Durante estas semanas han estado moviéndose “las piezas del tablero geopolítico” debido a las acciones de Donald Trump. Lo sucedido en Venezuela arrastró movimientos en Irán, con lo que donde “los subyugados” por ambas tiranías se han animado a manifestarse. Lo que debiese ser una alegría indiscutida para todos, en un mundo que dice creer y hasta “endiosar” a la democracia y los derechos humanos, no ha sido algo unánime. Esto deja en evidencia que hay mucho de oportunismo e ideología.
Una parte del mundo condenaba a estos regímenes; otros, la izquierda radical, que se beneficiaba de ellos, no. La llamada revolución bolivariana inició hace casi 27 años cuando asume el 2 de febrero de 1999 Hugo Chávez. Desde entonces y hasta hoy, el régimen se perpetuó. Ya en el año 2000 con la nueva Constitución se inició un régimen de persecución y robo. A la muerte de Chávez en 2013 asume Nicolás Maduro. Durante este tiempo ha habido un deterioro económico y social de envergadura. Un totalitarismo, combinado con narcotráfico que ahogó el vigor venezolano y obligó a ocho millones a salir de un lugar donde, se encarcelaba, torturaba y eliminaba a los disidentes políticos. Un Estado que ha usado el sistema judicial como arma haciéndose del poder completo para amedrentar a los ciudadanos. Un régimen que filtrando y coimeando a las Fuerzas Armadas para amedrentar a las personas. A esto se le sumó el fraude electoral evidente y público, que le permitió a Nicolás Maduro asumir su tercer gobierno en enero 2025. Fue claramente en contra de la autodeterminación de los pueblos, pero a la izquierda no le importó. El mundo dijo “rasgar vestiduras” y no pasó nada. Las instancias internacionales decían estar haciendo algo y no hicieron nada. De hecho, hay una investigación activa en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad y no pasaba nada.
La izquierda beneficiaria y cómplice del narco régimen negaba la existencia de presos políticos, torturas o crimen alguno. Era para ellos una maravilla, un verdadero paraíso terrenal. La izquierda dura lo reconoció como el legítimo presidente, que es lo que sucede cuando la ley deja de ser justa, no da a cada uno lo que es de propio suyo, se hace tiránica.
Pero, para que algo cambiara, se necesitaba una “real voluntad política”, que nunca la hubo, todos hicieron vista gorda. Las acciones de Donald Trump han evidenciado que los organismos internacionales sirven para poco y que la democracia, tal como la entendemos, no está dando soluciones a temas globales esenciales. El término democrático es manoseado y desvirtuado a voluntad. Ha quedado claro el alto nivel de ideologización y doble estándar de muchos. La acción en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su mujer abrió un camino de esperanzas para muchos, los que han vivido atrapados en el narco régimen y a los más de ocho millones de venezolanos que tuvieron que huir por las acciones de éste. Una real narco-tiranía, ya que dictadura es un término que no se ajusta a la realidad, ya que se habían perpetuado en el poder. Pero a pesar de la evidencia, muchos reclamaron contra Trump intentando establecer que la acción era contraria al derecho internacional. Hay que tener claro que NO era Presidente, no al menos electo, por tanto, había violado no sólo los derechos humanos y la democracia. Debido a las excepciones en el derecho internacional dadas a Estados Unidos tras la caída de las Torres Gemelas apelando a la defensa nacional, lo habilita hoy contra el narcotráfico activo. El articulo 51 de la ONU permite la legítima defensa y la situación de las torres gemelas se autorizó a atacar no sólo a otros Estados, sino también, a grupos terroristas. Maduro es el jefe del cartel de los soles y hay casos abiertos en las cortes americanas por narcotráfico y ahora está allá para comparecer.
La izquierda gritó que Estados Unidos venía a robar el petróleo y que esta acción se extendería al “imperialismo” que iría por los recursos naturales de otros. Lo cierto es que el petróleo de Venezuela ya lo tenían y lo pagaban bajo el precio de mercado China y Rusia. Claramente ese imperialismo y ese robo, no les importaba. Trump dice querer el petróleo y está dispuesto a pagarlo a precio de mercado.
La situación de Venezuela abrió el camino para la rebelión en Irán. La izquierda dice amar la rebelión, pero no la de los que no piensan como ellos. Dicen ser feministas y no se cuadran con la lucha de las mujeres en Irán. Los medios de comunicación internacionales infra cubren lo que allá está sucediendo. Allí se vive una tiranía desde 1979 y el mundo y sus organismos internacionales han hecho poco y nada. Irán financia el terrorismo global y la izquierda lo avala porque los financia. El doble estándar es escandaloso. Son inmorales. (El Líbero)
Magdalena Merbilháa



