La democracia moderna nace con la idea de la soberanía popular y, por tanto, de las elecciones. Pero no basta que un país celebre elecciones para que sea democrático. Aparte del sufragio universal y las elecciones periódicas debe haber un respeto a las instituciones a las reglas que garanticen que el poder político se ejerza de manera justa. Debe existir competencia política, múltiples partidos que permitan la real posibilidad de participar. Deben existir garantías constitucionales, una Constitución escrita que proteja a las personas del Estado y de toda coacción y garantice las libertades civiles básicas de cada individuo, el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Debe respetarse la libertad de expresión, por lo que debe haber medios de comunicación libres y sin censura previa estatal.
Debe haber controles y contrapesos que eviten que nadie intente centralizar y acumular el poder, con intenciones totalitarias. De ahí que la separación de poderes sea fundamental, Poder Legislativo, hace las leyes; Poder Ejecutivo, ejecuta las leyes, y el Poder Judicial vela por el cumplimiento de las leyes. El respeto de la autonomía de cada uno de los poderes es parte de lo que llamamos credenciales democráticas esenciales. Debe además haber independencia institucional, tribunales y organismos electorales autónomos que controlen el poder del gobierno. Todo en el marco del llamado principio de mayoría en el que las decisiones se toman por voto mayoritario respetando a las minorías. La democracia nunca puede “pasar máquina”.
Teniendo en cuenta esto, podemos ver el revuelo que ha suscitado el caso de Claudio Crespo, quien fue absuelto definitivamente en el caso de las lesiones que cegaron al actual diputado Gustavo Gatica. El fallo fue unánime por parte de la Corte de Apelaciones de Santiago la que rechazó los recursos de nulidad de los querellantes, con lo que dejó la sentencia firme e inapelable.
Este caso ilustra a la perfección el equilibrio entre la crítica ciudadana legítima y el respeto a la institucionalidad democrática. El juicio acreditó que los disparos a Gustavo Gatica provinieron del arma de servicio de Claudio Crespo. Del mismo modo se constató que Gustavo Gatica estaba lanzando piedras. Por lo mismo, se estableció de forma unánime, que el exoficial actuó amparado en la legítima defensa en el contexto de los desórdenes de noviembre de 2019, por lo que quedó absuelto de responsabilidad penal. Esta resolución no fue hecha bajo el amparo de la ley Nain Retamal, como algunos quieren instalar, sino por el Código Penal establece la figura de legítima defensa.
Varias voces de la oposición, entre ellas parlamentarios y organismos como el INDH se manifestaron disconformes. Cuestionan el criterio legal y acuden a instancias internacionales. Dicen acatar el fallo de las cortes, pero se comportan, en muchos casos, como si no lo respetasen.
De hecho, el dirigente del Partido Socialista (PS) de Chile, Arturo Barrios abandonó el set televisivo del programa Sin Filtros por el sólo hecho de tener que compartir panel con Claudio Crespo. Él dijo respetar el fallo y al entrar el exuniformado al set, no estuvo dispuesto a respetar el fallo que lo declara inocente, no queriendo ni siquiera conversar e intercambiar ideas con él. Víctor Hugo Robles, activista de izquierda radical, lideró la postura de no poder compartir panel, no sólo con Crespo, a quien atacó con fuertes epítetos, que reflejan su nulo respeto por la democracia, sino con todos a quienes tenía al frente. Eso ya es antidemocrático, ya que la democracia implica el respecto a las ideas diferentes y llama al diálogo. Para Robles, en su caricatura del “Che de los Gays”, quien no piensa como él no es persona y no merece respeto, en ningún aspecto. El panelista le negó al saludo a todos los que estaban en la contraparte, dejando claro que es altamente ideologizado y profundamente mal educado. Felipe Parada, cientista político y panelista recurrente, también cuestionó abiertamente el fallo y se descompuso, perdiendo toda racionalidad, lo mismo que Inti Salamanca, abogado PS, quien suele ser más pausado, se desbordó.
Lo claro está que al retirarse todos, cuan estampida, dejaron claro que en la postura antidemocrática no hay diferencia entre la extrema izquierda y la supuesta izquierda democrática. El impulso los hizo olvidar que la democracia implica el respeto a las instituciones y la vocación de diálogo. Quedó claro una actitud de desacato que cuestiona el orden constitucional. Fue revivir el periodo de la Convención Constitucional donde la mayoría de los elementos que hacen una democracia fueron cuestionados y directamente atacados.
El antidemocrático es per se intolerante y no soporta a quien piensa distinto y menos que ganen ellos. La justicia habló y Claudio Crespo, tras una larga lucha y varias instancias, fue ratificado como inocente. Puede no gustarles, pero hay que respetar la ley. (EL Líbero)
Magdalena Merbilháa
