Etiopía y Eritrea rompieron este jueves 1 de octubre sus relaciones diplomáticas, después de que el Gobierno etíope anunciara el cierre de su embajada en territorio eritreo y la expulsión de diez diplomáticos de ese país. La decisión fue seguida por un comunicado de Asmara que confirmó el término de los vínculos oficiales, en medio de crecientes tensiones fronterizas, acusaciones de intervención en asuntos internos y nuevos enfrentamientos armados en el norte de Etiopía.

La ruptura constituye un nuevo deterioro de las relaciones entre ambos países del Cuerno de África, que en 2018 firmaron un acuerdo de paz para poner fin a décadas de hostilidad y posteriormente combatieron como aliados durante la guerra de la región etíope de Tigré, desarrollada entre 2020 y 2022.

El distanciamiento se profundizó durante los últimos meses, especialmente después de que Adís Abeba acusara a Eritrea de desplegar tropas en territorio etíope y proporcionar apoyo a organizaciones armadas contrarias al Gobierno federal.

El 8 de febrero de este año, las autoridades etíopes denunciaron que fuerzas eritreas habían ingresado a su territorio y establecido vínculos con el Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT), organización que mantuvo un enfrentamiento armado con el Ejecutivo durante la guerra concluida en 2022.

Según Adís Abeba, Eritrea también habría suministrado asistencia material a ese movimiento. El Gobierno eritreo rechazó las acusaciones y las calificó como parte de una campaña de hostilidad que, a su juicio, se mantiene desde hace más de dos años.

A fines de septiembre, el jefe del Estado Mayor de la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía, mariscal de campo Birhanu Jula, volvió a denunciar una supuesta intervención extranjera en la política interna del país.

El alto mando militar acusó a Eritrea, Egipto y Sudán de respaldar a una nueva alianza de grupos armados y organizaciones opositoras cuyo objetivo sería desestabilizar al Gobierno etíope.

Estas acusaciones precedieron al anuncio del cierre de la embajada etíope en Eritrea y a la posterior decisión de Asmara de interrumpir completamente las relaciones diplomáticas.

La crisis coincide con un recrudecimiento de los enfrentamientos en el norte de Etiopía, donde el FPLT anunció la semana pasada el inicio de una denominada “guerra defensiva” contra el Gobierno federal.

El conflicto en esa región constituye uno de los principales antecedentes de las actuales tensiones. Entre 2020 y 2022, las fuerzas federales etíopes y las tropas eritreas combatieron contra el FPLT, que había ejercido una influencia predominante en la política nacional desde 1991.

La guerra concluyó formalmente con el Acuerdo de Paz de Pretoria, firmado en 2022, después de un conflicto que dejó graves consecuencias humanitarias.

El expresidente nigeriano Olusegun Obasanjo, quien participó como mediador de la Unión Africana, estimó que al menos 600 mil personas murieron durante la contienda.

La participación de Eritrea también provocó cuestionamientos internacionales por denuncias de violaciones de derechos humanos y crímenes de guerra. Estados Unidos impuso sanciones contra ese país en 2021, medidas que fueron retiradas el pasado 19 de septiembre.

Pese a la cooperación militar durante la guerra de Tigré, las relaciones entre ambos gobiernos comenzaron a deteriorarse nuevamente en 2023, cuando el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, planteó la necesidad de recuperar el acceso directo de su país al mar Rojo.

Etiopía perdió su salida al mar tras la independencia de Eritrea en 1993, por lo que depende de infraestructura portuaria de otros países para una parte importante de su comercio exterior.

Abiy describió el acceso marítimo como un “asunto existencial” para Etiopía y consideró un error histórico la pérdida de los puertos que anteriormente utilizaba el país.

Sus declaraciones generaron preocupación en Eritrea, cuyo Gobierno interpretó el debate sobre el acceso al mar Rojo como una posible amenaza para su soberanía.

En julio de 2025, el presidente eritreo, Isaias Afwerki, acusó a Etiopía de preparar una guerra. El primer ministro etíope descartó entonces la posibilidad de una invasión y manifestó su disposición a resolver las diferencias mediante conversaciones diplomáticas.

“No tenemos intención de entrar en guerra con Eritrea. Esperamos resolver nuestras diferencias mediante el diálogo e invitaremos a nuestros socios internacionales a que nos ayuden a abordar nuestros problemas”, declaró Abiy en octubre de 2025.

Sin embargo, durante ese mismo período el mandatario etíope acusó a Afwerki de intervenir en los asuntos internos de su país mediante el respaldo a grupos rebeldes y organizaciones opositoras.

Las disputas actuales contrastan con el acercamiento diplomático iniciado en 2018, pocos meses después de que Abiy Ahmed asumiera como primer ministro de Etiopía, el 2 de abril de ese año.

El 9 de julio de 2018, ambos países suscribieron un acuerdo de paz que contemplaba el reconocimiento de las fronteras establecidas anteriormente y compromisos de cooperación política, económica, social, cultural y de seguridad.

El entendimiento permitió restablecer las relaciones diplomáticas después de un prolongado enfrentamiento, y fue uno de los principales antecedentes considerados para conceder a Abiy Ahmed el Premio Nobel de la Paz en 2019.

La enemistad entre Etiopía y Eritrea tiene su origen en las disputas territoriales posteriores a la independencia eritrea, proclamada en 1993.

Entre 1998 y 2000, ambos países protagonizaron una guerra fronteriza que causó decenas de miles de muertes. El conflicto terminó con la firma del Acuerdo de Argel, el 12 de diciembre de 2000, aunque las diferencias territoriales y políticas persistieron durante los años siguientes.

Eritrea ha sido gobernada desde su independencia por Isaias Afwerki, bajo un sistema político caracterizado por fuertes restricciones a las libertades civiles y a la actividad opositora, según organizaciones internacionales de derechos humanos.

La ruptura diplomática anunciada esta semana se produce, por tanto, después de sucesivos períodos de enfrentamiento, acercamiento y cooperación militar, mientras continúan las acusaciones cruzadas sobre seguridad fronteriza y apoyo a organizaciones armadas. (NP-ChatGPT-Bio Bio-Agencias)