Cada semana, lejos del debate público y de la confrontación política, un grupo de parlamentarios chilenos se reúne en un templo masónico en Valparaíso para participar en rituales y reflexiones que trascienden sus diferencias ideológicas. Se trata de la Logia Pedro Castelblanco Agüero 229, conocida como la “logia parlamentaria”, un espacio que congrega a diputados, senadores y funcionarios del Congreso bajo principios comunes de la masonería.
El origen de esta instancia se remonta a comienzos de la década de 1990, cuando legisladores masones buscaron compatibilizar sus compromisos políticos con la vida interna de la fraternidad. Su funcionamiento formal se consolidó hace 16 años, aunque mantiene una tradición más antigua vinculada a la presencia histórica de la masonería en la política chilena.
Las reuniones se realizan en un entorno reservado, donde los participantes —todos hombres— dejan de lado sus afiliaciones partidarias para integrarse como “hermanos”. En ese contexto, desarrollan actividades centradas en la ética, la filosofía y el perfeccionamiento personal, a través de exposiciones conocidas como “planchas”.
Pese al carácter discreto de la logia, su existencia ha generado cuestionamientos sobre eventuales conflictos de interés. Algunos parlamentarios reconocen que, aunque la influencia masónica ha disminuido con el tiempo, aún es perceptible en ciertos espacios del Congreso, lo que abre interrogantes sobre su impacto en decisiones políticas relevantes.
Desde el interior de la logia, sin embargo, sus integrantes descartan cualquier interferencia indebida, asegurando que las posturas políticas se mantienen fuera de las sesiones y que prima el criterio individual en las votaciones legislativas.
Más allá de las controversias, especialistas coinciden en que la masonería tuvo un rol protagónico en la política chilena durante gran parte del siglo XX, con una fuerte presencia en el Congreso e incluso en la presidencia. No obstante, en la actualidad su influencia sería menor, desplazada por otros centros de poder, especialmente en el ámbito económico.
En ese escenario, la logia parlamentaria aparece hoy como un espacio de encuentro más simbólico que decisivo, donde conviven tradición, discreción y redes personales en medio de un sistema político cada vez más expuesto al escrutinio público. (NP-ChatGPT-Biobio)
