La discusión sobre los cambios propuestos para Fondecyt y Becas Chile debería considerar no solo qué áreas científicas priorizar, sino también las capacidades que el país ya posee y las redes internacionales en las que participan sus investigadores. Así lo plantea César Hidalgo, director del Center for Collective Learning (CCL), al analizar las propuestas del Ministerio de Ciencia desde la perspectiva de la ciencia de la innovación y la complejidad económica.
Según Hidalgo, establecer prioridades resulta inevitable cuando los recursos disponibles son inferiores a las necesidades. Sin embargo, sostiene que el desafío central consiste en determinar cómo, cuándo y dónde focalizar el financiamiento público, decisiones para las cuales existe una amplia literatura académica sobre crecimiento, difusión y valorización del conocimiento.
El investigador destaca particularmente el concepto de “capacidades”. Desde esta perspectiva, explica, el conocimiento de un país no debería entenderse simplemente como una división entre grandes disciplinas, sino como una red de capacidades específicas y complementarias distribuidas entre investigadores, universidades, empresas e instituciones.
Este enfoque, sostiene Hidalgo, obliga a cambiar la pregunta que guía la política científica. No se trataría únicamente de decidir cuáles son las áreas que Chile desea desarrollar, sino también de establecer cuáles puede impulsar razonablemente a partir de las capacidades acumuladas y cuáles requieren apuestas más arriesgadas para abrir nuevas trayectorias de desarrollo.
Hidalgo explica que la complejidad económica muestra que los países tienden a incorporarse a actividades relacionadas con aquellas en las que ya poseen conocimientos y capacidades. Sin embargo, advierte que concentrarse exclusivamente en sectores conocidos tampoco constituye una estrategia óptima: las políticas de innovación deben combinar áreas consolidadas con apuestas capaces de generar capacidades nuevas.
En el caso chileno, el académico identifica ventajas y conocimientos acumulados en ámbitos como minería, litio y algunas ramas de la ingeniería química. En contraste, áreas consideradas estratégicas, como la inteligencia artificial, representarían una apuesta menos vinculada con las fortalezas actuales, pese a que el país ya dispone de algunas capacidades en ese campo.
Desde esa perspectiva, Hidalgo analiza la propuesta de destinar el 70% de Fondecyt de Posdoctorado a áreas prioritarias y dejar un 30% abierto a todas las disciplinas. A su juicio, el esquema puede interpretarse como un intento por equilibrar especialización y diversificación, aunque advierte que no resulta sencillo determinar si esa proporción específica constituye el punto óptimo.
El especialista plantea que el análisis tampoco debería limitarse exclusivamente a Fondecyt. Chile cuenta con otros mecanismos de apoyo a la innovación, entre ellos Fondef y diferentes instrumentos administrados por Corfo. Por ello, considera que la distribución de recursos debería evaluarse como un portafolio conjunto de políticas públicas y no como programas independientes.
En esa misma discusión, Hidalgo sostiene que las ciencias sociales y las humanidades no deberían estar obligadas a justificar su existencia exclusivamente en función de su contribución a la productividad. El Estado, señala, también persigue objetivos culturales y sociales. No obstante, considera que esas disciplinas igualmente deben contar con criterios que permitan evaluar la relevancia, utilización y circulación del conocimiento que producen.
Para el académico, una investigación centrada en un fenómeno específicamente chileno puede alcanzar importancia internacional. En ciencias sociales, por ejemplo, uno de los indicadores posibles sería observar si los conocimientos y conceptos generados desde Chile logran incorporarse a discusiones internacionales de políticas públicas.
Donde Hidalgo plantea mayores diferencias con la orientación de las propuestas gubernamentales es en la dimensión geográfica, especialmente en el debate relacionado con Becas Chile. Según explica, la política científica no debería concentrarse simplemente en maximizar la cantidad de investigadores chilenos que permanecen físicamente en el país.
El director del CCL sostiene que la evidencia acumulada sobre difusión del conocimiento muestra la importancia de las redes profesionales y sociales. Desde esa perspectiva, la posición de un científico dentro de las redes internacionales de producción de conocimiento puede ser más relevante para Chile que el lugar donde se encuentra físicamente.
Bajo esa lógica, Hidalgo plantea que un investigador chileno establecido en el extranjero que mantenga conexiones científicas importantes con el país puede aportar más que otro radicado en Chile pero escasamente integrado a redes internacionales. Lo mismo podría ocurrir con investigadores extranjeros residentes en territorio nacional que posean fuertes vínculos tanto locales como globales.
El planteamiento abre, según el académico, la posibilidad de desarrollar instrumentos de vinculación o reinserción científica que no obliguen necesariamente a la repatriación. El objetivo debería ser aprovechar a investigadores capaces de funcionar como puentes entre Chile y centros internacionales de producción científica y tecnológica.
Esto no significa restar importancia a las universidades y laboratorios instalados en el país. Hidalgo los considera espacios fundamentales para generar y fortalecer redes, pero advierte que la ciencia y la tecnología funcionan actualmente a escala global y que una política de innovación excesivamente cerrada territorialmente podría limitar el acceso chileno a conocimientos, colaboraciones y capacidades externas.
En definitiva, Hidalgo valora que el sistema de investigación e innovación haya adquirido protagonismo en la discusión pública, pero plantea que las decisiones sobre Fondecyt, Becas Chile y otros instrumentos deberían evaluarse de manera coordinada y sobre evidencia. A diferencia de problemas inmediatos como seguridad o salud, señala, la innovación produce efectos principalmente de largo plazo, pero termina influyendo en las posibilidades futuras de crecimiento y bienestar del país.
Para el investigador, el desafío consiste en construir una estrategia capaz de equilibrar las fortalezas científicas existentes con apuestas hacia nuevas áreas, al mismo tiempo que Chile fortalece su conexión con las redes internacionales donde se produce y circula el conocimiento. (NP-ChatGPT-El Mostrador)


