La retórica bélica entre Washington y Teherán ha alcanzado niveles críticos tras la advertencia del presidente Donald Trump sobre la disposición de su país para ejecutar bombardeos estratégicos. Por su parte, el gobierno iraní ha respondido con la promesa de una represalia demoledora, asegurando que múltiples instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente se encuentran dentro del radio de alcance de su arsenal de misiles.

Bajo la supervisión del Comando Central de las Fuerzas Armadas (CENTCOM), Estados Unidos mantiene una vasta red de activos militares que funcionan como pilares de su influencia en la región. En Bahréin, la Quinta Flota de la Marina opera desde una base histórica capaz de recibir portaviones, consolidándose como el principal centro de operaciones navales y logística antiminas en el Golfo desde mediados del siglo pasado.

En Kuwait y Qatar se concentran los núcleos de poder aéreo y mando avanzado del CENTCOM. La base aérea Al Udeid, en territorio catarí, alberga unidades de operaciones especiales y medios de inteligencia, habiendo sido blanco previo de ataques con misiles iraníes. En tanto, Kuwait funciona como la gran puerta de entrada logística y centro de drones MQ-9 Reaper, mientras que en Emiratos Árabes Unidos se ubican escuadrones de combate y centros de entrenamiento avanzado en guerra aérea.

La presencia en Irak y Siria representa el punto de mayor vulnerabilidad y fricción política. Aunque existe un acuerdo para la retirada de tropas en Irak hacia septiembre de 2026, las unidades presentes en la región kurda y en Siria han enfrentado ataques constantes de milicias proiraníes y remanentes del Estado Islámico. Estos enclaves, diseñados originalmente para combatir el terrorismo, se encuentran hoy en el epicentro de un posible intercambio de fuego directo entre las dos potencias. (NP-Gemini-Emol-Agencias-AFP)