Los yerros fiscales del gobierno de Boric no fueron meros desajustes. La pregunta es si se trató de equívocos habituales o de una obcecación ideológica inmune a la evidencia. Una cosa es fallar en márgenes razonables, y otra, persistir en supuestos complacientes cuando la realidad daba señales contrarias.
Su gobierno tenía la convicción de que el Estado debía expandir su acción, de modo que la política fiscal pasó a ser un instrumento para validar su programa. Pero las finanzas públicas no son adaptables al entusiasmo de los gobernantes. Cada proyección excesivamente optimista, cada gasto permanente financiado con ingresos inciertos y cada advertencia técnica minimizada erosionan la confianza.
Sería imprudente usar el rechazo de la acusación constitucional como coartada para decretar que aquí no ocurrió nada. La responsabilidad fiscal es condición elemental de justicia entre generaciones. Gastar mal hoy compromete derechos mañana; sobreestimar ingresos obliga a recortar después; y postergar ajustes encarece decisiones futuras. Pocas cosas dañan más al Estado que administrarlo como si la realidad estuviera obligada a ajustarse a un programa de gobierno. (El Mercurio Cartas)
Jorge Jaraquemada R.
Fundación Jaime Guzmán
