Informaciones recientes revelan la existencia de conversaciones de alto nivel en Ciudad de México entre funcionarios de la CIA y Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y jefe de inteligencia cubana. El objetivo sería pactar una transición controlada ante el colapso económico de la isla tras el fin de la ayuda venezolana. El diseño de este acuerdo contempla el exilio de la cúpula histórica —incluyendo a Raúl Castro— hacia Rusia, mientras que Miguel Díaz-Canel quedaría como la figura que asumiría los costos políticos y judiciales del régimen.

El plan establecería a Alejandro Castro Espín como el nuevo presidente, una figura capaz de mantener el control sobre la estructura militar y de seguridad mientras se recomponen los lazos económicos con Estados Unidos. Estas negociaciones, que se han mantenido bajo estricto sigilo para evitar el sabotaje de potencias externas, incluyen salvoconductos para los generales y la protección de activos financieros que ya estarían siendo movilizados en bancos extranjeros. Díaz-Canel, en un reciente mensaje, admitió el interés por un diálogo “civilizado”, aunque fuentes confirman que su margen de decisión es nulo frente al avance de Castro Espín.

En Chile y el resto de la región, la noticia ha desatado una profunda inquietud. El eventual éxito de esta transición implica la apertura de los archivos de la inteligencia cubana, lo que podría exponer a una red de informantes y espías que operaron durante décadas. Sorprendentemente, los reportes indican que esta lista no solo incluye a figuras de izquierda, sino también a empresarios y políticos de derecha que habrían sido reclutados mediante técnicas de chantaje relacionadas con su vida privada. El destape de estos nombres amenaza con sacudir las estructuras de poder en gobiernos que hoy predican orden y seguridad.

México actúa como mediador y anfitrión discreto en este proceso que busca cerrar el ciclo del “exporte ideológico” cubano en América Latina. Mientras las cancillerías regionales intercambian llamadas reservadas ante la fragilidad institucional, Washington apuesta por una salida pragmática que estabilice el flujo migratorio y minimice riesgos geopolíticos. De concretarse, esta transición pactada en hoteles reservados marcará el fin de la era revolucionaria, dejando un rastro de exiliados y pactos de silencio que la historia difícilmente absolverá. (NP-Gemini-Interferencia-Carel Fleming (desde Washington D.C.)