Los anuncios de un primer gabinete para un futuro gobierno siempre dejan señales. Este no fue la excepción: precedido de la idea de un gobierno de emergencia (y ahora sumando el frame de gobierno de unidad), son varias las cosas que se pueden destacar. Miremos en tres planos.
Lo bueno: el primer gabinete que acompañará a Kast desde el 11 de marzo tendrá apertura, pluralidad y una mirada más hacia el centro (es sintomático que vaya a haber un ministro radical y ninguno nacional-libertario). Probablemente se esperaba un equipo más homogéneo, pero apareció algo distinto: la OPE logró sumar a un RN, un UDI, e incluso a Ximena Rincón, de Demócratas, quien había sido públicamente crítica de Kast. Bien por quien convoca y bien por quien acepta. Eso construye mayorías.
También fue noticia el regreso de un viejo highlander: Jaime Campos destaca por su experiencia, y el día de ayer, tras el lanzamiento, se anotó un buen poroto como vocero, con serenidad y un tono institucional que hizo recordar los mejores momentos de la Concertación. Por último, el eje político —Alvarado y García Ruminot— ofrece piso y responsabilidad para una gestión que tendrá incendios (literal y figurativamente) desde el día uno. Sin duda, el comité político del comienzo de Kast tendrá más tonelaje político que el que se instaló con Boric hace justo cuatro años atrás.
Lo malo: primero que nada, el traspié en Minería con un nombre que quedó fuera a última hora. Eso no alcanzó a empañar la ceremonia, pero dio cuenta de algo mayor: nunca hay que bajar la guardia, y todos pueden cometer errores. Y en un gabinete de emergencia no hay período de ajuste ni “rodaje”. El que se equivoca pierde. Para la casa no más.
Otro asunto en el que el futuro gabinete parece quedar al debe es en el bagaje político: demasiados independientes y poca militancia. Si bien ser militante de un partido no es garantía de peso específico y, al contrario, hemos conocido a ministros independientes que han destacado por su olfato político (como Mañalich o Andrés Velasco) de todas maneras es clave para un equipo que se instala contar con mejores vínculos con los partidos políticos. La militancia no es cosmética; son redes, disciplina y anclaje parlamentario. Ya lo hemos visto recientemente: gabinetes con poca muñeca legislativa se desgastan rápido. Y si el propio gobierno habla de “emergencia”, la coordinación política no es optativa. La falsa dicotomía “técnicos versus políticos” no ayuda. Se requiere ambas cosas por igual.
Lo nuevo: muy interesante el hecho de poner a una mujer de ascendencia indígena, y con amplios lazos en tecnología en Estados Unidos, a cargo de la agenda de ciencia e innovación. Buena señal, que rompe estereotipos y aporta una mirada integradora.
En seguridad, por su parte, la semiótica fue aún mayor: la primera ministra en ser presentada fue la de Seguridad Pública. Con eso, Kast la empoderó y la dejó en una suerte de primus inter pares, integrando el comité político. La prioridad quedó explícita y probablemente le reportará réditos a Kast… cómo deben estar arrepintiéndose aquellos republicanos que despotricaron en contra de la creación de este ministerio.
¿Puede este diseño habilitar un “gobierno de Unidad Nacional”? Depende de la consistencia. Si se logra una convivencia real entre centro y derecha, con reglas claras y objetivos verificables, podría emerger una coalición amplia y eficaz que incluso logre proyectarse más allá de cuatro años. Sí, la OPE y futuro Segundo Piso tendrá que comerse algunos sapos, pero eso ya lo vivimos: cuando la política se ordena alrededor de propósitos compartidos, el país avanza. Si el equipo logra eso, el gabinete dejará de ser noticia y comenzará a producir resultados. Que, al final, es lo que importa. (El Líbero)
Roberto Munita