Con la crítica del ministro Guillermo Silva a la ley que exige a todos mostrar la cédula de identidad para comprar alcohol, vuelve a cobrar relevancia el concepto de “democracia limitada” de Friedrich Hayek. El filósofo afirma que “una democracia ilimitada bien puede ser peor que un gobierno limitado de una clase distinta”. Este debiera ser un aspecto clave en el diseño de la nueva Constitución y el ejercicio legislativo. Y es que donde el Estado tenga poder omnímodo sobre los ciudadanos, siempre se abrirá la puerta a la vejación y el abuso, sin importar si se vive en democracia o bajo una tiranía.
La ley en comento es un botón de muestra. Basta ver la vergüenza de quienes trabajan como cajeros en los supermercados cuando les piden el carnet a personas evidentemente mayores de edad. A partir de este ejemplo resulta fácil entender cómo una legislación hecha sin el más mínimo grado de razonabilidad y empatía termina por amargar la jornada laboral de tantas personas cuyo esfuerzo por brindar una buena atención se transforma en una mueca que pide disculpas por el absurdo parlamentario.
De ahí que, en el contexto del proceso constituyente, la pregunta por los límites de nuestra democracia sea de vital importancia. (El Mercurio Cartas)
Vanessa Kaiser