El gobierno del Presidente José Antonio Kast equivoca el camino cuando pide a los chilenos apretarse el cinturón y sacrificarse para enfrentar la compleja situación fiscal en la que se encuentra el país. A menos que el gobierno demuestre primero que se está ajustando el cinturón y bajando el gasto, la petición del Presidente no va a tener eco en una ciudadanía que desconfía profundamente de sus gobernantes.

El debate público respecto a la decisión del gobierno de traspasar el shock del precio del petróleo directamente a los consumidores se ha centrado en dos verdades a medias. Mientras la administración ha insistido en que no tenía otra opción, la oposición insiste en que el gobierno está haciendo sufrir innecesariamente a la gente.

El gobierno correctamente alega que la administración anterior fue fiscalmente irresponsable y que recibió una caja fiscal sin recursos, Por eso, no habría espacio para ir en ayuda de las personas para alivianar el shock del precio del petróleo. Las consecuencias de una mayor inflación y de pérdida en el poder de consumo de las personas, alega la administración, son un resultado inevitable de la irresponsabilidad en el manejo fiscal del gobierno anterior. Pero ese argumento desconoce que Chile, relativo a países comparables, tiene espacio para endeudarse en casos de emergencia. Nadie sabe cuánto va a durar la guerra en Irán ni cuáles serán los precios del petróleo en unos meses. Pero es evidente que el shock de precios del petróleo es algo inusual. El mecanismo de estabilización de precios de los combustibles (MEPCO) creado en 2014 fue diseñado precisamente para reducir el impacto negativo de un shock de este tipo. Las razones de por qué el fondo de estabilización está ahora sin recursos bien pudieran apuntar a la irresponsabilidad del gobierno anterior. Pero la idea de estabilizar los precios del petróleo es económicamente sensata.

Por su parte, la oposición acusa al gobierno de hacer sufrir al pueblo pasando el aumento de precios directamente a los bolsillos de la gente. Considerando la trayectoria de irresponsabilidad fiscal de la izquierda en años recientes, es descarado criticar al gobierno de Kast, que recién comienza, por no querer usar la tarjeta de crédito para una necesidad urgente después de que ellos hicieron subir la deuda de forma irresponsable. Pretendiendo que el endeudamiento público no tiene costos, la oposición quiere seguir en la peligrosa trayectoria de vivir con déficits fiscales permanentes.

En el medio de este debate, los chilenos terminan pagando los platos rotos. El precio de los combustibles ha subido y el efecto en la inflación ya se comienza a observar. La gente esta preocupada por lo que se viene y, además, está comprensiblemente enojada con las élites. Hay molestia con la izquierda por ser fiscalmente irresponsable en el pasado. Pero también hay molestia con la derecha por no entender que la situación económica es especialmente alarmante.

La falta de empatía del gobierno es evidente. El Presidente Kast, torpemente, habló de los sacrificios que deben hacer las familias cuando hay problemas económicos. Kast recordó que, en su familia, algunos hermanos no se pudieron ir a estudiar al extranjero y otros no se pudieron ir de vacaciones cuando hubo crisis en el pasado. Hasta el comentario de un ministro que llamó a la gente a levantarse más temprano para pagar el menor valor del pasaje del metro cuando subió el pasaje del metro unos días antes del estallido social de 2019 fue menos desafortunado que el comentario del Presidente de la República.

Tal vez el gobierno tiene la convicción de que esta es una batalla cultural e ideológica que vale la pena dar. Puede ser que sienta que negarse a endeudar al estado para amortiguar parcialmente los precios del petróleo sea una renuncia a sus valores y principios. Pero cuando se le pide a la gente que se sacrifique por el país, las autoridades deben comenzar por sacrificarse ellos mismos. A menos que el gobierno convenza a la opinión pública que las autoridades también se están sacrificando y que las bases más evidentes de apoyo del gobierno —la élite empresarial— también se está sacrificando, los chilenos de a pie no aceptarán el llamado a sacrificarse.

Aunque sea verdad que el Estado tenga ahora mucho menos margen fiscal para maniobrar, los chilenos albergan fundadas sospechas de que el gobierno de Kast está tratando de construir una narrativa que presenta la situación fiscal del país como mucho peor de lo que realmente está. Si la gente no le cree al gobierno y si Kast no se gana primero la confianza de los chilenos antes de pedirle sacrificios al pueblo, el proyecto político de esta administración simplemente no va a poder flotar. Porque la gente no quiere terminar pagando los platos rotos, el mensaje del gobierno llamando a apretarse el cinturón deberá primero mostrar con hechos concretos, que la elite política y empresarial del país se está apretando también el cinturón antes de que La Moneda tenga credibilidad para pedirle al pueblo que se sacrifique voluntariamente y renuncie a pedir ayuda estatal para superar este complejo momento. (El Líbero)

Patricio Navia