Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, afirmó que su país se ha preparado para una guerra de larga duración, diferenciándose de la estrategia de Estados Unidos. En el tercer día de enfrentamientos directos, el funcionario ratificó la postura de la República Islámica de defenderse “a cualquier costo” frente a la ofensiva coordinada iniciada el pasado 28 de febrero por las fuerzas israelíes y estadounidenses, la cual se ha concentrado en objetivos políticos y militares estratégicos.
La respuesta de Teherán ha incluido el lanzamiento masivo de más de 500 misiles balísticos y 2.000 drones contra Israel y bases norteamericanas en el Golfo Pérsico. Sin embargo, expertos señalan que el arsenal iraní podría haber perdido su capacidad disuasoria tras el ataque de octubre de 2024, que reveló fallas de precisión en sus proyectiles de largo alcance. Actualmente, se estima que el inventario original de 2.500 misiles balísticos se ha visto reducido por los bombardeos enemigos a sus túneles de almacenamiento.
LOGÍSTICA Y PRODUCCIÓN DE MISILES Y DRONES
Pese a los daños en su infraestructura subterránea, Irán mantiene una alta capacidad de producción de drones, estimada en 5.000 unidades mensuales. La ventaja económica es notable, ya que un dron tipo Shahed cuesta pocos miles de dólares, mientras que los misiles interceptores Patriot superan los tres millones por unidad. Informes recientes indican que estos ataques han logrado dañar sistemas de comunicación y radares en al menos siete bases militares de Estados Unidos en la región.
CONSECUENCIAS PARA LA POBLACIÓN Y LA REGIÓN
El conflicto ha tenido un impacto devastador en la población civil iraní. Medios estatales denunciaron el bombardeo de una escuela primaria en la ciudad de Minab, donde se reportó el fallecimiento de 168 niños y sus profesores. Mientras Israel niega su responsabilidad y Washington anuncia investigaciones, especialistas internacionales advierten que la estrategia del régimen iraní se centrará en la resiliencia para prolongar el enfrentamiento lo máximo posible.
DESCARTAN BLOQUEO PERMANENTE DE ORMUZ
La actividad comercial en el estrecho de Ormuz se encuentra prácticamente detenida tras los recientes ataques de Israel y Estados Unidos; sin embargo, especialistas internacionales consideran improbable que el régimen de Teherán opte por un cierre prolongado de esta vía estratégica. Según analistas, un bloqueo total resultaría contraproducente para la propia República Islámica, ya que el 70 % de su comercio no petrolero —incluyendo importaciones críticas de alimentos y medicinas— depende directamente del acceso a este paso marítimo.
El impacto global de la tensión bélica ya se refleja en los mercados energéticos, donde los precios del petróleo y el gas han experimentado alzas significativas. De mantenerse la inseguridad en la zona, el barril de crudo podría superar los 100 dólares, afectando principalmente a las economías asiáticas como China, India y Japón, que reciben el 80 % del volumen transportado por esta ruta. No obstante, potencias occidentales y naciones como Canadá y Japón cuentan con reservas estratégicas para amortiguar posibles interrupciones de suministro durante varias semanas.
DEPENDENCIA ESTRATÉGICA CON CHINA
La viabilidad económica de Irán está estrechamente ligada a su relación con Pekín, destino de más del 80 % de sus exportaciones petroleras. Debido a las sanciones occidentales vigentes, China se ha consolidado como el comprador indispensable del crudo iraní, aprovechando los descuentos generados por las restricciones internacionales. Un cierre del estrecho interrumpiría este flujo vital de ingresos, agravando la crisis interna que ya padece el país bajo el actual escenario de guerra.
RIVALIDAD CON ESTADOS UNIDOS Y DEBILITAMIENTO ESTRUCTURAL
A pesar de la resistencia mostrada por el sector energético iraní, expertos señalan que las sanciones y el conflicto actual han provocado un declive estructural en su capacidad exportadora. Aunque Irán intenta mantener su presencia en el mercado mundial, lo hace como un proveedor debilitado que debe ofrecer grandes rebajas para competir. Esta situación refleja, según especialistas de la Universidad de Qatar, una espiral negativa que combina el deterioro económico con la creciente presión política sobre el régimen de Teherán. (NP-Gemini-DW)
