En una entrevista le preguntaron a Roberto Bolaño si compartía la idea de que el momento más dramático de la paternidad ocurre cuando el hijo se va, a lo que respondió: “No coincido con eso. Si por mí fuera, me gustaría vivir cien años y estar protegiendo a mi hijo siempre. Creo que la razón no tiene nada que ver en una relación paterno-filial, nada que ver. Tal vez de la perspectiva del hijo la razón se imponga, a Dios gracias. Pero desde la perspectiva de un padre es muy difícil que la razón se pueda imponer. Uno actúa visceralmente, actúa conforme se van acumulando los miedos y las angustias. Por ejemplo, mientras yo no fui padre era muy difícil herirme, creí que por fin había conseguido una cierta invulnerabilidad. Desde el momento que tengo mi hijo mayor, se acaba todo eso […]”.
Hoy esa intuición adquiere un significado distinto. El cuidado de niños, niñas y adolescentes ya no se despliega solamente en el mundo físico. Una parte sustancial de la vida de las nuevas generaciones transcurre en el espacio digital, y es allí donde el deber de cuidado enfrenta uno de sus mayores desafíos para las familias, los Estados y las empresas. La preocupación por lo que los niños pueden estar viviendo en esos entornos no responde únicamente a un temor visceral de los padres: la evidencia científica muestra que existen riesgos reales que exigen respuestas oportunas y adaptativas.
El Informe Preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial, creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, constata que el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) avanza a un ritmo muy superior a nuestra capacidad para evaluar sus impactos y articular sistemas adecuados de gobernanza. Menos de un tercio de los países en desarrollo cuenta con estrategias nacionales sobre la materia.
Uno de los conceptos más sugerentes del informe es el de “erosión epistémica”, entendida como el debilitamiento gradual de la capacidad colectiva para distinguir la verdad de la falsedad. Pensemos, por ejemplo, en entrenadores virtuales generados mediante IA que exhiben cuerpos quiméricos y entregan recomendaciones a millones de usuarios. Los algoritmos, optimizados para captar y retener la atención, transforman la propia arquitectura de las plataformas en un mecanismo de persuasión. Ello expone a niños, niñas y adolescentes a contenidos nocivos para su salud y desarrollo y favorece la consolidación de creencias altamente emotivas que debilitan el pensamiento crítico y alimentan la polarización.
El informe advierte, además, dos déficits relevantes: por una parte, que numerosos marcos de gobernanza de la IA no consideran expresamente a la infancia; por otra, que el debate regulatorio se ha concentrado en la verificación de edad y la restricción de determinadas funcionalidades, cuando los incentivos debieran orientarse también al desarrollo de arquitecturas más seguras y a evaluaciones rigurosas de las interacciones dinámicas con los usuarios más jóvenes, a fin de detectar y prevenir respuestas dañinas.
Esta constatación refleja, precisamente, que la gobernanza trasciende la regulación. Como señalan Cooper y Kompella (2026), mientras la gobernanza engloba el conjunto de mecanismos que orientan las decisiones, los comportamientos y los valores, la regulación se limita a las normas exigibles, constituyendo solo uno de los instrumentos mediante los cuales aquella se hace efectiva.
El Panel documenta, además, riesgos específicos para la infancia en materia de privacidad, protección contra la explotación y el abuso sexual, salud y bienestar. Un dato resulta particularmente elocuente: se estima que las imágenes de 1,2 millones de niños de once países del Sur Global han sido manipuladas para crear ultrafalsificaciones de carácter sexual.
Por ello, el informe propone incorporar la perspectiva de derechos humanos desde la fase de diseño de los sistemas de IA hasta su implementación y evaluación, es decir, a lo largo de todo su ciclo de vida. Proceder de este modo no busca ralentizar la innovación o la competitividad. Tampoco implica actuar desde el miedo, sino desde la precaución responsable en tiempos de incertidumbre. En el mundo digital, como en el físico, cuidar a la infancia y adolescencia es una responsabilidad compartida. (El Mercurio)
Patricia Pérez Goldberg
Ex ministra de Justicia
