Gonzalo Cordero ha dicho que en sus primeros días el gobierno “ha sido una tromba de muy buenas actividades, muy buenos símbolos”. Y, en efecto, ese fue el libreto que se le pasó a los actores, pero no la obra que se está representando en escena.
Es lo que permite evaluar al gobierno de Kast poco antes de cumplir un mes.
Se pueden valorar sus acciones, aún con el poco tiempo transcurrido. Los inicios pueden ser comparados con sus similares y hay que admitir las inevitables desinteligencias iniciales. Se consigue contrastar los objetivos a alcanzar en los primeros días porque fueron declarados de manera pública y reiterada.
Es un diseño para entrar ganando e imponiéndose y es una vara autoimpuesta que legítimamente puede ser usada para medir la actuación gubernamental. Corresponde a los deseos de los estrategas oficialistas.
Hay que constatar si el gobierno ha sido capaz de tomar decisiones difíciles, pero también importa saber si ha mostrado la fortaleza de mantenerlas cuando fueron un acierto, pero hubo que soportar presiones de lejos y de cerca.
Lo de la tromba se entiende porque el diseño asumido buscaba irrumpir de manera incontenible en muchos ámbitos al mismo tiempo. Se quiso presentar un amplio número de iniciativas en todos los frentes, dejando sin capacidad de respuesta a una oposición que venía de una derrota y que no mostraba intenciones de actuar de manera concertada. Fue lo que sucedió la primera semana.
Pero cada decisión estuvo lejos de haber seguido una línea recta en su aplicación, los zigzagueos han sido constantes y aun los retrocesos.
Asumir el efecto de la guerra de Irán fue una necesidad y la decisión fue muy drástica, pero en los días siguientes no se ha hecho más que morigerar la primera determinación. La ley miscelánea se ha empezado a discutir antes de ser presentada y la falta de acuerdos en el oficialismo ha demorado su envío.
El gobierno se propuso predominar de manera incontrarrestable en los primeros 90 días, sin contrapeso y consiguiendo pleno respaldo ciudadano. No hizo ninguna oferta de negociación política y se jugó por el predominio. Tras escenografiar la primera puesta en escena, llegaron las réplicas y se quedó sin libreto apenas las acciones dejaron de ser unilaterales. La comunicación, como siempre, no pudo reemplazar a la conducción política.
Unidos hasta que las encuestas nos separen
En un régimen presidencial se cuida al mandatario siempre como primera prioridad y los ministros son sus escuderos. Nadie puede pensar entonces que el gobierno está funcionando correctamente cuando la ministra de la Mujer despide a una subordinada con cáncer, luego ratifica su decisión, el Presidente sale a respaldarla y, al día siguiente, la decisión cambia. Así no funciona el sistema, operando de este modo lo que se consigue es un desgaste continuo que incluye a Kast.
En pocos días hemos pasado de hablar de las tareas prioritarias a la defensa de las autoridades encargadas de llevarlas a cabo. En muchos casos, Kast sabía a quiénes estaba nombrando, pero no cómo se iban a comportar como autoridades.
De los temas de seguridad pasamos a evaluar la actuación de Steinert en el despido de un mando de la policía, de los mensajes comunicacionales pasamos a los tropiezos de Sedini, de los temas de la mujer a el despido decidido por Marín, de la reforma tributaria a la dubitativa presentación de Quiroz de la ley miscelánea.
No se ha perdido la iniciativa únicamente por la inesperada necesidad de hacer frente a una guerra en Medio Oriente que alteró los planes. Se perdió por el giro de concentrarse en las tareas a preocuparse de los encomendados y de la poca presentación de acciones a la fuerte concentración en las polémicas del día.
Se señala como un acierto la fuerte incorporación de personas con validación técnica proveniente del sector privado. Esta es una apuesta legítima, pero tiene que ser evaluada con sus alternativas y efectos.
Se pudo haber escogido una primera línea con personas con capacidad política probada y experiencia en el sector público acompañada de una segunda línea de subsecretarios de perfil técnico que tuvieran tiempo para adaptarse a los cargos, preparándose para asumir mayores responsabilidades cuando pudieran hacerlo.
El procedimiento escogido no fue neutral en cuanto a sus efectos. Esta definición impactó negativamente en contra de una mejor integración de los partidos de Chile Vamos. El respaldo político no se está trabajando, se está suponiendo.
Claro que una cosa es darse cuenta de que existen carteras donde es necesario hacer un ajuste y otra que haya llegado la oportunidad de hacerlo. Un cambio inmediato es lo mismo que confesar un error en la designación atribuible al Presidente. A medida que pasa el tiempo ese argumento se debilita y un ajuste de precisión, pasado los primeros seis meses, a nadie extrañaría.
La receta puede ser el problema
Las trombas no zigzaguean, no retroceden, no desaparecen apenas se presentan, no se disuelven en la nada sin dejar huella a su paso.
Es el recetario de soluciones el que está demostrando su simplismo extremo. La distancia con la ciudadanía está aumentando y el apoyo ha dejado de ser mayoritario.
Ni el gobierno ha cumplido con las expectativas del país, ni el país se está comportando como el gobierno esperaba. La decepción es mutua. Lo que se puede mostrar como nuevo y distintivo es poco si lo que contamos son las buenas noticias.
Para el diseño que se ha escogido, lo decisivo no es que se aprueben leyes, sino que la mayoría ciudadana se convenza de que está siendo favorecida.
El oficialismo no tiene mayoría en ambas cámaras, pero está tan cerca de poder imponerse que sería imperdonable que no lo consiguiera. Por eso sus principales iniciativas van a ser aprobadas y las recetas entrarán en aplicación, sin que los opositores puedan hacer mucho para impedirlo.
Como dice el diputado Guillermo Ramírez, con ello “la economía chilena podrá volar”. Si todo sale bien, la rebaja de impuestos hará que aumente la inversión con lo que crecerá el empleo y se iniciará un ciclo virtuoso. Es lo que dice la receta y lo que tendría que pasar. Discutir sus bondades no tiene sentido porque los hechos serán más elocuentes que los análisis.
Y así llegará el momento más importante en la vida de un creyente fundamentalista: cuando se dan las condiciones para que la buena nueva se aplique en este mundo.
De manera que vamos a despegar, pero no toda incursión aérea es lo mismo. Está el majestuoso vuelo del cóndor que se empina sobre los macizos andinos, y está el vuelo de la codorniz, que es corto y rasante, se agita mucho y avanza poco. Veremos con qué clase de pájaro nos hemos topado. (El Líbero)
Víctor Maldonado
