En estos días, se discute acerca de la cuantía del gasto fiscal que debería reducirse, producto de malas asignaciones y recursos utilizados de manera ineficiente. No hay duda alguna de que el gobierno de Boric, ha destinado ingresos provenientes de impuestos, a áreas de la economía que no generan ingresos y más bien responden a decisiones ideológicas. Es el caso de TVN, de las fundaciones truchas, de las pensiones a exonerados falsos y de recursos destinados a temas culturales. Las ineficiencias en los procesos de compras del Estado, abultados sueldos a asesores y el caso de las licencias falsas, llevan a concluir de manera irrefutable que el Estado de Chile malgasta recursos de todos los chilenos.

Lo que es importante destacar y analizar, es que también a nivel de las familias y de las personas individualmente, se malgasta el dinero. Esta realidad va asociada a la baja tasa de ahorro de los chilenos y a cambios en la forma de gastar. La austeridad, concepto presente en padres y abuelos, deja de ser importante. Quienes de pequeños sufrimos algún tipo de carencia, aprendimos a apagar las luces, a cuidar el agua y a comerse la comida que nos daban. En cuanto a la ropa, ésta se cuidaba y se traspasaba de hermanos mayores a menores. Hoy, en general, los jóvenes de familias acomodadas no respetan muchas veces lo importante que es cuidar los bienes, toda vez que alguien tuvo que generar ingresos para adquirirlos.

Chile pasó de ser un país de desnutridos a un país de obesos. En los restaurantes caros es habitual observar que los clientes dejan los platos a medio consumir. Personas con niveles de ingresos medios adquieren bienes superfluos y muchas veces compran automóviles con precios muy por sobre su capacidad de pago. Los padres han pasado a ser esclavos de sus hijos, aceptando extorsiones para que les compren celulares, juguetes o ropa de marca. En lo que a turismo se refiere, muchas familias eligen destinos de alto costo, para pagar después en cuotas que incluyen altos intereses. La variedad de precios para un mismo producto o servicio, hacen imperativo aprender a cotizar y comprar bien.

La planificación del gasto, más que la compra impulsiva, es otro elemento de ayuda a estrechos presupuestos. El caso de las mascotas es un caso paradigmático, de cómo familias de escasos recursos destinan dinero para alimentar perros y gatos, cuando de manera simultánea les es difícil “llegar a fin de mes”. El uso y abuso de las tarjetas de crédito y de fuentes de financiación usureras, inciden en promover niveles de gastos más allá de lo razonable.

Es importante que el nuevo gobierno promueva entre los empleados públicos una mayor responsabilidad en el uso de los recursos del Estado, pero simultáneamente, se eduque a la población para que el gasto sea responsable y el ahorro forme parte del día a día de la planificación financiera de las familias. Gastar por gastar, no es una buena idea, la que muchas veces se transforma en una enfermedad. Gastar para impresionar al amigo o al vecino, es irracional. Autoridades, profesores y padres de familia, tienen un rol clave en transmitir buenas prácticas a quienes día a día gastan y consumen. Si gastamos bien y ahorramos más, tendremos un mejor país y ciudadanos más contentos. (El Líbero)

Andrés Montero