Con motivo del lanzamiento del libro de Eugenio Tironi titulado “La Resaca: la presidencia de Boric, el reto de Kast”, el expresidente reapareció en escena como uno de sus presentadores y respondió algunas preguntas de los panelistas sobre diversos aspectos de su gestión.
- Una de ellas fue si tenía alguna autocrítica que hacerse sobre su propia actuación durante el proceso constituyente, a lo que respondió que debió “haber tenido una posición más fuerte” frente a lo que denominó “la deriva de la Convención Constitucional”.
- Respuesta que acaparó los titulares de la prensa y otros medios de comunicación y que fue, sin fundamento, elevada a la categoría de un “mea culpa”.
- Llamó poderosamente la atención la superficialidad con que quiso despachar el asunto de su propio rol, una especie de “negacionismo” histórico; pues, mal que mal, el desenlace del proceso significó el fin de su proyecto original y la peor derrota que haya sufrido un presidente a solo seis meses de asumir el cargo.
- También que haya intentado bajarle el perfil al sinceramiento que en su momento hizo el entonces ministro Giorgio Jackson, que vinculó la viabilidad del programa de gobierno a la aprobación del proyecto de nueva constitución. Lo que resultó “profético” ya que tras el triunfo del Rechazo el programa se archivó.
Reescribiendo la historia. Tampoco se puede decir que no se le advirtió a Boric sobre las graves consecuencias y repercusiones que representaba para su gobierno, de los enormes riesgos de un resultado adverso.
- Hubo múltiples gestiones y llamados de atención del mundo progresista, incluyendo los de Frei y Lagos, que el expresidente desoyó. No se trataba, entonces, de un riesgo imprevisible ni de un desenlace imposible de anticipar. Boric tuvo información, advertencias y oportunidades suficientes para intervenir políticamente.
- Porque el recuerdo que la mayoría de los chilenos tienen es el de un Boric que estaba embalado con la Convención Constitucional y su propuesta refundacional. Que la defendió, actuó como jefe de campaña del Apruebo, recorrió el país leyendo párrafos del texto y firmando ejemplares mandados a hacer por el gobierno.
- Embriagado, igual que todo su sector, por los triunfos que hasta antes del plebiscito hacían creer que la izquierda era invencible, que estaba a punto de lograr su sueño de desmantelar el orden político-económico de la Constitución de “Pinochet”.
- Entonces no es como él dice, relativizando la verdad, reescribiendo la historia, que debió haber tenido una posición más fuerte ante “los desvaríos”, tomando distancia, situándose como mero espectador.
- Lo que él ahora llama “la deriva de la Convención” representaba, en buena medida, la visión de su gobierno y de los partidos que integraban la coalición; una trama en la que él actuó como gran protagonista, activista y promotor.
¿Dónde está el “mea culpa”?. Gabriel Boric pasará a la historia como el presidente que se farreó el proceso constituyente, que no fue capaz de poner sobre la mesa todo el peso del gobierno para haber forzado una moderación profunda del texto que habría podido cambiar el resultado.
- Y esa es precisamente la pregunta que su actual reflexión deja sin responder: Si sabía que el rumbo de la Convención era equivocado, ¿por qué no utilizó todo el poder político que tenía para intentar corregirlo?
- ¿Dónde está el “mea culpa”? No estuvo a la altura, no entendió la seriedad del momento y sus consecuencias. Era el único empoderado para haber puesto orden en sus filas, controlando a los delegados militantes de su coalición, los socialistas y comunistas cuyos votos eran fundamentales.
El relevo de Bachelet. Pese a todo, Gabriel Boric está hoy más vigente que nunca. Es el líder indiscutido del Frente Amplio, partido que, al igual que el PC, en su último congreso ideológico no hizo ninguna autocrítica sobre la debacle de la Convención ni la derrota en las presidenciales.
- Es la figura más influyente de toda la izquierda, con tentáculos en todos sus partidos, el impulsor y “operador” para mantener viva la tesis de la unidad de toda la izquierda que es su plataforma para volver a La Moneda.
- Tal vez por eso no está en disposición de hacer una reflexión más profunda, un verdadero mea culpa, considerando que para el Frente Amplio y el Partido Comunista no hay nada de qué arrepentirse; ya que la derrota fue fruto de una campaña de desinformación de la derecha.
- Boric es, en cierto modo, el heredero, el relevo, de Michelle Bachelet en el sentido de que será, por un tiempo largo, el presidenciable “in pectore” de la izquierda; y, por ende, un dique de contención que dificultará el surgimiento de nuevos liderazgos y alianzas.
- La política es así, está imbuida de un pragmatismo cruel donde hay muy poco espacio para que el rencor interfiera con la ilusión del poder.
Un capítulo pendiente. Sin duda debe haber sido muy duro para Boric observar cómo durante la campaña sus exministras convertidas en candidatas a sucederlo hacían todo lo humanamente posible para alejarse de él; con plena conciencia de que ninguna tenía la más mínima chance de ganar, pues la elección era, en parte, un plebiscito sobre su gobierno.
- Fue siempre un presidente de nicho que nunca logró trascender el mundo del progresismo, que le fue tremendamente leal y le permitió mantenerse dentro del tercio de aprobación, aun en los momentos más críticos. Lo que lo salvó del síndrome Piñera, que llegó a marcar un 6% en las encuestas; porque una parte de la derecha lo había repudiado.
- En todo caso, la incapacidad del expresidente de asumir en plenitud la magnitud de sus errores no impide reconocer que, tras la histórica derrota en el plebiscito, fue capaz de asumir el nuevo escenario, cambiando el rumbo de su gobierno y reafirmando su compromiso irrestricto con la democracia y el Estado de Derecho.
- Pero una cosa es reconocer ese comportamiento republicano y otra muy distinta es dar por cerrado un capítulo que todavía está pendiente, que requiere una explicación política del principal protagonista de esos acontecimientos. La idea de que la Convención se desvió por sí sola, que se trató de un desvarío es lúdica y no calza con la verdad. (Ex Ante)
Jorge Schaulsohn
