Desde 2018, Estados Unidos ha endurecido sus leyes para impedir que sus rivales inviertan en sus sectores estratégicos, bloqueando inversiones en todo, desde semiconductores hasta telecomunicaciones.
Pero las normas no siempre fueron tan estrictas.
En 2016, Jeff Stein, un veterano periodista que cubría los servicios de inteligencia estadounidense, recibió una alerta: una pequeña aseguradora especializada en seguros de responsabilidad civil para agentes del FBI y la CIA había sido vendida a una entidad china.
“Alguien con información privilegiada me llamó y me dijo: ‘¿Sabes que la aseguradora que protege al personal de inteligencia es propiedad de los chinos?'”, recuerda. “¡Me quedé atónito!”.
En 2015, la aseguradora, Wright USA, fue adquirida discretamente por Fosun Group, una empresa privada que se cree mantiene estrechos vínculos con el gobierno chino.
La preocupación de Estados Unidos fue inmediata: Wright USA tenía acceso a información personal de muchos de los principales agentes del servicio secreto y funcionarios de inteligencia estadounidenses.
En Estados Unidos, nadie sabía quién podría tener acceso a esa información ahora que la aseguradora y su matriz, Ironshore, eran de propiedad china.
El caso de Wright USA no fue aislado.
En las últimas dos décadas, China se ha convertido en el mayor inversor extranjero del mundo, lo que le otorga el potencial para dominar industrias sensibles, secretos y tecnologías clave.
Pekín considera secreto de Estado el detalle de sus gastos en el extranjero: cuánto dinero gasta y dónde.
Sin embargo, sobre los términos de la venta de Wright USA, Stein afirma: “No había nada ilegal en ello; era una operación transparente, por así decirlo. Pero, dado que en Pekín todo está tan interconectado, en esencia se le está entregando esa información a la inteligencia china”.
El gobierno chino participó en el acuerdo: nuevos datos a los que tuvo acceso la BBC revelan que cuatro bancos estatales chinos proporcionaron un préstamo de US$1.200 millones, canalizado a través de las Islas Caimán, para que Fosun pudiera adquirir Wright USA.
El artículo de Stein se publicó en la revista Newsweek. Y en Washington hubo una rápida reacción: se inició una investigación por parte del Comité de Inversión Extranjera en Estados Unidos (Cfius), la rama del Tesoro estadounidense encargada de supervisar las inversiones.
Poco después, la empresa fue vendida nuevamente, esta vez a estadounidenses. Se desconoce quién ordenó la venta.
Fosun y Starr Wright USA, la empresa que ahora es propietaria de Wright USA, no respondieron a la solicitud de comentarios de la BBC.
Fuentes de inteligencia estadounidenses de alto nivel confirman que la venta de Wright USA fue uno de los casos que llevaron a la primera administración Trump a endurecer sus leyes de inversión en 2018.
Muy pocos comprendieron entonces que este gasto respaldado por el Estado chino parecía formar parte de una estrategia mucho más amplia llevada a cabo por Pekín para invertir y adquirir activos en todos los continentes.
“Durante muchos años, asumimos que prácticamente todo el dinero que fluía desde China se dirigía a países en desarrollo”, afirma Brad Parks, director ejecutivo de AidData.
“Por eso, nos sorprendió enormemente descubrir que, en realidad, cientos de miles de millones de dólares se invertían en países como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, sin que nos diéramos cuenta”.
La investigación de AidData
AidData es un laboratorio de investigación con sede en Virginia que se especializa en el seguimiento del gasto público en el extranjero.
Está ubicado en William & Mary, una de las universidades más antiguas de Estados Unidos, y se financia con fondos de gobiernos y organizaciones benéficas de todo el mundo.
En los últimos 12 años, AidData se ha centrado principalmente en China.
Un esfuerzo de cuatro años con la participación de 120 investigadores dio como resultado el primer intento conocido de contabilizar todas las inversiones chinas respaldadas por el Estado en el extranjero.
El conjunto completo de datos del grupo está disponible como código abierto, aunque la BBC tuvo acceso anticipado exclusivo.
El hallazgo clave de AidData: desde el año 2000, Pekín ha gastado US$2,1 billones de dólares fuera de sus fronteras, con una distribución más o menos equitativa entre países en desarrollo y países ricos.
“China posee un sistema financiero sin precedentes en el mundo”, afirma Victor Shih, director del Centro para la China del Siglo XXI de la Universidad de California en San Diego.
China cuenta con el sistema bancario más grande del mundo, mayor que el de Estados Unidos, Europa y Japón juntos, añade.
Esta magnitud, junto con el control que Pekín ejerce sobre los bancos estatales, le otorga capacidades únicas.
“El gobierno controla los tipos de interés y dirige el flujo de crédito”, explica Shih. “Esto solo es posible con un control de capitales muy estricto, algo que ningún otro país podría mantener de forma sostenible”.
Algunas de las inversiones en economías desarrolladas parecen haberse realizado con el objetivo de obtener una rentabilidad considerable.
Otras se alinean con los objetivos estratégicos de Pekín, definidos hace una década en una importante iniciativa gubernamental denominada Made in China 2025.
En ella, las autoridades chinas trazaron un plan claro para dominar diez industrias punteras, como la robótica, los vehículos eléctricos y los semiconductores, para este año.
Pekín pretendía financiar grandes inversiones en el extranjero para poder importar tecnologías clave a China.
Dentro del plan quinquenal de Pekín
La alarma mundial que suscitó el plan llevó a China a dejar de mencionarlo públicamente, pero Victor Shih afirma que “siguió vigente” como estrategia rectora.
“Todavía se publican todo tipo de planes”, declara, “incluidos un plan de inteligencia artificial y un plan de fabricación inteligente. Sin embargo, el plan más importante de todos es el 15º plan quinquenal”.
En una reunión clave del Partido Comunista Chino el mes pasado, los líderes chinos establecieron el objetivo de acelerar la “autosuficiencia y el desarrollo científico y tecnológico de alto nivel” hasta 2030.
La nueva base de datos de AidData destaca el gasto público en el extranjero que coincide con los diez sectores prioritarios de 2015.
Un reportaje anterior de la BBC detalló cómo el gobierno chino financió la compra de una empresa británica de semiconductores.
Estados Unidos, Reino Unido y muchas otras grandes economías reforzaron sus mecanismos de control de inversiones después de que, al parecer, cada país se viera sorprendido por operaciones como la venta de la aseguradora Wright USA.
Brad Parks, de AidData, afirma que los gobiernos de los países ricos no se percataron inicialmente de que las inversiones chinas en cada país formaban parte de la estrategia más amplia de Pekín.
“En un principio, pensaron que se trataba simplemente de muchas iniciativas individuales de empresas chinas”, comenta.
“Creo que con el tiempo se han dado cuenta de que, en realidad, el aparato estatal de Pekín, en la sombra, es quien financia todo esto”.
Sin embargo, cabe destacar que dichas inversiones y compras son legales, aunque a veces se realicen a través de empresas fantasma o mediante cuentas en paraísos fiscales.
“El gobierno chino siempre ha exigido a las empresas chinas que operan en el extranjero que cumplan estrictamente con las leyes y regulaciones locales, y las ha apoyado constantemente en la cooperación internacional basada en el beneficio mutuo”, declaró la embajada china en Londres a la BBC.
“Las empresas chinas no solo ofrecen productos y servicios de calidad a personas de todo el mundo, sino que también contribuyen activamente al crecimiento económico local, al desarrollo social y a la creación de empleo”.
Los patrones de gasto de China están cambiando, según muestra la base de datos de AidData, con fondos estatales de Pekín fluyendo hacia países que han decidido acoger la inversión china.
En los Países Bajos, se ha debatido sobre Nexperia, una problemática empresa de semiconductores de propiedad china.
En la base de datos de AidData aparece que bancos estatales chinos prestaron US$800 millones para ayudar a un consorcio chino a adquirir Nexperia en 2017. Dos años después, la propiedad pasó a otra empresa china: Wingtech.
El valor estratégico de Nexperia se puso de manifiesto cuando las autoridades neerlandesas tomaron el control de las operaciones de la empresa en septiembre, en parte, según el gobierno holandés, por la preocupación de que la tecnología de Nexperia corriera el riesgo de ser transferida a otras divisiones de la empresa Wingtech.
Esta audaz medida provocó que Nexperia se dividiera en dos, separando sus operaciones en los Países Bajos de su producción en China.
Nexperia confirmó a la BBC que su filial china había dejado de operar dentro del marco de gobernanza de Nexperia y estaba ignorando las instrucciones.
La empresa declaró que acogía con satisfacción el compromiso de China de reanudar las exportaciones de sus chips clave a los mercados globales.
Xioxue Martin, investigadora del Instituto Clingendael de La Haya, afirma que muchos en los Países Bajos se sorprendieron por la forma en que el gobierno gestionó el caso, dado que siempre han administrado con cautela su relación con China.
“Somos un país que siempre ha tenido mucho éxito con el libre comercio. Y esta es, en realidad, la vertiente comercial de la política neerlandesa”, explica.
“Solo recientemente nos hemos dado cuenta de que, en realidad, la geopolítica hace necesario contar con una política industrial más estricta, con este control de inversiones, cuando antes no se le prestaba tanta atención”.
Xioxue Martin es clara: es fácil caer en el temor excesivo a las posibles consecuencias de mantener un volumen tan alto de negocios con una superpotencia como China.
“Existe el peligro de dar la impresión de que China es un bloque monolítico, que todos quieren lo mismo y que su objetivo es dominar a Europa y a Estados Unidos, cuando obviamente no es así”, afirma.
“La mayoría de las empresas, especialmente las privadas, solo quieren ganar dinero. Quieren ser tratadas como cualquier otra empresa. No quieren la mala acogida que están recibiendo en Europa”.
Si China lleva tanta ventaja a sus rivales en sus planes de inversión en sectores estratégicos, ¿significa eso que la carrera por dominar estos ámbitos ya ha terminado?
“¡No! Habrá varias etapas”, sostiene Brad Parks. “Hay muchas empresas chinas que todavía intentan realizar este tipo de adquisiciones. La diferencia es que ahora se enfrentan a un mayor escrutinio para evaluar estas fuentes de capital extranjero”.
“Así que China toma la iniciativa. China ya no es seguidora, es líder. Marca el paso. Pero lo que preveo es que muchos países del G7 pasarán de la defensa al ataque”.
Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cq6zezrmlp7o
HOW CHINA ACQUIRED STRATEGIC COMPANIES IN THE WEST (AND WHY IT COULD BE A RISK TO THOSE COUNTRIES’ NATIONAL SECURITY)
Since 2018, the United States has tightened its laws to prevent rivals from investing in its strategic sectors, blocking investments in everything from semiconductors to telecommunications.
But the rules weren’t always so strict.
In 2016, Jeff Stein, a veteran journalist covering U.S. intelligence, received a tip: a small insurer specializing in liability insurance for FBI and CIA agents had been sold to a Chinese entity.
“Someone with inside information called me and said, ‘Did you know that the insurer that protects intelligence personnel is owned by the Chinese?'” he recalls. “I was stunned!”
In 2015, the insurer, Wright USA, was quietly acquired by Fosun Group, a private company believed to have close ties to the Chinese government.
The United States’ concern was immediate: Wright USA had access to the personal information of many top U.S. Secret Service agents and intelligence officials.
COMO ESTADOS UNIDOS USA AUKUS PARA TRANSFORMAR AUSTRALIA EN SU ÚLTIMA FRONTERA CONTRA CHINA
La histórica sociedad en Defensa de Estados Unidos y Australia se profundiza, lo que transforma a Canberra en la última frontera de Washington D.C. contra China. En este sentido, mejoras conjuntas en infraestructura, producción de armamento e incluso minería de tierras raras muestran que las estrategias de los dos países, más que alinearse, se funden.
Así lo dio a entender el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, en la última reunión anual de la Australia-United States Ministerial Consultations (AUSMIN), realizada en Washington D.C.: “Cuánto más fuertes seamos más vamos a poder disuadir el tipo de conflictos que ninguno de nosotros quiere ver”.
Previamente, el secretario de Estado, Marco Rubio, hizo una referencia a la histórica sociedad en Defensa entre Estados Unidos y Australia, país que, recordó, “es nuestro único aliado que ha peleado con nosotros en cada guerra” de las últimas décadas. Ahora, también, esta sociedad trabaja con una una hipótesis de conflicto por venir: China.
Se profundiza la sociedad entre Estados Unidos y Australia para contrarrestar a China
La profundización del vínculo entre Estados Unidos y Australia se canaliza a través de AUKUS, la alianza en Defensa que también suma a Reino Unido, establecida en 2021, con la que el presidente Donald Trump anunció que continuará “a todo vapor”.
En la última AUSMIN, el secretario Hegseth listó una serie de iniciativas que van en el sentido de fortalecer la alianza: mejoras a bases australianas para garantizar una mayor rotación de bombarderos estadounidenses; co-producción de armas guiadas, misiles de precisión y sistemas hipersónicos; mejoras en la cooperación para la producción de torpedos Mark 54 y la integración de cadenas de suministros en tierras raras y minerales críticos. “Estas son maneras prácticas y realistas en las que nuestros dos países pueden juntarse para asegurar que proveamos paz a través de la fuerza”, subrayó el funcionario.
El segundo pilar de Aukus, el plan de Defensa más importante en la historia de Australia, contempla la renovación de la flota de submarinos del país oceánico. El programa se proyecta a 30 años, con una inversión de U$D 239 mil millones que prevé la compra a los Estados Unidos de tres submarinos de clase Virginia y el diseño a futuro de un modelo británico que usará tecnología de los tres países.
El trato económico que sustenta la alianza entre Estados Unidos y Australia
Aunque la alianza entre Estados Unidos y Australia está signada por la necesidad de marcar una frontera física con China, Washington D.C. también tiene otro interés en su aliado regional: las tierras raras y minerales críticos.
La visita del primer ministro australiano Anthony Albanese a la Casa Blanca en octubre terminó con el compromiso de una inversión conjunta por más de U$D 2 mil millones en proyectos asociados a la extracción de este tipo de componentes, vitales para tecnologías del espectro civil y militar. De esta manera, la inversión total de Estados Unidos en el sector alcanzará más de U$D 3 mil millones, mientras que el Pentágono anunció que va a financiar una mina de galio en Australia Occidental. En paralelo, el Export-Import Bank de Estados Unidos también emitió comunicados expresando su intención de proveer hasta U$D 2.2 mil millones en financiamiento.
El proyecto fue llamado por oficiales norteamericanos “un modelo para la cooperación global en las cadenas de suministros”. Detrás está también el esfuerzo por desafiar a China en un sector clave: cerca del 70% de la producción de estos materiales se centraliza en la potencia asiática, que a la vez domina el 90% de su procesamiento.
HOW THE UNITED STATES IS USING AUSTRALIA TO TRANSFORM IT INTO ITS LAST BORDER AGAINST CHINA
The historic defense partnership between the United States and Australia is deepening, transforming Canberra into Washington D.C.’s last frontier against China. In this sense, joint improvements in infrastructure, weapons production, and even rare earth mining show that the two countries’ strategies are not just aligned, but merging.
This was implied by U.S. Secretary of Defense Pete Hegseth at the latest annual meeting of the Australia-United States Ministerial Consultations (AUSMIN), held in Washington D.C.: “The stronger we are, the more we will be able to deter the kinds of conflicts that neither of us wants to see.”
Previously, Secretary of State Marco Rubio referred to the historic defense partnership between the United States and Australia, a country which, he reminded everyone, “is our only ally that has fought with us in every war” of the last few decades. Now, this society is also working with a hypothetical future conflict: China.
The partnership between the United States and Australia is deepening to counter China.
JAPÓN SE REBELA ANTE EE.UU. Y CHINA AL MISMO TIEMPO: VUELVE LA LUCHA ENTRE IMPERIOS
Se produjo un incidente entre China y Japón cuando un radar chino de control de tiro “apuntó” contra un caza F-15 japonés. El incidente marca el agravamiento de la situación en el Extremo Oriente y un escenario de inestabilidad que podría desembocar en algo más peligroso.
Algunos apuntan como inicio de la crisis la elección de Sanae Takaichi como primer ministro de Japón y otros su declaración respecto a la decisión de defender a Taiwán de una invasión china. Pero las tensiones tienen un origen mucho más profundo y se adentran en la historia. Es un conflicto que lleva más de un siglo y medio. Comienza en 1894 con la primera guerra entre China y Japón luego de que los japoneses decidieron dejar el aislamiento y comenzó la Restauración Meiji en 1866. El conflicto terminó con una derrota de la dinastía china Qing. El efecto de la victoria japonesa llega al presente, porque implicó que China tuviera que ceder el control de Taiwán, la Isla de los Pescadores o Penghu y otros territorios. Además, tuvo que pagar una indemnización de 200 millones de taeles, unos U$S 18 mil millones actuales.
Para China fue humillante y ruinoso, marcó un antecedente de la influencia japonesa sobre Taiwán y marcó un punto de debilidad que fue aprovechado por Japón para tomar las islas Senkaku en 1895. Esas islas, como Taiwán, taponan la salida de China hacia el mar.
En 1931 Japón invadió el noroeste de China, en 1932 formó el estado títere de Manchukuo y en 1937 avanzó sobre el resto del territorio chino hasta tomar 4,5 millones de Km2. Esto es 12 veces el tamaño actual de Japón y el otro efecto fue una ocupación brutal que China no olvida. Los ejemplos más brutales fueron la masacre de Nanking cuando las tropas niponas asesinaron a unos 300.000 pobladores en el mes y medio posterior a la caída de la ciudad y los experimentos crueles con ciudadanos chinos llevados adelante por la Unidad 731del ejercito japonés.
También pesa en la memoria cultural china la cuestión de las “Damas de Consuelo”, la red de esclavitud sexual que sometió a 200.000 mujeres chinas y coreanas. Con la rendición de Japón en 1945, a diferencia de Alemania, no hubo juicios masivos contra los criminales de guerra. Un acuerdo dentro del pacto de rendición hizo que el emperador Horohito y muchos generales japoneses que quedaban vivos evadieran su paso por juicios como el de Nuremberg. Shiro Ishii, jefe de la Unidad 731 murió en 1959 sin rendir cuentas por las 12.000 muertes que provocó.
EEUU tenía una excusa y era la de usar a Japón como freno para la expansión comunista. Japón aceptó el rol y en 1949, cuando la guerra civil china terminó con el triunfo de la fracción de Mao apoyada por la URSS, reconoció como gobierno a la facción nacionalista en Taiwán. En 1951 Japón firmó con el nuevo gobierno chino el Tratado de San Francisco en el que renunció a sus reclamos sobre los territorios de Corea, Taiwán y las Islas Kuriles, de los Pescadores, Spratly y Sajalín. Pero el texto era ambiguo sobre la soberanía china sobre Taiwán.
Para ese momento Japón era la base principal de EEUU para su intervención en la Guerra de Corea en la que se enfrentaba indirectamente con China y Rusia. Las relaciones entre japoneses y chinos era pésima, pera la protección de los EEUU ponía a Japón a resguardo. Es importante rastrear esos antecedentes porque explican la crisis del presente. En 1972 se terminó la ocupación estadounidense de Japón con la entrega de las islas Senkaku, que ya eran reclamadas por China con el mismo énfasis que pedía Taiwán y las islas de los Pescadores.
En ese mismo año Japón reconoció al gobierno comunista de Pekín como gobierno legítimo chino y a Taiwán como parte de su territorio. A cambio China renunció a los pedidos de indemnizaciones por guerras pasadas. Aún quedaban por resolver los reclamos territoriales. Las relaciones sino – japonesas siguieron con vaivenes. Hubo pactos de cooperación seguidos de un enfriamiento por la masacre de Tiananmen en 1989, disculpas de Japón en 1995 por las atrocidades pasadas y un pedido constante de devolución de islas y del cese de apoyo a Taiwán.
Sucede que desde la firma del Tratado de San Francisco la posición de Japón respecto a Taiwán es ambigua. La reconoce como parte de China, pero al mismo tiempo apoya su independencia, en una posición calcada a la de EEUU. Esto es una fuente histórica de desencuentros con Pekín. En 2024 la relación empezó a deteriorarse por las patrullas chinas cada vez más agresivas en zonas japonesas y la creciente participación rusa en maniobras en la región. Pero el cambio más importante llegó con el nombramiento de Takaichi como primer ministro de Japón.
El problema estaba en el pasado reciente de la llamada “Dama de Hierro Japonesa”. Takaichi pertenece al ala nacionalista y conservadora del Partido Liberal Democrático que gobernó casi todo el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial y su figura fue vista con alarma por los chinos. Takaichi tuvo hasta hace poco la costumbre de ir cada año a rendirle homenaje a los caídos japoneses en el Templo Yakasuni. Pero entre ellos, hay 14 que fueron juzgados por crímenes de guerra, como por ejemplo el general Toho que dirigió la invasión japonesa contra China.
Yakasuni es la meca del militarismo japonés y de los que reivindican el pasado imperial y sus conquistas. Por eso el paso de Takaichi por ese templo sintoísta fue un anticipo de un cambio profundo en la política exterior nipona y de su relación con China. Y estaban en lo cierto. La llegada de Takaichi fue una consecuencia del trato humillante que percibieron muchos japoneses que le impuso Trump a Shigeru Ishiba, en anterior primer ministro. En julio, Japón aceptó firmar un acuerdo que le obligaba a invertir U$SS 550.000 millones en Estados Unidos.
Trump le había subido los aranceles previamente a Japón pese a que el acuerdo de posguerra los eximia expresamente. Ishiba cedió a todos los planteos de Trump y en agosto tuvo que renunciar admitiendo que entre otros motivos dejaba el cargo por haber aceptado un trato desigual. El nacionalismo japonés fue tocado nuevamente en septiembre cuando en una redada en la nueva planta de la compañía japonesa Hyundai en Georgia se detuvo a 475 trabajadores extranjeros, entre ellos seis japoneses. Estas actitudes afectaban a las inversiones prometidas a EEUU. Pero no era el único problema que le planteaba Trump a Japón. Previamente había usado un argumento extorsivo para continuar su despliegue en Japón. El país anfitrión debía aumentar el gasto de U$S 2.000 millones anuales que aporta para sostener la presencia norteamericana.
También le exigió, como a los países europeos, que aumente su gasto de defensa. En eso no tuvo que insistir porque antes de asumir el partido de gobierno ya había decidido en 2022 que era hora de aumentarlo y llevarlo al 2% del PBI. Parece poco, pero hablamos a la 3° economía global.
Esto implica que en 2026 pasaría de un gasto de U$S 46.000 millones a otro de U$S 70.000 millones, similar, por ejemplo, al de Francia. No es solo dinero, Japón decidió cambiar su enfoque para hacerle frente al riesgo chino y de sus aliados, como Corea del Norte y Rusia.EE.UU.
Desde 1945 Japón mantuvo un perfil defensivo para desmentir que corría riesgo de tener otro brote imperial. La llegada de Takaichi confirma que Japón ya no tiene complejos para desarrollar un sistema de defensa capaz de represaliar ataques y que no depende de los EEUU. Este segundo punto es importante porque mientras Trump presionaba a Ishiba, Trump ordenó comenzar el retiro de las fuerzas de EEUU de Europa en un momento inoportuno porque Putin estaba al mismo tiempo aumentando sus amenazas contra las naciones europeas de la OTAN.
Hubo otros gestos más cercanos como la demora en la entrega de material militar a Taiwán. Taipéi reclamó por el riesgo cada vez mayor de una invasión, pero la administración Trump le contestó que las demoras se debían a que estaban negociando un acuerdo tarifario con China. También anotaron la promesa hecha en tiempos electorales sobre la decisión de evitar que EEUU se involucre en más guerras y la traición a Europa y Ucrania al destruir la alianza occidental para acercarse a Putin. Y luego el bozal de diseño sunita que le impuso a Israel en Gaza.
Japón entiende que no puede depender de EEUU y menos aún mientras Trump siga en el poder. De allí que Japón este embarcada en un programa acelerado de rearme que incluye la compra o desarrollo de misiles para atacar objetivos en tierra y el refuerzo de sus medios de ataque naval. Si bien la tendencia se inició en 2014 con la compra de 500 Tomahawk y la creación de una fuerza especial anfibia para intervenir en caso de que las Senkaku sean tomadas por China, desde 2022 la invasión rusa a Ucrania y su alianza con los chinos aceleró los preparativos. En 2023 se aprobó el desarrollo de misiles hipersónicos Tipo 12 con un alcance 1.000 km y en 2024 acuerdos recíprocos para estacionar tropas con Filipinas, mientras negocia otros similares con Francia y Reino Unido. En 2025, la transformación ofensiva se aceleró.
Primero fue el despliegue de misiles en las islas Yaeyama, en la prefectura de Okinawa, en la ruta usada por buques militares y civiles chinos. El desafío más frontal vino con la declaración de Takaichi del 7 de noviembre, cuando avisó que Japón defendería a Taiwán en caso de invasión. Con los antecedentes es más fácil entender que lo de Takaichi no fue un exabrupto. La primer ministro es producto de un cambio en la mentalidad japonesa y una adecuación al modo en que varió el escenario regional desde la llegada de Trump al poder. Vamos a explicarlo en detalle.
Queda claro que Japón no confía en Trump y su apaciguamiento con China. Tardó pocos días en saber que estaba en la senda correcta porque la Casa Blanca, en lugar de premiar su actitud de defensa a Taiwán y respaldarlo como aliado, le pidió que “bajara el volumen” de sus declaraciones. Esto se dio luego que China amenazara a Japón con la destrucción de sus ciudades. Al no haber respaldo o una advertencia de Trump a Xi Jinping de igual tenor, Japón entendió que debe aumentar el camino de su autonomía. Luego hubo más conformaciones a sus sospechas de perfidia. A partir del 14 de noviembre China aumentó sus patrullas en torno a las Senkaku, emitió alertas de viajes para afectar a la industria turística japonesa (una cuarta parte de los visitantes provienen de China) y canceló eventos culturales y artísticos con personalidades japonesas.
La escalada sigue: China denunció a Japón por espionaje y prohibió la importación de carnes y mariscos japoneses. El total de pérdidas para Japón suma ya U$S 9 a 11 mil millones. Pekín exige una retractación pública de Takaichi que la primer ministro se niega a concederles. Pekín mantuvo sus amenazas y en ese contexto de crisis se dio una curiosa expresión de Trump que resultó perturbadora para Tokio. El 3 de diciembre Trump acusó a Japón y Corea del Sur de estafar a EEUU durante años en comercio y dijo: “No mencionaré a Japón… me niego”.
El 10 de noviembre, Trump ya había tenido otra expresión de desaire hacia Japón en un momento crucial. En una entrevista a la cadena Fox dijo “muchos de nuestros aliados no son nuestros amigos tampoco. Están aprovechándose de nosotros en comercio y defensa durante años.” Esas expresiones contrastaban con el comunicado del Departamento de Estado del 21 de noviembre en el que se rechazaron las presiones chinas y con el apoyo público que recibió Takaichi de parte de los lideres de Taiwán, Australia, India, Filipinas y del Reino Unido.
Ante las dudas entre sus aliados, el Departamento de Estado desbloqueó los envíos militares a Taiwán. Marco Rubio es cada vez más una mezcla de bombero y gerontólogo que dedica gran parte de su labor a remediar el daño de un piromaníaco. Pero su tarea es insuficiente.
El 6 de diciembre ocurrió el incidente de los aviones japoneses y horas atrás el embajador de Tokio en Washington le pidió a la administración Trump que haga manifestaciones claras de apoyo a Takaichi. Sin respuesta, por ahora Japón está por su cuenta y las señales son claras.
El secretario de defensa Pete Hegseth dijo el 6 de diciembre que no buscan confrontar con China sino establecer un “equilibrio de poder” y promover “la paz y la estabilidad en la región del Indo-Pacífico”. El problema es que mientras tanto China multiplicó sus maniobras. El 15 de noviembre China envió dos drones a la isla Yonaguni y ese mismo día dos buques entraron en aguas territoriales de las Islas Senkaku. Entre el 17 y el 25 realizaron maniobras navales y aéreas con fuego real en la cercanía de las Islas Senkaku. Fue apenas el comienzo. El 29 de noviembre China desplegó 200 unidades navales en el Estrecho de Taiwán y simuló un asalto anfibio que incluyó el lanzamiento misiles cerca de Yonaguni. Estas maniobras que Tokio consideró una amenaza se dieron mientras Trump se llamaba a un silencio incómodo para Japón. La última confirmación vino con la publicación de la “Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU” también el 6 de diciembre. En el documento se confirma la alianza con Japón, pero al mismo tiempo le vuelve a pedir que aumente su nivel de responsabilidad, o sea, de gasto militar.
En mayo la Casa Blanca ya le había sugerido que comprara más armas para reducir el desequilibrio comercial de U$S 69.000 millones a favor de Japón. La respuesta fue encargar un lote adicional de 400 Tomahawk por U$S 2.350 millones y Takaichi prometió más compras.
Esas compras no aplacaron a Pete Hegseth, que el 7 de diciembre dijo, al referirse a los aliados del Extremo Oriente, que algunos países “enfrentarán consecuencias si fallan en aumentar el gasto en defensa para impulsar la defensa colectiva”. El mensaje era un plagio. Hegseth repetía el concepto de Trump, que el 7 de marzo dijo, al referirse a sus aliados europeos y su demanda para que subieran el gasto militar, que “Si no pagan, no voy a defenderlos. No, no lo haré.” El problema es que pide un gasto del 5% que para Japón es una imposibilidad política.
Pero, incluso cuando los europeos mostraron claramente su intención de continuar aumentando el gasto militar, Trump ordenó un retiro gradual de la presencia militar de EEUU en Europa y bajar su responsabilidad en ese continente para 2027. Japón se refleja en el espejo europeo. Todo esto se explicita en el texto de la “Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU” y esa promesa que otros toman como una extorsión es un juego de ansiedades mientras China alcanza picos de actividad y completa la ampliación de su flota militar hasta las 400 unidades.
En el texto insisten en la idea del “burden sharing” que no es otra cosa que un pedido para que haya un mayor aporte para mantener las bases de EEUU en Japón y que destine más fondos a comprarle armas. El problema es que Japón se maneja con otros parámetros culturales. En la cultura nipona el valor de la lealtad está por encima de la conveniencia. Aunque el quiebre de confianza que genera Trump ya se cargó a un primer ministro, insiste en usar mecanismos de presión sin entender que esa maniobra puede producir efectos opuestos al deseado. Durante la visita de Trump a Japón en octubre, Takaichi se mostró sonriente y firmó acuerdos para la producción conjunta de buques. Terminada la visita se dedicó a construir autonomía tal como se le demanda internamente. Ese plan va más allá de una presidencia ocasional en EEUU.
Tokio decidió hace rato diversificar sus planes de desarrollo de armas. EEUU domina el 70% del total de los proyectos, desde 2022 creció en un 30% la participación a otros estados como Italia, Reino Unido e incluso a socios regionales como Australia, Filipinas, India e Indonesia. Un ejemplo es el desarrollo de un caza de 6° generación que comenzará a ser entregado en 2035 y en el que invertirá U$S 26.000 millones. Eligió a Italia y al Reino Unido como contraparte. Lo mismo sucede con el desarrollo de blindados y drones, EEUU ya no tiene exclusividad.
Es probable que este vacío que generó Trump al ignorar el pedido de Takaichi sea a la vez a demostración del desacople de Japón con EEUU y un motivo para que los japoneses enderecen un rumbo aún más nacionalista y recuperen viejas ideas que en China despiertan enojos antiguos. Takaichi cuenta hoy con el 75% de aprobación nacional y su ofensiva verbal contra China y en defensa de Taiwán tienen un sentido práctico. El fallo en la alianza con EEUU pone a Japón en un riesgo existencial, empezando por el hecho de que carece de armas atómicas de represalia. Además, por ser una isla, el control de las rutas navales es vital para su economía. El 97% del petróleo y el 90% de su demanda energética, que incluye al gas y el carbón que consumen sus hogares e industrias, llega por el mar adyacente a China. Son U$S 81 mil millones anuales.
El 90% del comercio exterior o U$S 1,47 billones circula por la misma ruta y desde Taiwán llegan U$S 53.000 millones en chips, cuya interrupción generaría una pérdida anual de U$S 1,6 billones a Japón, además del costo enorme que tendría un estado de guerra con China.
En total, un conflicto con China, aunque no llegue a la fase miliar pero que implique una interrupción del tráfico marítimo por la zona, podría generar una caída de entre el 10% y el 20% del PBI de Japón de acuerdo con los escenarios simulados CSIS y Rhodium Group.
Es allí en donde finalmente están colisionando las miradas de Trump y Takaichi. El presidente de EEUU cree que puede apaciguar a China y lograr un negocio al aprovechar las circunstancias para ahorrar recursos en su despliegue en Japón y un rédito al obligarle a comprarle armas. Takaichi, que en realidad representa a una parte importante de la sociedad japonesa, considera que China no va a renunciar a una toma de Taiwán ni a ejercer el rol de potencia dominante en su zona adyacente. Además, que Trump no es confiable en esa circunstancia.
Si el manejo de la Casa Blanca con Ucrania, Europa, Taiwán o Israel le dan motivos, es opinable. Pero dada la importancia vital que tienen para Japón en lograr un detente con China, no puede arriesgar a la ruleta que propone Trump con sus constantes cambios de rumbo político. Trump ya dio excesivas señales de querer aplacar a China y con la falta de apoyo a Japón y sus reproches públicos obligan a Takaichi a prepararse para el escenario más pesimista. China, que tiene una memoria tan robusta como su deseo de ver de regreso a Taiwán, sigue adelante.
Japón es un antagonista ideal para China, tanto como el gobierno de Taiwán. Las masacres de hace casi un siglo no tuvieron castigo y ahora en Tokio gobierna una figura que, si no las reivindica, tampoco las condena. En China el recuerdo es tan sustancial como la lealtad en Japón. Sin ayuda de EEUU, Japón tiene pocas probabilidades de hacerle frente a China. Taiwán, aun menos y una alianza con los japoneses quizás sean un intento desesperado para lo que todos consideran inevitable, menos Trump que sigue confiado en su capacidad para frenar guerras. El problema final es que lo que para Pekín y Taipéi es un riesgo existencial, para Trump es una apuesta y un posible negocio. En esa diferencia de percepciones está la “rebeldía” de Takaichi. En la posible ingenuidad estratégica de Trump, el motivo por el que Xi Jinping sube la apuesta.
JAPAN REBELS AGAINST THE US AND CHINA SIMULTANEOUSLY: THE STRUGGLE BETWEEN EMPIRES RETURNS
An incident occurred between China and Japan when a Chinese fire-control radar “targeted” a Japanese F-15 fighter jet. The incident marks the worsening situation in the Far East and a scenario of instability that could lead to something more dangerous.
Some point to the election of Sanae Takaichi as Prime Minister of Japan as the beginning of the crisis, while others cite her declaration regarding the decision to defend Taiwan against a Chinese invasion. But the tensions have much deeper roots and are steeped in history. It is a conflict that spans more than a century and a half. It began in 1894 with the First Sino-Japanese War after the Japanese decided to end their isolation following the Meiji Restoration of 1866. The conflict ended with the defeat of the Chinese Qing dynasty. The effects of the Japanese victory are still felt today, because it forced China to relinquish control of Taiwan, Penghu Island, and other territories. Furthermore, China had to pay reparations of 200 million taels, equivalent to approximately US$18 billion today.
Published twice per week by Nuevo Poder. Articles and op-eds focusing on geopolitical issues around Indo-Pacific area
Editor: LW, senior fellow of REDCAEM and CESCOS
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