En diciembre pasado, en vísperas de la segunda vuelta presidencial, un grupo de profesionales de distintas disciplinas y sensibilidades políticas publicamos una carta abierta a quienes disputaban la Presidencia de la República. La titulamos “Que el futuro pese más que la próxima elección”. Nuestra invitación era sencilla: levantar la mirada desde la contingencia y preguntarnos no solo quién gobernaría Chile hasta 2030, sino qué país queremos estar construyendo hacia 2050.
Por eso recibimos con especial entusiasmo la columna que Jaime Bellolio y Tomás Vodanovic publicaron el 23 de agosto en “El Mercurio”, “Chile a treinta años: una invitación desde dos veredas distintas”.
Su valor no está en que dos alcaldes de posiciones políticas diferentes hayan descubierto que pueden pensar igual. Está, justamente, en lo contrario: reconocen sus diferencias, no pretenden esconderlas y, aun así, sostienen que existen tareas que ningún sector puede resolver por sí solo y que requieren acuerdos capaces de sobrevivir a los gobiernos. Dialogar no significa renunciar a las convicciones, y acordar no significa borrar las diferencias —es un principio elemental que nuestra política ha ido olvidando.
En estos primeros meses hemos visto demasiada energía destinada a remarcar aquello que nos separa y bastante menos a explorar aquello que podemos construir juntos. Chile tiene problemas que no caben en períodos presidenciales de cuatro años. La seguridad pública es quizás el ejemplo más elocuente: ninguna política de Estado en esta materia rendirá frutos si cambia de diseño cada cuatro años según quién gobierne. Lo mismo ocurre con el crecimiento y la productividad, la modernización del Estado, el envejecimiento de la población, la infraestructura o la adaptación al cambio climático —todos exigen continuidad, metas compartidas y paciencia democrática.
Quizás sea hora de dedicar menos tiempo a la inmediatez y más a aquello que seguirá importando cuando quienes hoy gobiernan y se oponen hayan dejado de hacerlo.
En diciembre dijimos que el futuro debía pesar más que la próxima elección. La invitación de Bellolio y Vodanovic demuestra que, desde veredas muy distintas, todavía es posible comenzar a construir ese futuro juntos. (El Mercurio Cartas)
Gutenberg Martínez O.
Carlos Mladinic A.
Jorge Burgos V.
