La semana pasada llovió fuertemente en el norte de Chile, especialmente en la región de Atacama. No se veía un episodio similar desde mayo de 2017 (y antes fue en marzo de 2015). El evento de precipitaciones de este invierno tuvo lugar con una isoterma muy alta, lo que impidió la acumulación de nieve. En consecuencia, toda el agua cayó en forma líquida y activó quebradas, bajó por esteros llegando a los ríos, causando alarma y algunos daños.

Un buen indicador de estos contrastes es el río Copiapó: habitualmente alcanza el mar con un caudal de 300 litros por segundo, pero luego de fenómenos de lluvia y nieve abundante, el río llega con más de 2.000 litros por segundo durante varios meses.

Esto refleja cómo Chile transita bruscamente de la escasez al exceso de agua, muchas veces sin pasos intermedios, siguiendo el postulado que sostienen los estudiosos del cambio climático: que los eventos climáticos extremos ocurrirán con mayor frecuencia e intensidad.

Es evidente que ambos fenómenos extremos, las sequías prolongadas y las lluvias intensas, son muy difíciles de prevenir, pero sus impactos negativos sí pueden ser acotados si actuamos responsablemente.

Ante la sequía, debemos actuar preventivamente mediante incentivos al ahorro ya sea a través de tarifas por consumo urbano, fomento a la eficiencia hídrica u otras acciones. También debemos tener preparados los acuerdos para satisfacer el uso prioritario (consumo humano) y cómo se repartirá el agua entre los actuales usuarios. En esto las Organizaciones de Usuarios de Agua tienen mucha experiencia generando consignas de reparto, sistemas de turnos, etc. Debemos construir infraestructura adecuada para no tener pérdidas en conducción del agua, y para acumular toda la que sea posible.

La otra cara de la moneda es la sobre abundancia de agua. Para ello necesitamos más y mejor infraestructura para conducir y alejar el agua de aquellos lugares que necesitamos cuidar (viviendas, hospitales, etc.), para acumularla y tenerla disponible para cuando los momentos de sequía. También necesitamos reglas para aprovechar de la mejor manera esta mayor cantidad de agua.

Entonces, así como existe un “decreto de escasez” emitido por la autoridad competente (MOP) que gatilla redistribuciones y otros cambios relevantes para los usuarios, ¿no debiera existir también un “decreto de sobre abundancia” que permita acumular agua y recargar las napas?

La Comunidad de Aguas Subterráneas de Copiapó (CASUB) lo viene diciendo hace años, desde aquel evento en 2017, y ha generado una infraestructura paralela al río para recargar los acuíferos el agua que adicional (por sobre los derechos de agua otorgados) que entregan las lluvias extremas. Lamentablemente, nuestra legislación vigente hoy dificulta enormemente estas acciones mediante exigencias que no guardan relación con la necesidad de acumular agua en los acuíferos, y como un año de sobre abundancia puede significar cinco o más años de tranquilidad para los usuarios de aguas subterráneas.

Ya no basta con evaluar los embalses únicamente por su “nueva superficie regada”, también debemos considerar la protección de inversión pública (recordemos las inundaciones en Licantén en 2023), la conservación de suelos productivos y los demás usos de esta infraestructura. Además, es necesario tener presente que una lluvia extrema puede llenar un embalse que se utilizará por años. En 2023, por ejemplo, el Maipo vertió al mar un volumen equivalente a tres veces el embalse El Yeso en pocos días.

En materia de recarga, debemos fomentar que los privados, comunitaria o individualmente, realicen obras que permitan mejorar la condición de los acuíferos, ya sea en el lecho del río o fuera de ellos. Este fomento pasa por generar obras de recarga, o ayudar a cofinanciarlas, pero también por establecer normas que permitan realizarlas sin riesgo a multas o sanciones.

La gran diversidad de climas en Chile ofrece la oportunidad de aprender de la experiencia del norte, y comenzar a anticipar tanto sequías como abundancias en otras regiones del país. En materia hídrica es evidente que se hace necesario planificar y actuar con menos mirada al pasado y mayor enfoque en el futuro, con su escasez y sus excesos. (El Líbero)

Federico Errázuriz

Gerente de Políticas Públicas SNA