En una carta publicada esta semana en El Mercurio el exministro Nicolás Grau asevera que ningún país ha alcanzado el desarrollo a partir del “recetario” del gobierno del Presidente José Antonio Kast. Ninguno de ellos ha alcanzado la prosperidad, subraya, de la forma como se lo propone la administración del republicano, que no ha hecho otra cosa que poner la recuperación del crecimiento en el centro de su estrategia económica, precisamente la condición más importante para lograr el desarrollo pleno.

Lo que sí es cierto, más allá de toda duda, es que ningún país lo alcanzó sin el crecimiento económico sostenido que se produce a través de un proceso de modernización capitalista. No hay excepción alguna que se conozca de un país desarrollado que haya traspasado el umbral del subdesarrollo por otra vía.

La experiencia en América Latina es concluyente: allí donde la modernización capitalista fue abandonada campea el estancamiento y la pobreza, y donde ha sido impulsada -el caso de Chile durante los gobiernos de la Concertación es elocuente- ha generado progreso y bienestar a sus habitantes  y, de paso, una reducción de la desigualdad. Al respecto, no resulta ocioso recordar que nuestro país ocupa ya por años el primer lugar en el ranking de desarrollo humano que elabora el PNUD de las Naciones Unidas -el más reputado de su tipo para evaluar el progreso de las naciones-.

Pero el Frente Amplio riñe frontalmente con la modernización capitalista que estuvo en la base de ese período virtuoso -quizá el que más- de nuestra historia republicana. Y es que aspira a superar el capitalismo, como lo declara sin ambages en las conclusiones del primer congreso ideológico del partido -de reciente data-, del que Grau es militante. Cómo no se conoce otro sistema de creación de riqueza, ni las referidas conclusiones esbozan siquiera cuál podría ser otra forma de crearla, en los hechos el Frente Amplio renuncia al crecimiento económico. Su “recetario” es, entonces, el estancamiento económico cuando no el decrecimiento.

Esa fórmula ha impedido el progreso de las naciones allí donde ha echado raíces, condenando a sus pueblos a la miseria y a la desesperanza. No hay que ir tan lejos para observar sus peores consecuencias. América Latina es pródiga en ejemplos que están aún a la vista.

La oposición del exministro Grau a la megarreforma del gobierno es plenamente consistente con la aspiración de su partido de superar el capitalismo. En una materia de semejante relevancia no es razonable suponer que él guarde una prudente distancia o tenga reservas al respecto. El suyo es el «recetario» del Frente Amplio, en el que la modernización capitalista, la base del desarrollo pleno, no tiene cabida. A confesión de parte -en las conclusiones del congreso ideológico- relevo de prueba. (El Líbero)

Claudio Hohmann