La convivencia interna del oficialismo no ha sido sencilla durante los primeros 40 días del gobierno de José Antonio Kast. En el Partido Republicano —la colectividad más numerosa del Congreso y eje político de la administración— reconocen que las diferencias públicas de Renovación Nacional (RN) han generado fricciones, especialmente en torno a la megarreforma que el Ejecutivo presentará esta semana.
Mientras los republicanos han defendido con fuerza el paquete de 43 medidas —que incluye reducción de burocracia, agilización de permisos e incluso una baja escalonada del impuesto corporativo—, en RN varias vocerías han marcado distancia. El diputado Diego Schalper criticó los cambios a la gratuidad en educación superior, punto que finalmente quedó fuera del proyecto. La vicepresidenta de la Cámara, Ximena Ossandón, pidió focalizar la exención de contribuciones para mayores de 65 años y llegó a afirmar que “en algún minuto, el Presidente va a tener que dejar de defender lo indefendible”.
El episodio que más tensionó al oficialismo ocurrió cuando la presidenta del Senado, Paulina Núñez, cuestionó la salida de Priscilla Carrasco del Sernameg pese a su diagnóstico de cáncer, crítica a la que se sumó la senadora María José Gatica.
REPUBLICANOS PIDEN DISCIPLINA; RN RESPONDE CON MOLESTIA
En este contexto, el diputado Agustín Romero —presidente de la Comisión de Hacienda— advirtió que “si alguien del oficialismo no está de acuerdo con lo que presente el gobierno, que analice si quiere seguir acá”. Aunque no mencionó a RN, el mensaje fue interpretado como un llamado de atención.
La reacción en RN fue inmediata. El diputado Eduardo Durán respondió que “esto no es un regimiento” y que la coordinación política “no se construye a través de recados por la prensa”. Andrés Celis, en cambio, defendió las intervenciones de su partido, asegurando que buscan “apoyar, colaborar, contribuir con el gobierno” y que no ve espacio para que RN vote en contra de la idea de legislar la megarreforma.
TENSIONES HEREDADAS
En el Partido Republicano admiten que es complejo tensionar públicamente a RN, pues buscan evitar “fuego amigo”. Para ello, la directiva de Arturo Squella mantiene una relación fluida con la senadora Andrea Balladares, próxima presidenta de RN, lo que ha ayudado a calmar el ambiente.
Aun así, en RN reconocen que la relación nunca ha sido fácil, especialmente tras años de haber sido calificados como la “derechita cobarde” por dirigentes republicanos.
Las tensiones incluso alcanzaron al gabinete. La semana pasada, el ministro Segpres, José García (RN), sostuvo un contrapunto con el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, respecto de si la gratuidad estaría incluida en la megarreforma. Finalmente, se impuso la postura de García. (NP-Copilot-La Tercera)
