El nuevo mapa salió del closet

El nuevo mapa salió del closet

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El año 2020 Daniel Yergin publicó el libro “El Nuevo Mapa: Energía, Clima y el Choque de Naciones”. Un best seller que en forma magistral explicó el nuevo orden geopolítico que ha estado ocurriendo soterradamente a partir de que: i) por un lado Estados Unidos se hizo autosuficiente en materia de energía; ii) por otro, China se había desarrollado hasta convertirse en una potencia mundial, y iii) Rusia necesitaba diversificar sus mercados de gas y petróleo asegurando puertos y rutas para gasoductos.

Con una cantidad de información sorprendente y entretenida, el libro mostró que el orden mundial de poder económico (y militar) derivado de la crisis del petróleo de los años 70 se había quebrado, que la OPEP ya no tenía la llave que controla la energía que mueve al mundo.

Yergin anticipó que Rusia no se quedaría solamente en Crimea (ocupada el 2014), que iría por más. No había pasado un año y su predicción se cumplió. Esto lo planteó dentro de su tesis más general, que es que la pretensión de hegemonía mundial de Estados Unidos se estaba viendo enfrentada por al menos dos potencias que disputarían desembozadamente sus pedazos del planeta, China y Rusia. Esto llevaría a EE.UU. a hacer lo propio, a dejar la civilizada diplomacia para imponer sus propias fronteras.

Y así ha sido. El oso ruso sacó sus garras con crueldad en Ucrania. China, de la mano con sus créditos para el desarrollo de países pobres en Asia y África, sin mayor empacho ha inventado islas artificiales arrogándose gigantescas áreas del océano, pretensiones que acompaña con pruebas de misiles, y aviones de guerra que se pasean acompañando a sus nuevos portaaviones y naves de guerra. Filipinas, Indonesia, Malasia, y hasta Japón ahora, miran con horror y se obligan a armarse para convertirse en erizos espinudos que disuadan al dragón.

¿Y Estados Unidos?

Hasta la presidencia de Joe Biden las formas del gigante norteamericano se mantuvieron. Desde la segunda guerra mundial y durante toda la guerra fría, los portaaviones, las operaciones de la CIA, los bombardeos por aquí y por allá, se presentaron en defensa de la libertad y democracia de occidente, de resoluciones de la ONU. El abrazo fuerte de los socios de la OTAN, era la compañía que defendía la libertad de españoles, canadienses, alemanes, y ciudadanos de múltiples naciones. Ese nido acogedor creció cuando las dictaduras de izquierda se hicieron trizas al caer el muro de Berlín.

Con la actual presidencia de Trump, esa hegemonía occidental compartida se acabó, la estrategia del presidente es simple y clara. Los europeos me importan un rábano, me da lo mismo su democracia y sus riesgos, rásquense con sus uñas y paguen la cuenta. Olvídense de lo pactado hasta ahora, mis nuevos términos son estos: más aranceles, vayan pasando de a uno a hablar conmigo y, by the way, lo que sea que les digo ahora lo puedo cambiar cuando me dé la gana.

Ese fue el round 1.

El sábado 3 de enero vino el round 2. Ahora contra otros púgiles.

Rusia, Irán, Cuba y China, en forma abierta y por muchos años habían estado poniendo fichas en Venezuela (y en el caso chino en algunos otros países). Aprovechando el discurso de izquierda y antiimperialista de Chávez y luego Maduro. Todos ellos fueron por años a Caracas a apoyar al dictador de turno.

Que PDVSA (Petróleos de Venezuela SA) se quedó sin gente que opere el petróleo. No se preocupe, camarada: aquí estamos los rusos para ayudarlo. Usted dedíquese a apresar, torturar, exiliar y matar opositores, nosotros le ponemos técnicos que saben perforar pozos.

¿Le preocupa la oposición o su seguridad, le faltan doctores?: déjelo en nuestras manos, dijeron Castro y sus sucesores- ¿Anda corto de caja? Cuál es el problema, aquí tiene una línea de crédito contra puertos y otras cositas, dijo Beijing.

¿Qué se ha complicado el manejo de divisas, y necesita transportes discretos? “Que ni se sepa” es nuestro lema, respondieron desde Teherán.

Todo eso se acabó el sábado pasado.

Por varios meses el presidente Trump les mostró sus músculos a todos, mientras negociaba cómo convencer a los ucranianos de abandonar partes de su país, y mientras daba señales de proteger a Taiwán para que no le vayan a faltar chips y semiconductores a Silicon Valley, y luego de haber volado las instalaciones iraníes de enriquecimiento de uranio. En Curazao y Puerto Rico juntó todo tipo artilugios militares. Voló lanchas en el mar con el discurso de la guerra terrorista contra EE.UU., amenazó con poner botas militares en Caracas si Maduro no se sometía. Y finalmente lo hizo.

Para alegría de muchos (no para PC ni nuestro Presidente) el tirano fue sacado rápida y eficazmente rumbo a Nueva York. Esto era para proteger a Estados Unidos, desde luego. Para cuidar la democracia en occidente.

Los millones de venezolanos en el exilio lloraron de emoción y alegría.

Pero a las pocas horas emergió la dura realidad.

No se trataba de cuidar la democracia, ni el terrorismo narco.

Se trataba de dejar claro a Rusia, China, Irán y cualquier otro que estuviera por allí sin darse cuenta, que América Latina es “Territorio Trump”. No se confundan. ¿Qué va a seguir el mismo grupo de tiranos en el poder? Desde luego, quién si no podría gobernar. No queremos un Irak 3.0.

¿La democracia, las libertades, los torturados, la corrupción? Eso ya se verá.

¿El derecho internacional, el Estado de Derecho, la Constitución de EE.UU.? No hay tiempo para formalidades. Los abogados lidiarán con eso. Por ahora a lo que importa, el petróleo lo manejamos nosotros. ¡Hay que pagar los portaaviones y los navy seals!

¡Bienvenidos al Nuevo Mapa! Y mejor ir acostumbrándose, porque portaviones no tenemos.

Conversaba con unos amigos que, dada esta nueva realidad, dentro de todo no está tan mal estar en el patio de EE.UU. Me gusta más que haber quedado en el patio de China o Rusia. (Ex Ante)

Ricardo Escobar