El fenómeno de El Niño, iniciado en junio de 2026, podría provocar alrededor de 451 mil muertes adicionales en el mundo entre ese mes y febrero de 2027, debido al aumento de las temperaturas, según estimaciones del Laboratorio de Impacto Climático (LIC) de la Universidad de Chicago. Los investigadores proyectan que las temperaturas terrestres durante este período se situarán aproximadamente 1,2 grados Celsius por encima de los valores normales, con efectos especialmente graves en África, Asia y algunas regiones de América Latina.

El estudio, difundido por Deutsche Welle (DW), advierte que el episodio climático se ha intensificado rápidamente y podría convertirse en un fenómeno de El Niño excepcionalmente fuerte, conocido también como súper El Niño.

Tamma Carleton, jefa de investigación del laboratorio, explicó que el incremento previsto de las temperaturas es comparable al calentamiento que podría experimentar el planeta durante las próximas dos décadas como consecuencia del cambio climático.

Para la especialista, el episodio representa una aproximación anticipada a las condiciones climáticas que podrían ser habituales hacia la década de 2040.

La estimación de 451 mil fallecimientos adicionales considera únicamente los efectos directos sobre la salud derivados de las temperaturas anormalmente elevadas durante los primeros nueve meses del fenómeno.

Los investigadores advierten que la cifra podría aumentar, debido a que El Niño probablemente continuará durante la primavera del hemisferio norte de 2027 y sus efectos sobre las temperaturas globales podrían prolongarse.

“Esperamos que la cifra final sea significativamente superior a la que estamos comunicando actualmente”, señaló Carleton.

El Niño se origina por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, que modifica la circulación atmosférica y altera los patrones meteorológicos en distintas regiones del planeta.

El investigador climático Fred Kucharski explicó que estas perturbaciones pueden propagarse rápidamente: sus efectos alcanzan otras zonas tropicales en aproximadamente una semana y latitudes más altas en cerca de dos semanas.

Dependiendo de las condiciones atmosféricas, el fenómeno puede generar aumentos o descensos de temperatura, sequías, precipitaciones intensas e inundaciones.

En materia sanitaria, el calor extremo incrementa la presión sobre el sistema cardiovascular y los riñones, dificulta la regulación de la temperatura corporal y agrava enfermedades respiratorias y otras afecciones preexistentes.

Carleton precisó que numerosas muertes relacionadas con las altas temperaturas no aparecen identificadas como tales en los registros oficiales, porque los certificados de defunción suelen consignar la enfermedad que se agravó y no el calor que contribuyó al fallecimiento.

El fenómeno también puede afectar indirectamente la salud y las condiciones de vida. Las lluvias intensas y las inundaciones aumentan los riesgos de contaminación del agua y propagación de enfermedades, mientras que las sequías pueden reducir la producción agrícola y limitar el acceso al agua potable y los alimentos.

Según las proyecciones del LIC, los mayores incrementos de mortalidad podrían concentrarse en el Sahel africano, el sur y sureste de Asia y determinadas zonas de América Latina.

Entre los países que registrarían las cifras más elevadas figuran Nigeria, Sudán, Níger, Chad, India, Indonesia y Brasil.

La investigadora explicó que las consecuencias previstas afectan principalmente a países de menores ingresos, donde las poblaciones ya enfrentan temperaturas elevadas y disponen de menos recursos para adaptar sus viviendas, lugares de trabajo y sistemas sanitarios.

La magnitud de la estimación también plantea interrogantes sobre cuánto se acorta la vida de las personas afectadas por episodios de calor extremo.

Ben Armstrong, profesor emérito de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, señaló que no podía verificar de manera independiente la proyección de 451 mil fallecimientos. Sin embargo, explicó que el uso de datos anuales de mortalidad permite excluir en gran medida los casos en que el calor solo adelanta una muerte por algunos días o semanas.

De ser correcta la estimación, sostuvo, la mayoría de las personas contabilizadas habría vivido al menos seis meses más en ausencia de las temperaturas extraordinarias.

Los investigadores destacaron que las proyecciones anticipadas permiten adoptar medidas de prevención antes de que se produzcan los períodos de mayor riesgo.

Entre las intervenciones recomendadas se encuentran los sistemas de alerta por calor, la habilitación de espacios climatizados y puntos de hidratación, las visitas a personas vulnerables, la protección de trabajadores expuestos a altas temperaturas y el fortalecimiento de la capacidad de atención sanitaria.

De acuerdo con el laboratorio, la aplicación oportuna de estas medidas podría evitar decenas de miles de fallecimientos.

Carleton sostuvo que el actual episodio de El Niño permite observar condiciones térmicas semejantes a las previstas para las próximas décadas y proporciona antecedentes para planificar inversiones en adaptación climática.

Las 451 mil muertes adicionales corresponden a una proyección estadística, no a fallecimientos ya registrados. Su magnitud final dependerá de la evolución del fenómeno, de las temperaturas efectivamente alcanzadas y de las medidas de protección implementadas por los distintos países. (NP-ChatGPT-DW)