Estaban todos ahí. Militares, Fiscalía, Carabineros, Aduanas, Policía de Investigaciones, pero, por alguna extraña razón el peso del Estado no se sentía. Parecía que existía un orden preestablecido que superaba la presencia física de las instituciones. Colchane es un ecosistema en sí mismo.
Mientras en Santiago nos preparamos para las actividades relacionadas con el día del joven combatiente y enfrentamos las manifestaciones por el alza de los combustibles, en la frontera de la región de Tarapacá, resguardar los pasos ancestrales y los tradicionales cruces a la feria parecieran ser la preocupación de las autoridades locales.
El Plan Escudo Fronterizo llegó a alterar un sistema de funcionamiento, pero uno no sólo criminal. La crisis migratoria ya pasó, no hay carpas ni presión en el complejo aduanero, pero las personas siguen cruzando. En un turno de siete días de la fiscalía fronteriza tuvieron nueve hallazgos de cadáver. Sin intervención de terceros y producto de la hipotermia, la migración irregular va dejando huella.
Estuve en ese lugar hace 10 años. No había luz eléctrica, señal de celular ni internet. Hoy, las construcciones llegan hasta el complejo, el que ha crecido notablemente en tamaño. Pero pareciera que ninguna medida ha sido capaz de intervenir realmente ese ecosistema donde lo legal se cruza con lo ilícito y donde la gobernanza criminal es mixta.
Resulta más que evidente que las estrategias de control fronterizo diseñadas desde la capital no están teniendo el resultado esperado. No es la falta de conocimiento técnico, es la necesidad de contar con una comprensión territorial y cultural del lugar sumado a un entendimiento real de las lógicas criminales.
La zanja y las rejas han trasladado los cruces a zonas alejadas y el contrabando y la droga sigue pasando por el lugar. El crimen organizado, no importa lo que haga el Estado, siempre va a encontrar la manera de entrar. Si el negocio es rentable, no se va a detener.
Por eso, resulta fundamental incorporar la mirada local, la lógica territorial. Saber a qué y a quién responde la zona. Sin eso, no hay zanja ni escáner que sirva. El gobierno está avanzando hacia un trabajo integrado, las instituciones empiezan a conversar, pero, la presencia del Estado sigue sin sentirse.
Que las medidas inmediatas a raíz del conflicto en Medio Oriente no confundan al gobierno porque, en el norte los precios se fijan según necesidades y no responden a un alza del petróleo. Los cruces se hacen a pie usando pasos ancestrales y caminos para el ganado. En el norte las economías ilícitas del tráfico de personas y el contrabando seguirán marcando a las localidades fronterizas.
No existe una bala de plata, pero si a ese plan de seguridad no se le incluye la corrupción, amenazas y extorsiones, no importará el esfuerzo porque no se estará mirando el ecosistema completo. Las barreras físicas serán eficientes si se integran a una respuesta completa que aborde el rol del gobierno local, el desarrollo que ha tenido el lugar y las lógicas de relación comunitaria. En otras palabras, que se integre realmente al territorio, con reglas claras y márgenes de acción inconfundibles. (El Líbero)
Pilar Lizana
