Las advertencias sobre una intensificación de la guerra híbrida atribuida a Rusia han aumentado en Europa, especialmente entre los países del flanco oriental de la OTAN. Sabotajes, incendios, drones, ciberataques, espionaje, daños a infraestructura y presiones migratorias forman parte de una serie de episodios que distintos gobiernos vinculan con intentos de Moscú por intimidar a los Estados que respaldan a Ucrania.
El presidente de Letonia, Edgars Rinkevics, afirmó que este tipo de confrontación no corresponde a una amenaza futura, sino a una realidad que ya se encuentra en desarrollo. Sus declaraciones fueron realizadas durante una actividad cerca de la frontera con Bielorrusia, uno de los puntos donde las autoridades letonas han reforzado sus capacidades de vigilancia.
El concepto de guerra híbrida engloba operaciones que combinan medios convencionales y no convencionales, incluyendo tácticas irregulares, acciones encubiertas, sabotajes, ataques cibernéticos, operaciones de información y otras actividades diseñadas para generar presión sin provocar necesariamente una respuesta militar directa.
Los gobiernos europeos observan con especial preocupación aquellas acciones que se desarrollan por debajo del umbral tradicional de una guerra abierta. Su objetivo, según distintos análisis de seguridad, puede ser distraer, desgastar, confundir o desmoralizar a un adversario sin llegar a desencadenar un conflicto armado convencional.
Funcionarios de inteligencia europeos han advertido además sobre indicios de que los servicios rusos estarían evaluando nuevas operaciones de sabotaje contra infraestructuras o eventuales acciones de falsa bandera dirigidas especialmente contra los Estados bálticos y Polonia.
Letonia investiga, entre otros hechos, un incendio ocurrido en una bodega perteneciente a una organización benéfica que entregaba apoyo a Ucrania. Paralelamente, el país ha registrado un incremento de personas que intentan cruzar irregularmente desde Bielorrusia, situación que llevó a Riga a desplegar drones, helicópteros, sensores adicionales y mayor personal fronterizo.
Rinkevics señaló que existen además investigaciones abiertas por posibles sabotajes, provocaciones y actividades de espionaje, aunque evitó entregar mayores antecedentes sobre esos casos.
Las sospechas no se limitan a Letonia. En Alemania se han investigado episodios relacionados con drones, intentos de sabotaje y ataques incendiarios, mientras otros países europeos han reportado incidentes contra instalaciones estratégicas o vinculadas al apoyo occidental a Ucrania.
En Estonia, las autoridades investigan la posible participación rusa en un incendio que afectó un edificio utilizado por la empresa de defensa Milrem Robotics, fabricante de vehículos de combate autónomos y compañía que mantiene estrechos vínculos con Ucrania.
La fiscalía estonia analiza la hipótesis de un incendio intencional, mientras la primera ministra Kristen Michal afirmó que una de las líneas investigativas considera la posibilidad de que Rusia estuviera detrás del hecho. La autoridad sostuvo que una eventual operación destinada a intimidar al país o reducir su respaldo a Ucrania no modificaría esa política.
Otro episodio se produjo en Rumania, donde fuerzas del país destruyeron un dron naval cargado con explosivos cerca de la plataforma energética Neptun Deep, ubicada en el Mar Negro.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, vinculó este tipo de incidentes con una campaña creciente destinada a generar temor y divisiones dentro de la Unión Europea, calificándolos como parte de una estrategia de guerra híbrida.
Ante ese escenario, la Comisión Europea ha reforzado sus planes de defensa y preparación. Von der Leyen destacó la agenda Preparación 2030, que contempla movilizar hasta 800 mil millones de euros, además de iniciativas destinadas a fortalecer la defensa contra drones y aumentar las capacidades de vigilancia y respuesta en el flanco oriental europeo.
El Parlamento Europeo ya había advertido en febrero sobre los desafíos particulares que enfrentan los Estados miembros situados en esa zona y señaló expresamente las amenazas derivadas de la agresión rusa y de las operaciones híbridas.
Durante los meses posteriores, la Unión Europea también amplió sus sanciones contra entidades y personas acusadas de colaborar con actividades desestabilizadoras de Rusia, incluyendo operaciones cibernéticas.
Buena parte de estas acciones son desarrolladas en la denominada “zona gris”, espacio situado entre la paz y el conflicto armado convencional. Se trata de operaciones que buscan producir efectos estratégicos sin reunir necesariamente las características de una agresión militar abierta.
Distintos gobiernos han vinculado anteriormente a Rusia con incendios, sabotajes, daños a infraestructura, operaciones de espionaje, instrumentalización de flujos migratorios y otras actividades en países europeos.
Analistas sostienen que Moscú tendría diversas razones para recurrir a estas tácticas. Entre ellas figuran poner a prueba la capacidad de respuesta de los países afectados, aumentar sus costos internos, obligarlos a dispersar recursos y debilitar su disposición a continuar apoyando a Ucrania.
Un informe sobre guerra híbrida presentado al Congreso de Estados Unidos señaló que autoridades de la OTAN, la Unión Europea y Washington interpretan el aumento de estas actividades como una respuesta rusa al respaldo occidental a Kiev y como un intento por erosionar la cohesión transatlántica.
Otros especialistas sostienen que Rusia recurre a este tipo de operaciones como una forma de confrontación asimétrica frente a la superioridad militar convencional de Estados Unidos y la OTAN.
La Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense ha señalado que Moscú utiliza acciones indirectas, operaciones encubiertas, campañas de información, actividades cibernéticas, violaciones del espacio aéreo y actores intermediarios con el propósito de competir con Occidente sin asumir los costos y riesgos de una guerra a gran escala.
El aumento de incidentes en Alemania también ha generado inquietud debido a la tradicional inclinación de ese país hacia la cooperación diplomática y las soluciones multilaterales. Especialistas advierten que la acumulación de operaciones de este tipo podría modificar la percepción europea sobre la naturaleza de la amenaza rusa.
En paralelo, la presión sobre la OTAN ha aumentado ante la posibilidad de que futuras acciones superen el umbral de la guerra híbrida y alcancen directamente el territorio de alguno de sus miembros.
El cientista político estadounidense Andrew Michta advirtió que una eventual incursión rusa contra un país de la Alianza obligaría a una respuesta inmediata, firme y coordinada bajo el Artículo 5 del tratado, que considera un ataque contra un miembro como una agresión contra todos.
Michta también cuestionó las diferencias existentes entre los gobiernos europeos respecto de la preparación frente a Rusia y señaló que, fuera de los países directamente fronterizos, todavía existiría una percepción insuficiente de urgencia.
Las advertencias reflejan una preocupación creciente en Europa por una modalidad de confrontación que combina presión militar indirecta, sabotajes, operaciones clandestinas y manipulación política sin llegar necesariamente a una guerra declarada.
Para los gobiernos del flanco oriental, el desafío consiste en responder a esas amenazas sin caer en provocaciones y al mismo tiempo reforzar la capacidad de disuasión. La estrategia europea apunta ahora a mejorar la protección de infraestructura crítica, fortalecer las defensas contra drones y ciberataques y mantener la unidad política frente a una campaña que busca precisamente erosionarla. (NP-ChatGPT-La Tercera-Agencias)
