“Les tengo una mala noticia”. Michelle Bachelet aterrizó tras abandonar su postulación a la Secretaría General de la ONU con un tono desafiante: “Si pensaban que después de esto me iba a ir para la casa, les tengo una mala noticia: eso no va a pasar”.

  • Frase para “el bronce”, que admite varias interpretaciones, pero que también puede sugerir una sobrevaloración de su propia influencia en el Chile de hoy. ¿Mala noticia para el gobierno o para la oposición?
  • Pretende asumir un rol protagónico como líder de la oposición, olvidando, tal vez, que tiene un alto grado de responsabilidad en la histórica derrota electoral de la izquierda en las últimas elecciones presidenciales. Una de las peores del continente: tanto en Colombia como en Perú las izquierdas perdieron las elecciones por menos de un punto, comparado con el 41,8% frente al 58,2% de Kast.

Su papel. Fue ella quien puso término a la Concertación, reemplazándola por la Nueva Mayoría, que incorporó al Partido Comunista al gobierno. No se trató solamente de sumar un nuevo partido; significó modificar el equilibrio político e ideológico de la centroizquierda.

  • La Democracia Cristiana perdió centralidad y la antigua convergencia entre el socialismo democrático y el centro fue progresivamente desplazada por la idea de una izquierda unificada, sin exclusiones. Un concepto en el que ha insistido desde su regreso y que, junto con el expresidente Boric, pretende hacer todo lo posible por perpetuar.
  • Ese cambio fue fundamental para que Bachelet iniciara un “proceso constituyente”, declarando “ilegítima” la Constitución vigente, lo que contribuyó a abrir un período de incertidumbre y desestabilización. Para ello tuvo que ignorar el hecho de que el texto constitucional ya no era el de “Pinochet”, sino el de Lagos.
  • Había sido objeto de profundos cambios desde el inicio de la transición, especialmente en 2005, cuando se puso fin a los enclaves autoritarios, entre ellos los senadores designados; se terminó con la inamovilidad de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y del general director de Carabineros, y se modificó sustancialmente el rol del Consejo de Seguridad Nacional.
  • Su gobierno lanzó los denominados “Cabildos Constitucionales” para promover una asamblea constituyente, la que, si bien no prosperó durante su mandato, sembró la semilla que germinó tras el estallido social, dando paso a una Convención cuyo proyecto refundacional fue rechazado por la abrumadora mayoría de los chilenos. Bachelet fue, además, uno de los rostros más visibles de la campaña del “Apruebo”, apareciendo en su franja televisiva.

Fallida candidatura ONU. Como parte de su despliegue se está construyendo un relato de victimización por la falta de apoyos a su candidatura en las Naciones Unidas. Es cierto que fue objeto de un veto de la administración Trump, que por sí mismo hacía inviable su candidatura, algo que se sabía desde el inicio de la campaña. También es cierto que la falta de apoyo del presidente Kast difícilmente pudo haber sido totalmente inocua.

  • En un discurso pronunciado hace un par de días, en un acto denominado de “desagravio”, organizado por sus partidarios en el Teatro Municipal de La Pintana, culpó de su derrota a su compromiso con el multilateralismo, la cooperación internacional y la democracia, declarando sentirse “orgullosa” de haber sido vetada por estas razones.
  • Pero eso no explica por qué en las tres votaciones secretas previas del Consejo de Seguridad ampliado, en las que participan los 15 países miembros, obtuvo un solo voto favorable y once en contra. Sobre todo, considerando que había otros postulantes que también compartían los mismos valores que la expresidenta dice encarnar.

El retorno. Se entiende que sus partidarios tengan motivos para celebrar su regreso a la política contingente. Bachelet es una figura histórica, la única mujer que ha llegado a la Presidencia de la República y, además, ha sido elegida dos veces para ejercerla.

  • Nadie puede desconocer su trayectoria nacional e internacional ni el lugar que ocupa en la historia reciente de Chile. Pero de ahí a pensar que su regreso puede revitalizar a una izquierda sumida en una profunda crisis política hay una distancia enorme.
  • Su sola presencia no resuelve ninguno de los problemas y carencias que explican las derrotas electorales, ni modifica las causas de su pérdida de identidad. Más bien, todo lo contrario. Resulta difícil imaginar que quien fue protagonista de los principales giros que llevaron a la izquierda a abandonar la Concertación y abrazar la lógica de la “unidad sin exclusiones” pueda ser ahora protagonista de los cambios que se necesitan.
  • La crisis de la izquierda tiene que ver, precisamente, con la falta de un proyecto político serio y convocante, capaz de ir más allá de las consignas y de volver a conectar con una mayoría del país. Para ello se requiere una autocrítica sincera, revisar decisiones políticas fundamentales y asumir que el rumbo seguido en los últimos años no produjo los resultados esperados. Algo que, a juzgar por sus intervenciones recientes, la expresidenta no parece tener intención de hacer.

Dupla con Boric. Además, la dupla Bachelet-Boric, que debutó cuestionando la incorporación de Chile al “Escudo de las Américas”, podría terminar consolidando el predominio de las mismas figuras, alianzas y coordenadas ideológicas que fueron derrotadas en la última elección.

  • Para el socialismo democrático, en particular, significaría seguir postergando la discusión sobre su propio proyecto y sobre la relación que debe mantener con los partidos de una izquierda no renovada. Lejos de favorecer un aggiornamento del progresismo, la dupla Bachelet-Boric podría terminar funcionando como un ancla que lo mantiene atado al pasado, precisamente cuando lo que necesita es cambiar de rumbo. (Ex Ante)

Jorge Schaulsohn