A pesar de los pronósticos catastróficos que anticipaban una crisis humanitaria sin precedentes tras el cierre de la USAID y el recorte de fondos estadounidenses, el continente africano ha mostrado una notable capacidad de adaptación. Según informes recientes, aunque los recortes en salud han provocado cierres de centros médicos y decesos en zonas vulnerables, África en su conjunto creció económicamente en 2025. Proyecciones del Fondo Monetario Internacional indican que 11 de las 15 economías de más rápido crecimiento en el mundo para 2026 pertenecen a esta región.

La resiliencia africana se explica por una menor dependencia histórica de la ayuda externa de lo que se creía, con ingresos provenientes mayoritariamente de remesas, inversión extranjera y recaudación fiscal. Ante la retirada de Washington, diversos países han optado por la diversificación de sus socios comerciales, fortaleciendo vínculos con potencias como China —que eliminó aranceles para productos africanos—, así como con la Unión Europea, Japón y los Emiratos Árabes Unidos. Además, el liderazgo en tecnologías emergentes, como el dinero móvil en Kenia y el uso de drones médicos en Ruanda, ha apuntalado esta autonomía.

No obstante, el impacto ha sido severo en naciones afectadas por conflictos internos como Somalia y Liberia, donde la inseguridad alimentaria ha aumentado. Expertos advierten que, mientras Estados Unidos reduce su influencia y se enfoca en una doctrina de seguridad centrada en minerales críticos, otros actores globales como Rusia y China consolidan su presencia. El desafío para los gobiernos locales radica ahora en implementar reformas fiscales y atraer inversiones que logren cubrir el vacío dejado por la cooperación internacional tradicional. (NP-Gemini-BBC Mundo)