Una controversia entre dos de los ministros con mayor peso en el Gobierno dejó al descubierto las dificultades de coordinación que enfrenta la administración del Presidente José Antonio Kast y reabrió el debate sobre su modelo de conducción, caracterizado por entregar amplios márgenes de acción a sus colaboradores e intervenir personalmente cuando los conflictos ya han escalado.

El episodio quedó en evidencia el martes 11 de agosto, cuando el jefe de gabinete, Claudio Alvarado, reconoció públicamente que desconocía el requerimiento presentado por el Ejecutivo ante el Tribunal Constitucional contra una norma que obliga a reconectar gratuitamente los servicios básicos en zonas declaradas en situación de catástrofe.

La presentación había sido impulsada por el Gobierno y el Ministerio de Hacienda, encabezado por Jorge Quiroz. Sin embargo, Alvarado no solo aseguró que no había sido informado de la decisión, sino que anteriormente había manifestado reparos de fondo a recurrir al Tribunal Constitucional.

En un comité político realizado con la presencia de Kast, el jefe de gabinete había planteado que impugnar la disposición podía generar un elevado costo político y que el Ejecutivo no debía aparecer defendiendo los intereses de las empresas. Su posición apuntaba además a que la medida se encontraba restringida a situaciones de emergencia, en las cuales consideraba necesario privilegiar la asistencia a las personas afectadas.

Pese a esas diferencias, el requerimiento fue ingresado el sábado 8 de agosto sin conocimiento de Alvarado, situación que hizo visibles las discrepancias entre este y Quiroz. En sectores del oficialismo, el episodio fue interpretado como una expresión de las diferencias entre dos de los principales centros de influencia del gabinete.

Ante la escalada de la controversia, Kast asumió personalmente la responsabilidad por la descoordinación. El lunes 17, en una entrevista con radio Duna, señaló que lo ocurrido era responsabilidad suya. Ese mismo día, Alvarado y Quiroz sostuvieron una breve reunión que buscó transmitir una señal de normalización de las relaciones entre ambos ministros.

La situación abrió interrogantes tanto en la oposición como en sectores oficialistas respecto de la distribución del poder dentro de La Moneda y el grado de autonomía con que operan Hacienda, el gabinete político y los asesores presidenciales. A esas diferencias se han sumado discrepancias surgidas a propósito de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo, cuya reforma constitucional ha encontrado resistencia entre algunos parlamentarios del propio sector.

El estilo de Kast, según describen integrantes de su entorno, está marcado por lo que denominan un “sentido de misión”. El mandatario otorgaría prioridad al cumplimiento de los objetivos centrales de su programa y restaría importancia a las controversias políticas mientras estas no alteren el rumbo general de su administración.

El propio Presidente ha defendido públicamente esa forma de gobernar. A comienzos de agosto señaló que las diferencias de opinión son compatibles con la disciplina del oficialismo mientras exista respaldo legislativo a los proyectos del Ejecutivo. Kast también ha sostenido que la organización del gabinete y del Segundo Piso depende finalmente del Presidente y que los resultados obtenidos en el Congreso constituyen una de sus principales medidas de orden político.

Dentro del oficialismo, sin embargo, existen distintas apreciaciones respecto de quiénes ejercen mayor influencia sobre el mandatario. Aunque Alvarado mantiene contacto permanente con Kast, algunas miradas apuntan al jefe de asesores del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, y al director de Comunicaciones y Contenidos, Cristián Valenzuela, como integrantes fundamentales de su círculo de confianza.

También se identifica la existencia de dos polos relevantes dentro del Ejecutivo. Uno estaría articulado en torno a Alvarado y al ministro de la Secretaría General de la Presidencia, José García Ruminot, mientras otro tendría como figuras centrales a Quiroz e Irarrázaval.

El analista político Marco Moreno calificó este funcionamiento como una suerte de “gobierno en silos”, donde diferentes centros de decisión actúan bajo sus propias dinámicas y no necesariamente coordinan sus determinaciones antes de ejecutarlas. A su juicio, el problema estaría relacionado con la arquitectura mediante la cual se adoptan las decisiones gubernamentales.

En sectores de la derecha también se han realizado comparaciones con otros modelos presidenciales. Algunos observan semejanzas con las administraciones de Michelle Bachelet por la influencia atribuida al Segundo Piso, mientras otros subrayan las diferencias con los gobiernos de Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, donde el Ministerio del Interior concentraba un control político considerable.

Desde el Partido Republicano rechazan que esta distribución de funciones signifique una pérdida de autoridad presidencial. El diputado Agustín Romero ha defendido que Kast mantiene claridad sobre los objetivos de su administración y continúa ejerciendo el mando sobre las decisiones fundamentales del Ejecutivo.

Durante sus primeros meses de Gobierno, Kast ha mostrado una conducción distinta a la que caracterizó a Piñera. Mientras el expresidente mantenía un seguimiento detallado de la gestión de sus ministros, el actual mandatario concede mayor autonomía a sus secretarios de Estado y confía en que cada uno administre su cartera para alcanzar las metas definidas.

Ese esquema ha permitido al Ejecutivo obtener resultados legislativos relevantes, entre ellos la aprobación de la denominada megarreforma. No obstante, dirigentes del sector advierten que la autonomía ministerial también puede facilitar descoordinaciones y provocar que el Presidente intervenga solamente cuando una controversia ya adquirió dimensiones públicas.

La diputada de Renovación Nacional Ximena Ossandón ha planteado que las reuniones con Kast deberían incorporar también a quienes influyen en la toma final de decisiones. Su observación refleja las dudas existentes entre algunos parlamentarios sobre el funcionamiento interno del poder presidencial.

Kast mantiene reuniones bilaterales con ministros, diputados y senadores tanto en La Moneda como durante viajes y actividades oficiales. Asimismo, ha sostenido encuentros de coordinación con los presidentes de los partidos oficialistas y reuniones con bancadas de Republicanos, Renovación Nacional, la UDI, Evópoli y el Partido Nacional Libertario.

Aunque participantes valoran el tono cordial y receptivo del mandatario, algunos consideran que esas citas no siempre permiten resolver las controversias políticas de mayor complejidad. Desde Palacio, en cambio, sostienen que Kast escucha las distintas posiciones, incorpora los planteamientos y posteriormente busca alternativas de solución.

El diputado de RN Diego Schalper ha defendido el modelo presidencial, señalando que Kast confía en sus equipos, les permite trabajar con autonomía y evalúa su desempeño a partir de los resultados obtenidos.

Colaboradores del mandatario también lo describen como exigente respecto del cumplimiento de las metas. Habitualmente comienza temprano su jornada en La Moneda, mantiene comunicación directa con ministros y equipos mediante llamadas y mensajería, y registra en cuadernos las solicitudes formuladas por autoridades, parlamentarios y representantes regionales.

La autonomía que concede a sus ministros, sin embargo, lo ha obligado en algunas oportunidades a intervenir directamente para ordenar controversias. Uno de los secretarios de Estado que ha recibido llamados de atención presidenciales es el ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje.

El lunes 17, Poduje fue citado reservadamente a La Moneda luego de plantear públicamente la necesidad de aumentar en 23,9% el presupuesto de su cartera. Kast le manifestó que una discusión presupuestaria no debía iniciarse a través de los medios de comunicación y menos mediante la difusión anticipada de cifras.

No era la primera diferencia relacionada con Poduje. En mayo, el titular de Vivienda había protagonizado un enfrentamiento con Jorge Quiroz por un recorte ministerial de 3%. En esa oportunidad, Poduje remarcó públicamente que su único jefe era el Presidente y relativizó la autoridad política del ministro de Hacienda sobre su cartera.

Según versiones existentes en el oficialismo, las diferencias entre Poduje y Quiroz no habrían sido completamente superadas pese a la intervención presidencial y ambos mantendrían actualmente una relación principalmente protocolar.

Kast también había intervenido anteriormente ante una publicación realizada durante la gestión de la exministra Trinidad Steinert en el Ministerio de Seguridad. El mensaje, difundido en la red social X y posteriormente eliminado, comparaba un operativo policial realizado bajo la nueva administración con la actuación del Gobierno anterior en Temucuicui.

En otras controversias, en cambio, el mandatario ha optado por permitir que los propios ministros gestionen sus diferencias. Un ejemplo ocurrió cuando la ministra May Chomali formuló reparos a un borrador de reforma constitucional relacionado con las prestaciones estatales para personas condenadas por crimen organizado, narcotráfico y terrorismo. La propia secretaria de Estado tomó contacto con el ministro Martín Arrau y con Kast para introducir modificaciones destinadas a resguardar el acceso general a la salud de las personas privadas de libertad.

Los episodios ocurridos durante los primeros meses de la administración han consolidado así un modelo presidencial basado en la delegación, la autonomía de los ministros y la existencia de distintos espacios de influencia en La Moneda. Al mismo tiempo, las recientes controversias han abierto el debate sobre los riesgos de esa estructura cuando las decisiones de los diferentes equipos no son coordinadas antes de convertirse en hechos políticos. (NP-ChatGPT-La Tercera)