La reciente visita de las ministras de Educación, María Paz Arzola, y de Seguridad Pública, Trinidad Steinert, a la ciudad de Calama, puso de relieve las profundas dificultades que enfrentan los establecimientos educacionales para implementar protocolos de convivencia efectivos. Durante el encuentro, docentes del Colegio República de Chile D-54 manifestaron su preocupación por la denominada “puerta giratoria” en el sistema educativo, donde estudiantes involucrados en hechos graves retoman sus actividades escolares en pocos días debido a su condición de menores de edad.
El despliegue de las autoridades se produjo tras el trágico incidente en el Instituto Obispo Silva Lezaeta, donde un ataque perpetrado por un alumno de cuarto medio resultó en la muerte de una inspectora y dejó a varios miembros de la comunidad escolar en estado crítico. Este hecho ha generado una alerta nacional sobre la seguridad en las aulas y la capacidad de respuesta de las instituciones frente a agresiones de alta violencia.
Especialistas consultados sostienen que el aumento de armas blancas y de fuego en los colegios es el síntoma de una cultura que tolera la violencia y de severas carencias emocionales en los adolescentes. Según expertos en liderazgo y educación, factores como la exposición constante a contenidos violentos en redes sociales y la falta de habilidades para la resolución pacífica de conflictos crean un entorno de vulnerabilidad tanto para alumnos como para funcionarios.
Desde la Defensoría de la Niñez y diversas fundaciones se enfatiza que las señales de alerta no están siendo detectadas oportunamente por el sistema. Plantean la necesidad urgente de que el modelo educativo trascienda lo académico para abordar de manera integral el desarrollo humano, la empatía y la autorregulación emocional, evitando que los conflictos escolares escalen a tragedias irreparables. (NP-Gemini-Emol)
