El Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START por sus siglas en inglés) expiró el pasado 5 de febrero y por primera vez desde principios de la década de 1970, las potencias nucleares del mundo —Estados Unidos y Rusia— operan con sus arsenales nucleares sin límite.  

Durante la Guerra Fría, la carrera nuclear llevó a la acumulación de un inventario de unas 70 mil ojivas nucleares, suficientes para destruir el mundo, por completo, varias veces.    

Tras la Crisis de los Misiles de Cuba en 1962, una serie de iniciativas diplomáticas comenzaron a ser implementadas para limitar y reducir esta grave amenaza.  El Tratado de Tlatelolco, liderado por la diplomacia mexicana, llevó a la creación de la primera zona libre de armas nucleares en 1967, convirtiéndose en referente para el mundo.  

Tras décadas de negociación, el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) entró en efecto en 1991, coincidiendo con el fin de la Guerra Fría.  START redujo a 6,000 el número de bombas nucleares activas (listas para ser lanzadas) en los inventarios de Estados Unidos y Rusia.  Su sucesor, el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas (SORT) redujo el límite a 2,200 en 2002.  El sucesor de SORT, denominado New START entró en vigor en 2011 y logró reducir a 1,550 el límite en 2018.      

Desafortunadamente, la expiración del tratado New START el pasado 4 de febrero, marca una ruptura decisiva en la arquitectura global de control de armamento nuclear, dando paso a un período de profunda incertidumbre en la seguridad internacional.

La ausencia de un mecanismo de verificación aumentará la probabilidad de un incremento en el número de ojivas nucleares activas, en caso de una crisis geopolítica.  

Aparte de Estados Unidos y Rusia, ahora hay otros siete países que cuentan con armamento nuclear: China, Francia, Reino Unido, India, Paquistán, Israel y Corea del Norte.  

Como referencia, durante estas décadas hubo varios países, entre ellos Argentina, Brasil, Canadá, Corea del Sur, Suecia, Suiza, Taiwán y Yugoslavia, que consideraron armarse nuclearmente, pero por diversas razones geopolíticas y diplomáticas optaron por no hacerlo.  Sudáfrica es el único país que obtuvo armas nucleares y renunció a ellas en 1989.

El colapso del tratado también se produce en medio de amplios desafíos geopolíticos, incluido el deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, la guerra en curso en Ucrania y la creciente desconfianza entre las potencias.

La expansión del arsenal nuclear de China, que cuenta con 600 ojivas, junto a la aspiración nuclear de Irán, podrían llevar a que otros países, incluyendo Arabia Saudita, Turquía, Polonia, Ucrania, Corea del Sur, Taiwán, e incluso Japón y Alemania reconsideren su posición con respecto a armarse nuclearmente.  

Que este momento desencadene una nueva carrera armamentística o se impulse una diplomacia creativa dependerá de cómo respondan las potencias nucleares a un mundo repentinamente sin límites.  ¿Podrá México retomar un papel como protagonista del desarme nuclear mundial? (El Heraldo de México)

Íñigo Guevara Moyano

Director de la Compañía de Inteligencia Militar Jane y profesor adjunto en el Programa de Estudios de Seguridad de la Universidad de Georgetown, en Washington DC