y quién recibe el beneficio. De acuerdo con esto los incentivos ahorro (costo) y satisfacción (calidad) cambian radicalmente. La primera es “gastar tu dinero en ti”, que es sin duda el modo más eficiente, ya que el incentivo de obtener la máxima calidad a menor precio se optimiza. Tú asumes el gasto y tú disfrutas el beneficio. La segunda forma es “gastar tu dinero en otros”. Esto es lo que sucede cuando decides hacer un regalo. La persona es cuidadosa en el gasto, es su plata, pero no es tan rigurosa en la calidad, ya que no es ella quien lo va a usar. La tercera forma es “gastar el dinero de otros en ti”, esto es típico en los gastos de empresas, por ejemplo, en comidas de negocios. En este caso, quien hace el gasto no está pendiente ni le importa el costo, ya que no lo paga ella. Pero sí busca la mejor calidad de servicio y producto, ya que efectivamente lo disfruta ella. En este caso, se busca vivir la “fiesta” con la plata de otros. La cuarta forma es “gastar el dinero de otros en otros”. Esta es la forma más ineficiente de gasto y es el modo en que procede el Estado. Quien gasta no tiene incentivo de ahorro, ya que no produjo el dinero. Tampoco tiene incentivo para asegurar calidad y utilidad, ya que el bien o servicio no es para él. Por eso este tipo de gasto suele terminar en despilfarro.

Claramente Chile hoy no tiene dinero. Hubo excesivo gasto y poca recaudación. Calcularon mal, recaudaron menos y gastaron más. Cuento simple, dejaron al nuevo gobierno sin caja ni holgura. Esta situación fue la que impidió frenar el alza de los combustibles y obligó a sincerar el precio. Algunas voces reclamaron que hubiera sido mejor endeudarse, todas son falsas polémicas, ya que todo el dinero del Estado proviene de las personas. Todo lo pagan las personas, antes o después, incluidos los intereses de los préstamos.

Hoy el gobierno, intentando ajustar las cuentas, propone recortes que podrían afectar a 142 programas sociales vigentes. Ante los anuncios de recorte, suspensión y otros, la oposición y “otras voces populistas” pusieron el grito en el cielo. Pero, al revisar los programas señalados queda claro que Friedmann tenía razón, la ineficiencia de gastar la plata de otros en otros es total y absoluta. Sólo por citar dos de los temas que fueron sensibles, en el Programa de Apoyo al Recién Nacido se compraban ajuares sin rectificar el número de nacimientos reales, ni ajustar la tasa de natalidad. Se compraban alrededor de 3.000 ajuares más mensuales que los reales nacidos. Esto implica un sobre costo, no sólo en las unidades extra, sino también de almacenamiento.

El más escandaloso fue el anuncio de suspensión de alimentos en los colegios. La palabra del oficio fue mala, “descontinuar”, debió haber sido “revisar”. Pero lo cierto es que en abril de 2026 los sobrecostos y malgastos encontrados en la Junaeb son “pornográficos”, simplemente inexplicables. Se sospecha fraudes desde estos servicios, ya que el Estado llegó a pagar 12 millones y medio por ración de almuerzo, lo que no tiene posible explicación. La empresa Soser SA recibió $3.554 millones para entregar 796 mil raciones, de las que sólo entregó 284. Además de raciones compradas, no entregadas. A esto se le suman empresas llevadas a tribunales por irregularidades en los contratos para asignarlos a grupos económicos específicos, es decir, corrupción. Se agregan a esto las deudas de la Junaeb con manipuladores de alimentos. Ciertamente en el servicio nada estaba en regla.

Estos son ejemplos que evidencian que ciertamente se es “generoso” e incluso irresponsable con el dinero ajeno. Fiscalizar y ordenar es un deber moral, ya que el Estado no tiene dinero, es el dinero de los contribuyentes y ha habido personas lucrando de la pobreza y usando al Estado para ello, lo que es vergonzoso y altamente inmoral. (El Líbero)

Magdalena Merbilháa