Etiopía y Eritrea rompieron sus relaciones diplomáticas este jueves 1 de octubre, en medio de una escalada de los enfrentamientos entre las fuerzas federales etíopes y una alianza opositora encabezada por el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF). La crisis también involucró a Egipto, con un intercambio de expulsiones diplomáticas que llevó a la Unión Africana a pedir moderación y diálogo para evitar una extensión del conflicto en el Cuerno de África.
El Gobierno etíope ordenó el cierre de su embajada en Eritrea y dispuso la expulsión de diez diplomáticos de ese país. Las autoridades eritreas respondieron con la ruptura total de las relaciones bilaterales.
Paralelamente, Etiopía declaró persona non grata a un diplomático egipcio, medida que provocó una respuesta equivalente de El Cairo contra un consejero de la embajada etíope.
Según informó Deutsche Welle (DW), las decisiones diplomáticas se producen mientras aumentan los combates entre el Ejército de Etiopía y grupos opositores en distintas zonas del país, particularmente en el contexto de las tensiones relacionadas con Tigray.
La situación ha generado preocupación por la posibilidad de una nueva guerra civil, después del conflicto desarrollado entre 2020 y 2022, que dejó cientos de miles de muertos y graves consecuencias humanitarias y económicas.
Las hostilidades también afectan a la población civil. Un residente de la ciudad de Desse relató a DW que los desplazamientos cotidianos se han vuelto peligrosos y que la actividad económica y social de la región ha sufrido importantes daños.
La ruptura entre Etiopía y Eritrea representa un nuevo deterioro de una relación que había experimentado un acercamiento histórico en 2018, cuando el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, restableció los vínculos con el presidente eritreo, Isaias Afwerki.
Ese proceso puso fin a dos décadas de hostilidades y contribuyó a que Abiy recibiera el Premio Nobel de la Paz en 2019.
Sin embargo, la cooperación entre ambos gobiernos durante la guerra de Tigray se debilitó progresivamente. En la actual crisis, Etiopía acusa a Eritrea de apoyar a los grupos rebeldes que combaten contra sus fuerzas armadas, afirmación rechazada por Asmara.
A las diferencias políticas y militares se suma una disputa estratégica relacionada con el acceso al mar. Desde la independencia de Eritrea, en 1993, Etiopía quedó sin litoral propio y ha buscado alternativas para disponer de una conexión marítima que considera relevante para su economía y seguridad.
Eritrea, por su parte, ha rechazado cualquier intento de obtener ese acceso mediante presiones o el uso de la fuerza.
La crisis se amplió después de que el Gobierno etíope acusara también a Egipto y Sudán de respaldar a la alianza opositora. Ambos países negaron esas afirmaciones.
Tras la expulsión de su representante diplomático, el Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio justificó su respuesta bajo el principio de reciprocidad.
Las relaciones entre Etiopía y Egipto ya estaban afectadas por la controversia en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul. El Cairo ha manifestado reiteradamente su preocupación por las consecuencias que la infraestructura podría tener sobre el suministro de agua del río.
El deterioro de las relaciones entre los tres países se desarrolla, además, en un contexto regional marcado por otros conflictos.
En Sudán continúa la guerra entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), que ha provocado una grave crisis humanitaria. Etiopía también ha enfrentado acusaciones de respaldar a los paramilitares sudaneses, señalamientos que sus autoridades rechazan.
En Somalia, las fuerzas de seguridad siguen combatiendo a la organización Al Shabab. Según antecedentes difundidos por Bloomberg, Etiopía estaría preparando el retiro de más de 3.000 militares desplegados en territorio somalí.
A estas tensiones se suma la participación de potencias del Golfo, como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que mantienen intereses políticos, económicos y estratégicos en el Cuerno de África y el mar Rojo.
Frente a la escalada, la Comisión de la Unión Africana llamó a Etiopía, Eritrea y Egipto a ejercer la “máxima moderación” y resolver sus diferencias mediante mecanismos diplomáticos.
El presidente de la región etíope de Amhara, Arega Kebede, también pidió fortalecer las iniciativas de mediación y advirtió sobre las consecuencias de los enfrentamientos para la población.
Según Kebede, el conflicto ya está provocando muertes, desplazamientos y perjuicios económicos, por lo que consideró necesario ampliar la participación de autoridades políticas y dirigentes comunitarios en los esfuerzos de paz.
La crisis coincide con la celebración en El Cairo de la VIII Cumbre de Coordinación de Mitad de Año de la Unión Africana, instancia que reúne a representantes del continente y que podría facilitar contactos diplomáticos entre los países involucrados. (NP-ChatGPT-DW)

