La persistente crisis política, social y económica que afecta a Cuba y Nicaragua continúa impulsando la salida de miles de ciudadanos hacia distintos países de América Latina y Europa. Aunque entre 2018 y 2024 el principal destino fue Estados Unidos, especialmente a través de México, durante 2025 la tendencia comenzó a modificarse debido al endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses.
Las difíciles condiciones de vida, marcadas por regímenes autoritarios, la escasez de bienes esenciales y la falta de oportunidades, siguen siendo el principal motor del éxodo desde ambos países. En el caso de Cuba, más de 860 mil personas llegaron a Estados Unidos entre 2021 y mediados de 2024, en una de las mayores olas migratorias registradas desde la isla.
En Nicaragua, las cifras también reflejan un incremento sostenido de la emigración. Datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos indican que la población nicaragüense residente en ese país pasó de 160 mil personas en 2000 a 230 mil en 2021. A ello se suman los 273 mil nicaragüenses que ingresaron a territorio estadounidense entre 2022 y 2025.
Especialistas coinciden en que la migración contribuye al crecimiento económico y laboral de los países receptores, pero advierten que los flujos masivos provenientes de Cuba, Nicaragua y Venezuela también ejercen una fuerte presión sobre los sistemas públicos de salud, educación e infraestructura urbana.
Costa Rica figura entre los países que más han recibido migrantes nicaragüenses, con cerca de medio millón de personas radicadas en su territorio. Guyana, por su parte, recibió solo en 2025 alrededor de 135 mil cubanos, mientras que otros destinos como Brasil, Uruguay, España e Italia también han registrado un aumento en la llegada de ciudadanos de la isla.
El cambio en las rutas migratorias responde principalmente al endurecimiento de las políticas de inmigración aplicadas por la administración del presidente Donald Trump. La suspensión de programas de ingreso temporal, la reducción en la entrega de visas, el reforzamiento de los controles fronterizos y el incremento de las deportaciones han limitado significativamente las opciones para quienes buscan ingresar a Estados Unidos.
Analistas sostienen que actualmente cruzar la frontera estadounidense sin autorización se ha vuelto extremadamente difícil para migrantes de cualquier nacionalidad. En el caso de los cubanos, además, desaparecieron los beneficios migratorios que anteriormente facilitaban su permanencia temporal en ese país.
Pese a las mayores restricciones, expertos consideran poco probable que el flujo migratorio disminuya mientras persistan las crisis internas en Cuba y Nicaragua. A juicio de los especialistas, factores como el deterioro económico, la escasez de alimentos, medicamentos y combustible, junto con la falta de perspectivas de mejora, seguirán impulsando la salida de miles de personas, aunque los destinos continúen diversificándose.
