La creciente campaña de ataques con drones de largo alcance lanzada por Ucrania contra infraestructura energética rusa ha provocado una severa escasez de combustibles en distintas regiones de Rusia, generando largas filas en estaciones de servicio, restricciones al abastecimiento y dificultades para el transporte y las actividades productivas.
De acuerdo con estimaciones de especialistas, entre un 20% y un 40% de la capacidad de refinación del país permanece fuera de servicio tras los ataques a numerosas refinerías ubicadas en el oeste del territorio ruso. Frente a este escenario, el Gobierno de Moscú extendió hasta el 31 de enero de 2027 la prohibición de exportar diésel y gasolina, con el propósito de asegurar el abastecimiento del mercado interno.
Las consecuencias de la escasez se han extendido a prácticamente todo el país. Diversas regiones han impuesto límites al volumen de combustible que puede adquirir cada conductor, restricciones para llenar bidones y, en algunos casos, sistemas de cupones para distribuir el suministro. Habitantes de zonas rurales han advertido que la falta de gasolina dificulta el funcionamiento de maquinaria agrícola, generadores y otros equipos esenciales.

Aunque el presidente Vladimir Putin restó inicialmente importancia a los ataques, posteriormente reconoció que las ofensivas ucranianas estaban generando dificultades. Sin embargo, sostuvo que el país será capaz de adaptarse y continuar enfrentando el conflicto.
El impacto de la estrategia ucraniana también se ha reflejado en otros ámbitos. Además de afectar instalaciones petroleras, los ataques han alcanzado centros logísticos, rutas de abastecimiento y buques utilizados para el transporte de petróleo y cereales, aumentando la presión sobre la economía rusa y complicando las operaciones militares en distintos frentes.
Analistas internacionales advierten que el deterioro económico se ha intensificado durante este año. Las proyecciones apuntan a un bajo crecimiento del producto interno bruto, una inflación persistente y un aumento del déficit fiscal, factores que han obligado al Gobierno ruso a mantener elevadas tasas de interés, incrementar el endeudamiento interno y reducir otros gastos para sostener el esfuerzo de guerra.
En paralelo, continúan las especulaciones sobre una eventual nueva movilización militar tras las elecciones legislativas previstas para septiembre, en un contexto marcado por las elevadas pérdidas humanas registradas durante el conflicto y por las crecientes dificultades para mantener el ritmo de reclutamiento.
Pese a este escenario, diversos análisis sostienen que Rusia aún dispone de recursos suficientes para prolongar la guerra. No obstante, también advierten que el aumento de las dificultades económicas y logísticas ha fortalecido las voces que promueven una salida negociada al conflicto, aunque hasta ahora no existen señales de un cambio de estrategia por parte del Kremlin. (NP-ChatGPT-La Tercera-Agencias)
