La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas enfrenta un escenario complejo luego de que la expresidenta obtuviera solo dos respaldos entre los 15 integrantes del Consejo de Seguridad en la segunda medición informal del organismo, resultado que redujo las expectativas que existían en Brasil y México, los dos países que patrocinan su postulación.
Al comienzo de la carrera, los análisis realizados en las representaciones diplomáticas de ambos países en Nueva York mostraban un panorama favorable. La exmandataria era considerada una de las candidatas mejor preparadas para asumir el cargo y contaba con el respaldo de los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum.
La candidatura se ha desarrollado, además, sin el respaldo del Gobierno chileno, luego de que la administración del Presidente José Antonio Kast decidiera retirar el apoyo de Chile a la postulación.
Las primeras señales adversas surgieron a fines de julio, cuando se realizó el primer straw poll, como se conocen las mediciones informales del Consejo de Seguridad. Bachelet consiguió entonces seis respaldos y quedó detrás de las candidaturas de Rebeca Grynspan, de Costa Rica; Carolyn Rodrigues, de Guyana; y Rafael Grossi, de Argentina.
Pese al resultado, la candidatura todavía mantenía posibilidades y en Brasil se realizaron análisis sobre el eventual respaldo que podría recibir Bachelet entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con poder de veto: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.
El panorama se complicó considerablemente con el segundo sondeo, realizado el viernes pasado. Bachelet consiguió solamente dos apoyos de los 15 posibles y quedó penúltima entre ocho candidaturas, superando únicamente a la ecuatoriana Ivonne Baki, presentada recientemente con el patrocinio de Tonga.
Los informes diplomáticos enviados a Brasilia dieron cuenta del deterioro de la posición de la expresidenta. Además de reducirse sus respaldos, los votos contrarios aumentaron de cinco a seis y los países que optaron por no pronunciarse pasaron de cuatro a siete.
El resultado provocó preocupación tanto en los gobiernos que respaldan la candidatura como entre los colaboradores de Bachelet. En Chile comenzó a plantearse la posibilidad de retirar la postulación, mientras las expectativas también disminuyeron en Brasilia y Ciudad de México.
Pese al escenario, Lula da Silva continúa siendo uno de los principales impulsores de la candidatura. Fuentes diplomáticas consideran que abandonar ahora la postulación podría representar un costo político interno para el mandatario brasileño, quien busca su reelección en octubre y ha incorporado los asuntos internacionales entre los ejes de su campaña.
Lula mantiene además una relación política y personal de larga data con Bachelet. El mandatario brasileño ha promovido públicamente su candidatura y ha señalado que aborda el tema en sus conversaciones con otros líderes internacionales, entre ellos el presidente ruso Vladimir Putin.
Tras el segundo sondeo, Bachelet reactivó su agenda internacional y viajó a México, donde tenía previsto abordar personalmente con Sheinbaum la continuidad de su candidatura.
Antes de la llegada de la expresidenta, la mandataria mexicana reconoció públicamente que era necesario evaluar las posibilidades reales de Bachelet para alcanzar la Secretaría General. Al mismo tiempo, destacó su trayectoria, compromiso con los derechos humanos, defensa de la paz y respaldo al multilateralismo.
Bachelet solicitó una reunión con Sheinbaum aprovechando su visita a México para participar en una actividad de la Cepal. Durante varios días existieron dudas sobre la concreción del encuentro debido a la agenda de la presidenta mexicana, situación que generó inquietud entre quienes trabajan en la candidatura.
Finalmente, ambas sostuvieron una conversación durante la tarde del viernes. El contacto fue recibido favorablemente por los asesores de Bachelet en Chile, que ahora concentran su atención en una eventual visita de la expresidenta a Brasilia para reunirse con Lula.
Los encuentros con los mandatarios de México y Brasil buscan definir los próximos pasos de la candidatura antes de una eventual tercera medición informal del Consejo de Seguridad, que podría realizarse hacia fines de septiembre si se mantiene el calendario seguido hasta ahora.
Otro factor relevante es la posición de Estados Unidos. De los 15 integrantes del Consejo de Seguridad, fue el único país que no recibió a Bachelet durante su despliegue diplomático y continúa pendiente un eventual encuentro con algún representante de alto nivel de la administración de Donald Trump.
Las perspectivas sobre esa posibilidad son reducidas, tanto por la política estadounidense respecto de las candidaturas a organismos internacionales como por las objeciones atribuidas a Trump frente a la postulación de la exmandataria. En este escenario, también ha surgido con fuerza la posibilidad de un eventual veto estadounidense.
La propia Bachelet abordó esa posibilidad en junio, cuando afirmó que se sentiría honrada si fuera vetada por su defensa de la democracia.
Mientras se define la continuidad de la candidatura, figuras cercanas a la expresidenta han comenzado a destacar que un eventual fracaso en la elección no afectaría su trayectoria política e internacional. El excanciller José Miguel Insulza sostuvo que Bachelet ya forma parte de la historia de Chile y de Naciones Unidas, independientemente del resultado del proceso. (NP-ChatGPT-La Tercera-Agencias)
