El diseño del gabinete del presidente José Antonio Kast volvió a instalarse en el centro del debate político luego de las diferencias públicas surgidas entre ministros a raíz del alza de aranceles aplicada por Estados Unidos a parte de las exportaciones chilenas. La controversia reactivó las críticas sobre la coordinación interna del Ejecutivo y el funcionamiento de su esquema de vocerías.

Las discrepancias surgieron después de que Estados Unidos elevara de 10% a 12,5% los aranceles para algunos productos chilenos. Mientras la Cancillería optó por privilegiar las negociaciones con Washington, los ministros de Defensa, Fernando Barros, y de Agricultura, Jaime Campos, realizaron declaraciones de tono más crítico hacia la administración estadounidense. Desde La Moneda insistieron en que la conducción oficial de este tema corresponde al Ministerio de Relaciones Exteriores y calificaron las intervenciones del resto del gabinete como “voces complementarias”.

La discusión también reabrió el debate sobre la ausencia de un ministro vocero exclusivo. La exministra Camila Vallejo cuestionó que actualmente esa función recaiga en el ministro del Interior, Claudio Alvarado, y sostuvo que la falta de vocerías periódicas ha debilitado la comunicación del Gobierno.

A ello se sumaron cuestionamientos al sistema de biministerios. El senador Vlado Mirosevic propuso que el Presidente designe un ministro exclusivo para Obras Públicas, argumentando que la reconstrucción tras las recientes inundaciones requiere una autoridad dedicada completamente a esa cartera y separada del Ministerio de Transportes.

Entre los analistas políticos consultados existen visiones distintas sobre el origen de las dificultades. Algunos atribuyen el problema a falencias en la coordinación política y comunicacional del gabinete, mientras otros consideran que la principal debilidad radica en la capacidad del Ejecutivo para mostrar resultados concretos en sus principales áreas de gestión.

Mario Herrera, académico de la Universidad de Talca, sostuvo que el Gobierno enfrenta problemas tanto de coordinación política como de gestión ministerial, señalando que la atención pública se concentra en las descoordinaciones más que en los resultados obtenidos. Por su parte, Tomás Duval, de la Universidad Autónoma, afirmó que la ausencia de una estructura comunicacional robusta ha generado contradicciones entre ministros y debilitado la estrategia comunicacional del Ejecutivo.

En contraste, el cientista político Mauricio Morales planteó que la principal dificultad no es la vocería, sino la dispersión de la agenda impulsada por los partidos oficialistas, que han promovido iniciativas alejadas de las prioridades fijadas por el Gobierno, obligando al Ejecutivo a responder sobre debates que no formaban parte de su programa inicial.

Las diferencias también fueron abordadas por parlamentarios del oficialismo. La presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), sostuvo que el Gobierno debe proyectar una posición unificada y evitar que los ministros entreguen mensajes contradictorios. En tanto, el diputado Diego Schalper (RN) insistió en la conveniencia de contar con un vocero exclusivo que comunique de manera permanente las prioridades del Ejecutivo.

Desde la UDI, la diputada Flor Weisse estimó que las diferencias dentro del gabinete han sido sobredimensionadas y afirmó que corresponde al Presidente y al canciller conducir la posición oficial frente a Estados Unidos. En la misma línea, el senador Iván Moreira sostuvo que el principal desafío del oficialismo no es crear una nueva vocería, sino fortalecer la disciplina y la lealtad de los partidos que respaldan al Gobierno. El diputado Agustín Romero (Republicanos), por su parte, defendió que la vocería permanezca radicada en el Ministerio del Interior y llamó a reforzar la coordinación entre los integrantes del gabinete. (NP-ChatGPT-Emol)