Con mi tarjeta de crédito chilena compré por internet entradas para un evento deportivo presencial en el extranjero mediante una plataforma internacional de venta de tickets. La compra incluía los impuestos del país donde opera la plataforma y, en ningún momento, ni esta ni el banco chileno advirtieron que posteriormente se cargaría un 19% adicional por concepto de IVA digital chileno. Menos aún se solicitó autorización expresa para efectuar dicho cobro.
Adicionalmente, este recargo aplica a ciertos comercios internacionales y a otros no, sin que el consumidor tenga forma alguna de conocer previamente cuáles se encuentran afectos. En la práctica, la persona solo toma conocimiento cuando la compra ya ha sido realizada y no existe posibilidad de revertirla. Naturalmente, si el consumidor supiera de antemano que deberá pagar un 19% adicional sobre el precio exhibido, perfectamente podría optar por no efectuar la compra.
Al reclamar, la plataforma señala que no tiene relación alguna con la legislación chilena, mientras el banco indica que simplemente cumple una obligación impuesta por el SII respecto de determinados comercios internacionales. Sin embargo, ninguna de las partes verifica si el servicio contratado será efectivamente utilizado en Chile o en el extranjero.
Bajo esta lógica, cualquier hotel, traslado o servicio contratado por internet para ser utilizado fuera de Chile podría terminar afecto a IVA chileno, aun cuando ya tribute en el país donde efectivamente se presta el servicio. Ello genera una evidente doble tributación y una situación manifiestamente injusta para los consumidores.
El IVA digital fue concebido para gravar servicios digitales consumidos en Chile, no para aplicar impuestos chilenos sobre prestaciones realizadas en el extranjero. O la ley fue mal diseñada, o está siendo incorrectamente ejecutada. (El Mercurio Cartas)
Slaven Ilic Vicent
